miércoles, 27 de noviembre de 2019

Así era el Penal del Topo Chico



El patio principal

Un perro hurga entre bolsas de basura. Decenas de palomas están paradas los cables de luz y a veces bajan a picotear el concreto y las migajas que algún custodio les avienta. Es la entrada del Centro Penitenciario del Topo Chico, en Monterrey, a menos de 7 kilómetros del centro de la Ciudad. Nuestra camioneta pasó un breve filtro de seguridad y nos estacionamos. Nos invitaron a transmitir Charros vs Gángsters, y según sé, es la primera vez que se hace un programa radiofónico desde un penal.

Al bajar de la camioneta me doy cuenta que hay muchos elementos de seguridad y armas largas. Uno de los perritos me sigue. Un gato café juega con una cucaracha muerta y sale huyendo cuando paso junto a él.

***

Este penal está cerrado desde octubre de este año. No del todo, hay que decir: todavía hay algunos internos que tienen que cumplir su orden judicial y vienen con su abogado. De lejos, alcancé a ver a algunos. Según me cuentan, el cierre del Penal fue un plan secreto de El Bronco, para reubicar a los internos que ya habían tomado control del lugar. Este era un pueblo sin ley, autogobernado, en poder de los cárteles de la droga. ¿Cómo lograron sacarlos a todos? La persona que me cuenta esto dice que al cierre del lugar había cerca de 6000 reos.

Al Bronco se le ocurrió distraer la atención de la gente para que se pudieran hacer los preparativos. Se lanzó a la presidencia de la República. Nosotros caímos redonditos: mientras el año pasado todos nos burlábamos de la mano mochada, en secreto se trabajaba en el cierre del Penal. Cabrón.

Uno de los investigadores del lugar nos recibió en la entrada. Para pasar, hay varias paredes de metal y luego un pequeño recibidor, que es donde fichaban a los reos. El último respiro de libertad. Una mesa larga y vieja en donde les quitaban sus cosas. En esa misma área, del lado izquierdo, se encuentra el lugar de las visitas.

Aquí los fichaban y es donde entregaban sus pertenencias

De ahí, dos rejas más y entras al patio general.

Según supe, este Penal no estaba tan mal. Había una sobrepoblación de reos, pero moderada. Todo aumentó en los años del Calderón, en el que comenzaron a meter más y más personas. Los talleres en donde hacía carpintería y aprendían oficios fueron deshabilitados y utilizados como celdas. Las pequeñas crujías en donde cabían tres internos, fueron ocupadas por cinco o siete. Todos estaban amontonados.

Perder el control de esto fue inevitable. Cuando comenzaron a entrar los grandes capos de la droga al lugar impusieron su propia ley. De hecho, había zonas en las que los custodios ya no podían pasar: se cuenta que algunos de los internos salían por la noche, en total impunidad, a hacer su desmadre y regresaban por la mañana al Penal, que ya servía como centro de operaciones.

La cancha de básquet. Al fondo, las celdas.
El patio central es amplio. Del lado derecho se pueden ver los pequeños cuartitos que servían para las visitas conyugales. A pesar de que ya está limpio, huele a insecticida y a los químicos que se usaron para desinfectar. Muchas pequeñas moscas y mosquitos revolotean y en seguida comencé a sentir picazón en la piel. Nuestra visita fue seguida siempre de cerca por un policía que traía un arma larga.

Al fondo del patio está un teatro en donde se oficiaban algunas misas y se proyectaban películas los jueves. Por dentro, los asientos son de concreto con el respaldo de hule espuma, que está desgarrado. El techo se cae a pedazos. Junto al teatro hay una pequeña farmacia y los servicios médicos.

En sus buenos tiempos, si es que los hubo, los reos se levantaban a las cuatro de la mañana y de ahí se iban a hacer algunas actividades. Los mejores recibían un sueldo de 76 pesos al día, que les servían para comprar cosas en las múltiples tiendas que hay en su interior.

Una de las loncherías.

Hay muchas tiendas: vendían de todo, desde licuados, botanas, postres, gorditas, quesadillas y en uno de los patios vi una Marisquería, que ofrecía cocteles de camarón, pescado a la plancha y platillos para 2 a 4 personas. Antes cada reo recibía su comida, que no era buena, pero era gratis. Luego, tuvieron que pagar por todo.

Me pregunto porqué los pequeños botaneros se llaman "Fayukas".

El paisaje es desolador. El Penal cubre varias hectáreas, aunque una parte está cerrada ahorita porque están buscando cuerpos enterrados. Los trabajos de remodelación están parados, ya que pretendían meter máquinas, pero por la búsqueda de cadáveres se hace con pico y pala. Cuando salieron los últimos reos, la cantidad de basura y cosas que sacaron requirió un ejército de personas: llevan 76 toneladas de basura y las que faltan. En los colchones encontraron escondidas armas, pistolas, cuchillos y objetos punzocortantes de fabricación casera. Saqué unas fotos de eso:

Arma encontrada dentro de un colchón.

Toda clase de cuchillos.

No es nada bonito. No tiene nada que ver con películas ni series de televisión. Todo es feo, con cables salidos de la pared, objetos arrancados a fuerza, basura, plafones destruidos. Un mosco me picó el brazo y me hizo una roncha de un centímetro. Algunos lugares están clausurados con sellos y el letrero de "área contaminada". Uno de ellos es el pabellón de enfermos terminales, una pequeña construcción en donde metían a los reos que tenían VIH o tuberculosis. De ahí no se salía jamás: la comida se les daba por medio de cubos y permanecían en su interior. Esta área, me contaron, tenía gusanos blancos en el piso cuando entraron a desinfectar.

Aquí era donde estaban los enfermos 

El área de enfermos está junto al patio central, que seguramente han visto en las escenas de motines. Antes tenía una pista de atletismo, que ya no se utilizaba. De hecho, me contaron, en la mañana se abrían todos los patios y los internos deambulaban por todos lados, con libertad. En los últimos años había una separación, provocada por los bandos de los cárteles.

Cuando se cerró el lugar el primero de octubre, la gente que entraba aquí salía con dolores de cabeza y sintiéndose mal. Las autoridades decidieron hacer misas, de todas las religiones, para limpiar de malas vibras. Aunque la mayoría de ellos eran católicos también había cristianos, evangelistas, santeros y adoradores, por supuesto, de la Santa Muerte que tenían su pequeña capilla.

Capillita de la Santa Muerte

Yo como no creo en nada, pedí que me dejaran pasar, pero había candado :(

Llama mucho la atención que había pequeños bares en el interior. Junto a la capilla de la Santa Muerte hay uno en especial que te ofrecía clamatos, desarmadores, piña colada, bombas, cubas y campechanas. ¿Cómo hacían para pasar tantas cosas? Bueno, no es tan raro.

Los reos que no tenían dinero se hacinaban en las celdas. Pero los capos tenían áreas especiales con jacuzzi, barberías, cuerpo de seguridad propio, cámaras de vigilancia y en donde nadie podía entrar. Las celdas, que antes se cerraban por fuera y que eran abiertas por los custodios, fueron modificadas para que se cerraran ¡por dentro! Los propios reos se encerraban por las noches. Así estaría de ruda la situación.

El bar

En serio que uno piensa "jamás jamás jamás jamás en la vida quiero caer aquí". JAMÁS. Uno de nuestros acompañantes nos decía que las cosas que se vivían eran espeluznantes. JAMÁS caer en la cárcel.

Después del patio estaba la iglesia católica, la única zona que vi que estaba decente. Toda muy arreglada y limpia. Junto a ella, un pasillo largo en donde en algún tiempo había teléfonos que funcionaban con tarjeta. Hoy, arrancados, solo quedan los huecos sin pintar y los cables sueltos. También había una lonchería llamada "Los insectos", con una pequeña cucarachita como imagen. Esa área está cerrada para su desinfección. Huele a cloro y a insecticida, tan penetrante que tienes que voltear la cabeza.

Uno de los edificios de celdas

Las celdas, propiamente, tienen tres literas de concreto cada una. En las puertas estaban pegados cartones. Son pequeñas, de 2 metros por 3, calculo yo. La foto de arriba es un poco engañosa, ya que son oscuras, la luz entra por las pequeñas ventanas. Como les decía, se cierran por dentro y al final del pasillo están los baños. Baños que son tan sucios, pero tan sucios que de solo entrar ahí te da escalofríos.

El baño

Antes de entrar a las celdas hay un área de videojuegos ¿? y un pequeño desayunador donde podías comprar, por 25 pesos, un agua de papaya o plátano. Si querías un licuado, te costaba 30 pesos. También había hígado encebollado, fajitas de pollo, entomatadas, flautas, "buevitos" y agua de bolsa de a dos por cinco pesos. Pizzas de peperonni y hawaianas, recién hechas.

Otra vista del baño


***
La historia cuenta que una vez entró aquí un panadero que enseñó el oficio a los reos. Como fue una cosa muy apreciada, se hizo un lugar especial para la panadería. Ahorita sigo contando esto.

Deben saber que este Penal antes estaba alejado de la ciudad y luego fue devorado por la urbe. Para llegar a él, tenías que caminar por terracería. Su lejanía hizo que las mujeres y los hombres fueran encerrados en el mismo terreno, pero en áreas separadas. Hay una barda que separaba ambos sexos.

Bueno: la panadería se puso junto a esta barda. Era amplia, con hornos y mezcladoras. Una pinta con el Salmo 91 estaba en el lugar donde se repartía el pan. Por su localización, los capos hicieron ahí un túnel secreto que conectaba con el área de mujeres. Y sí: eran obligadas a prostiuirse, pasándolas de un área a otra, metiéndolas en un tambo y subiéndolas en un diablito al que llamaban "El Uber". Muchas de ellas eran amenazadas y para no molestar a sus familiares en el exterior, eran obligadas a tener sexo. En la siguiente foto está uno de los diablitos :(

Todavía se ven costales de harina.


Doloroso. Triste. No hay otra manera de describir esto.

Junto a la panadería estaba un pequeño patio en donde los reos esperaban a sus visitas. Solo el 30 por ciento de los internos tenían a alguien que los visitara del exterior. Las visitas eran revisadas exhaustivamente en un pequeño cuartito sin más privacidad que un bajo muro de metro y medio de altura. De ahí los pasaban a unas bancas a esperar a que llamaran a su familiar.

Cada visita duraba máximo, 15 minutos. Cuando veían a su familiar, muchos de ellos lo tomaban de la mano los pocos minutos que tenían y luego eran separados.

El área de visitas, del lado de los reos.

Esos barrotes eran el único contacto que muchos tenían con el exterior : /

***
Todo es horrible. En serio. Es horrible. Si entrar en una cárcel es la peor experiencia que le puede pasar a alguien, entrar a una cárcel que era controlada por el crimen es angustiante. En las paredes hay pintas con la virgen de Guadalupe o con el nombre de Jesús. Ayer platicaba con una amiga que no hay nada bonito aquí. El director del Penal me contaba que planea hacerse un parque que sirva como recordatorio de los malos tiempos.

Pero lo peor de lo peor, es que no quedó en el pasado. La misma situación se vive día a día en diversos penales del país. No es algo que haya pasado. Tal vez Topo Chico se vea como una cosa lejana, pero lo cierto es que los reclusorios de nuestro país no son nada diferentes a este lugar.

En serio, uno solo piensa en no caer en un lugar así.

Para despedirme, les dejo más fotos:

El interior del teatro. Las dos mujeres que se ven ahí eran parte del gobierno que nos acompañó.

Uno de los comedores

La Iglesia Católica

¡Trompo de pastor!


Esta área está contaminada, pero como soy bien chismoso, saqué foto.

La Prisión de Folsom



Voy a poner aquí este video en lo que escribo la siguiente entrada, que va a estar buena, les prometo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Turista en la radio


Hace año y medio trabajaba en otra cosa que no tenía nada que ver con la producción de un programa de radio. Es más: hasta me da pena ponerme el sombrero de productor, porque considero que puedo organizar y llevar invitados, pero hay gente que lleva en esto 20 o 30 años. Yo soy un turista nomás.

Pero puedo contar dos o tres cositas que he visto. Así que si usted quiere dedicarse a este trabajo, ponga atención:

El arma secreta de los productores de radio, su espada desenvainada y su mejor carta, es una cosa que se llama escaleta, que no es otra cosa que unas hojas de papel bond impresas, con todo lo que va en el programa del día. Depende, de la habilidad del productor, que la escaleta esté bien o malhecha y que salgan bien las cosas.

Hace un año yo no sabía qué tan importante era la escaleta. Hoy ya sé que es como guardar el Santo Grial.

Cada quien hace su escaleta como se le da la gana o como aprendió. Por ejemplo, Dani, el productor que está antes de Charros, hace una escaleta tan complicada que parece que trae las instrucciones para armar un transbordador espacial. Y a veces falla.

En cambio mi escaleta es tan simple que da risa: trae los nombres de los invitados, sus redes sociales y un pequeño resumen. Y ya, todo lo demás lo vamos haciendo con el Método Vilchi: al vil-chingadazo. Bueno, no tanto, pero es más sencilla porque la estructura del programa es así. Hay que ir llevado el ritmo y no perder los tiempos.

A veces me asomo a la escaleta de Dani y pienso "yo jamás podría hacer una cosa así". Me pregunto cómo organizarán sus cosas otros productores.

**

La segunda arma secreta de los productores de radio son los contactos. Los contactos se atesoran tanto que han causado peleas y divorcios. Digamos que López Dóriga le dice a su productor:

- Hoy quiero hablar con Sheinbaum
- No, pues no tengo el teléfono
- ¿¿¿Cómo de que no???

Arde Troya. La manera más sencilla de guardar los contactos es ir apuntándolos en una libretita, escrita en sánscrito y guardarla en un cajón bajo llave. El trabajo mismo depende de eso. Uno tiene que ir armándose de muchos, muchos, muchos contactos para sacarlos en los momentos de crisis.

Yo guardo los míos en el teléfono, en un sistema que es infalible: antes de cada nombre le pongo una carita que indica si es una persona amable, si es enojón o si hay que tener cuidado. Ejemplo:

:) Ana Torroja
:( Senador Napoleón
:0 Seguridad Pública

Así, sé cómo hablarle a cada persona. Soy bien listo.

***

La tercera y última arma de los productores que voy a contar hoy, es la amabilidad. Siempre hay que poner buena cara con todos, porque un día vas a necesitar de todos, incluidas las agencias de publicidad y de relaciones públicas. Que si quieres que vaya el cantante Fulanito, le mandas unos stickers de Whatsapp a sus representante. Que si quieres boletos para un concierto, le pones ojos de perrito atropellado. Que si quieres que te comuniquen con el Secretario de la Defensa, te deshaces en elogios.

He notado que ser amable es la clave del éxito. Hasta mi hermana me dice:

- Estás usando tono de productor
- ¿Cómo, hermanita??
- Ese, ese tono
- No entiendo cual, explícame hermana
- Yaaaa, ese tono, ese tonooooo

No falla.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Kim Ji-young


No sé cómo recomendar este libro. Ya van tres veces que trato de comenzar este post, sin éxito. A ver, va de nuevo:

Hace unos días mi amiga Gabriela Zas me dijo que se me notaba que yo había crecido con hermanas. Y tiene razón: crecí en un ambiente en donde los ciclos menstruales y el "tu hermana está mala, ve a comprarle un ibuprofeno" era algo común. Cuando yo era niño y mi mamá me mandaba a comprar sus toallas sanitarias, el señor de la farmacia las envolvía en papel periódico, para que no me vieran en la calle con ellas. Como si fuera algo malo y vergonzoso. A veces además del periódico, te las echaban en una bolsa negra. De hecho, para mi mamá era "ve a la farmacia a comprarme unas toa", así, sin terminar la palabra.

Eso me suena como algo de hace treinta años, pero el otro día vi a un chavo en el supermercado que estaba en el pasillo de las toallas y parecía que lo habían metido al quinto infierno de Dante.

Estoy consciente de que muchas de mis actitudes están marcadas por una época en la que la igualdad de hombres y mujeres era completamente diferente a la actual. Los primeros consejos que me daban mis papás cuando comencé a salir con chicas eran de "los hombres pagan la cuenta", "ábreles la puerta", "el hombre camina del lado de la calle". Un montón de pequeños consejos que venían de tiempos remotos. Afortunadamente estuve rodeado de buenos amigos hombres con los que iba platicando lo bueno y lo malo de esto, aunque de manera primitiva. Me acuerdo que uno de ellos, José Manuel, me dijo un día:

- Yo gano más que mi chica, y pago más, pero por una cuestión de matemáticas
- ¿Eh?
- Sí: entre los dos hicimos las cuentas de cuánto ganábamos en conjunto, sacamos el porcentaje y decidimos que lo justo es que yo pague el 38 por ciento más de las cosas, para que ella no se quede sin dinero. Es lo justo.

Eso fue por allá, por 1998. Me pareció la actitud más lógica que había escuchado. Lo que no era justo es que él ganara más, pero esa es otra historia.

**

Mi papá era el proveedor de la casa y mi mamá tenía que quedarse a cuidar a la familia. Una vez, cuando vino una crisis a finales de los 80, mi papá me dijo:

- Ni modo, a chambear

Yo tenía 13 años. Lo más lógico era que yo, por ser el hombre, comenzara a trabajar para aportar dinero a la casa, aunque eso implicara ir y venir todos los días en el metro después de la escuela. En otra crisis, allá por 1994, mi mamá decidió que también tenía que aportar dinero y consiguió un trabajo en donde limpiaba la casa de un arquitecto. Y al contrario de lo que pudiera pensarse, esa decisión cimbró nuestro hogar. ¿Cómo era posible que mi mamá trabajara limpiando una casa? Terrible. Pero la falta de dinero y la inflación de esos años hizo que no hubiera otra alternativa. Mis hermanas y yo hacíamos la comida y el quehacer del día, mientras ella se iba a ganar algo de dinero.

En fin. Ahora contaré el motivo de este post:

El libro "Kim Ji-young. Nacida en 1982" cuenta la historia de una chica en Corea del Sur. Aunque es una novela de ficción, el contexto que narra es real: fueron años en los que las mamás tenían que trabajar en manualidades caseras, los niños comían primero que las niñas o los maestros levantaban la falda a las chicas "para ver si traían el uniforme correcto". Kim Ji era una niña como cualquier otra, que se cuestionaba porqué los hombres podían salir al recreo a jugar futbol mientras que ella tenía que quedarse con sus amigas en un rincón.

Aunque se desarrolla en la década de los 80, suena tan actual que da miedo.

En aquellos años, en Corea, era mejor tener hijos varones porque aportarían más dinero a la casa. Así que si en el ultrasonido se daban cuenta que venía una niña, era preferible abortarla. Eso hizo que el porcentaje de hombres aumentara desproporcionadamente y con ello se acentuaba su privilegio. "Los hombres tienen que comer más porque está en su naturaleza", dice en un párrafo. Las mujeres a veces se conformaban con media ración, si bien les iba.

Lo cual me recuerda taaaanto a México.

Busquen este libro. Es cortito, es barato y está muy bueno. No cuesta más de 150 pesos. Regálenselo a sus chamacos, a sus sobrinos y a los chavos en formación como regalo de navidad. Como contexto diré que hace poco le preguntaron a la cantante de K-Pop Irene, del grupo Red Velvet, qué estaba leyendo y ella dijo que este libro. Horror: sufrió una campaña de bullying en donde se le cuestionó que porqué estaba leyendo esta "basura feminista" si ella es tan bonita.

Pero esa historia acabó bien: muchos se preguntaron si de verdad era un libro tan terrible y las ventas se dispararon en Asia. Es uno de los grandes éxitos editoriales, por recomendaciones de boca en boca. Y créanme que vale mucho la pena.

jueves, 17 de octubre de 2019

Luciano Pereyra


Hace como dos semanas, una amiga de una agencia me mandó un mensaje donde me decía que Luciano Pereyra estaría en la Ciudad de México y que me lo podía mandar a Charros:

- Es muy famoso, tiene más de 20 años de carrera- me dijo
- Lo ubico. Vamos a programarlo -dije yo

Quedamos para ayer miércoles. El lunes por la noche estaba platicando con mi hermana Coral y le dije que iba a tenerlo en cabina. Aventó lo que tenía en las manos:

- ¿LUCIANO? ¿VAS A TENER A LUCIANO PEREYRA?
- Er... sí
- ¡ES EL ÍDOLO DE MI MAMÁ! ¡Y YO LO AMO!
- Er... ¿entonces le llamo a mi mamá o qué?

Tomé el teléfono. Eran las once de la noche y le marqué a mi mamacita chula:

- Oye ma', siento si estabas dormida. Me dijo Coral que voy a tener un cantante que te gusta.
- ¿Quién, hijo?
- Luciano Pereyra.
- ¿LUCIANOOOOOO? ¿VAS A TENER A LUCIANO PEREYRAAAAA?
- Sí.
- ¡ME MUEROOOOOO!

**

Lo que siguió después es que el martes mi mamá me contó por teléfono vida y obra de Luciano: que en Argentina es famosísimo, que cantó con Lucero y que estuvo en el Lunario. Que le cantó al Papa y no sé qué cosas.

- Mamá, pero si te invito a cabina te comportas, no como con los Hombres G
- ¡VOY A CONOCER A LUCIANO!

Temí lo peor. Volví a hablar con Fabiola, la chica de RP:

- Oye Fabiola, es que, es que, es que mi mamá ama a Luciano. Y va a ir a cabina. Y pues es mi mamá.
- Ayyy, ya la quiero conocer
- Bueno, adviértele a Luciano que pues... es mi mamá. La vas a reconocer fácil porque tiene ojos de chinita
- Ja ja ja, no te preocupes

Ayer miércoles me tocó estar al micrófono, lo cual significaba que cuando llegara el cantante no iba a poder recibirlo, pero dejé todo preparado. Mi mamá llegó casi una hora antes y me dijo:

- Aquí me quedo sentadita, oyendo canciones en mi celular
- Ay mamá
- No te apures, yo me comporto

Mi hermana también iba, así que ella me contó lo que pasó.

***

Cuando llegó Luciano con su equipo de prensa, mi mamá saltó de su asiento y se le llenaron los ojos de lágrimas. Gritó "¡LUCIANOOOO!".

Fabiola, muy amablemente le dijo "usted debe ser la mamá de Memo", "Ay síiiii", "Bueno, él es Luciano".

- Mucho gusto, buenas noches
- ¡¡¡AYYYYYYYY!!!
- ¿Cuántos años tiene, señora?
- Ay, casi 70
- ¡Qué energía!

Luego mi jefecita se puso a platicarle de ovnis, de conspiraciones del gobierno, de sus conciertos, de Lucero y de todo lo que sabe de él. Le regaló unos separadores y mi mamá le explicó que los hace mi papá, que no tiene pata. Luciano se comportó amabilisísimo, le preguntó por mi papá y se guardó los regalos en su chamarra. Es una gran persona. Yo los veía desde adentro de la cabina y pensé "¿Qué tanto estará hablando mi mamá?". Cuando llegó el corte, salí por ellos:

- A ver mamá, ya dame a Luciano
- AY NOOOO
- ¡YA MAMÁ!

Luciano se doblaba de risa. Transcurrió la entrevista y todo salió muy bien. Luego de eso se despidieron, se volvieron a abrazar y se fue.

***
Cuando acabó todo, mi mamá me dijo:

- ¡Fue el mejor día de mi vida!
- Ay, no exageres
- Hasta se me subió la presión, lo bueno es que me traje mi pastilla, ya me la tomé
- ¡Mamáaaaaaaaa!

Aquí está la prueba: nomás vean la cara de mi jefa. Lo que no haría por ella ;D


sábado, 5 de octubre de 2019

California Dancing Club



La pista del California Dancing Club abre a las 5 de la tarde. Las parejas llegan. Dependiendo del grupo, puede llenarse hasta atiborrarse: el domingo pueden tocar los Acosta o la Sonora Dinamita. En el lugar caben 4000 personas. Y se llena.

El palacio del baile en México está sobre la avenida Tlalpan, en la Portales. A media calle hay un hotel de paso, una calle y media más allá, varias cervecerías viejas, con cumbias o cantantes viejos y desafinados que tratan de ganarse unas monedas. Pero el California, el mero California, es un lugar donde el tiempo se detuvo.

***


El guardarropa está custodiado por un viejito que te entrega una ficha por tus cosas. En la barra, venden sándwiches de jamón, chicharrones de harina, refrescos y cervezas en lata: solo Modelo especial. Nada de tragos fuertes. Cerveza caliente, según me dicen. La entrada depende del grupo que esté y no estás obligado a consumir nada, si no quieres. 70 pesos en un día normal, 100 o 120 pesos si hay un grupo famoso.

Las parejas que van son variopintas: turistas que se acercan, algunos jóvenes, mucha gente grande. Algunos muy arreglados, otros menos. Gente que sale de trabajar del mercado de la Portales para echarse un dancin'. El escenario es enorme: caben dos orquestas completas. Si una termina, la otra comienza en seguida.

- Los domingos se pone bueno el baile -me dice el de la entrada
- Órale ¿A qué hora empieza? 
- A las 5. A las 10 ya se fue la gente.
- ¡Qué temprano!
- A veces los horarios varían: acabamos tarde, según el evento. Los lunes es de salsa, debería de venir en lunes.

Mi amigo Jorge lo definió muy bien: es uno de los lugares más "neta" de la ciudad. Aquí se viene a bailar. No hay poses, no importa que el de junto vaya con una camisa vieja, no importa que te muevas poco. La gente va a divertirse un rato y ya. No esperas más del California.

***


El California comenzó como un cine: el Gran Cine Bretaña, cuando las avenida todavía era de terracería y pasaba un tranvía enfrente. El lugar es enorme: de las 4000 personas que pueden pasar, 1000 caben sentadas cómodamente en las mesas, que se dividen en varias áreas, algunas más escondidas que otras. Los carteles muestran a un hombre entre árabe y marajá. "Es el Califa", me dice el vigilante. Qué curioso: todos los chilangos conocemos al California como "El Califas" y supongo que de ahí la deformación. No tiene que ver una cosa con otra.

Para las diez de la noche de un sábado el lugar se ve vacío. No hay más de 20 parejas bailando. Lo mejor ya pasó.



La falta de gente le da un aspecto irreal al lugar: parecería decadente, pero no es así. Grandes grupos y bandas se presentan con sus espectáculos de luces. A pesar de la poca afluencia (está a punto de cerrar), los grupos hacen su mejor esfuerzo:

- ¡Ea! ¡Que siga el ambiente! -dice una chica en minifalda que es la vocalista de una banda tropical

Y se arrancan con una y otra canción. Tocan las más conocidas: "La vida es un carnaval", "Delirio", "Mil horas". La orquesta anterior le daba más variedad: pasodobles, danzones, chachachás. Ritmos que hoy nadie baila en las fiestas, pero que aquí son la sensación. Una pareja de la tercera edad baila pegadita. Otra más, dando saltitos. Cada quien tiene su manera de bailar y eso es lo bonito. Te das cuenta que aunque todos escuchamos la misma música, aprendimos de diferente manera: unos en el barrio, otros en las fiestas, otros más tomaron clases. Ahí se nota. Uno no puede evitar moverse.

Hay sillas alrededor para tomar un descanso entre canción y canción sin necesidad de irte a tu mesa. Todo está hecho para el baile: los baños son grandes, espaciosos, en donde te venden cosas para refrescarte o galletas. Grandes letreros te dicen que está penadísimo consumir cualquier droga. Espejos por todos los muros para que te des tu arregladita. Poca venta de alcohol para que sigas bailando. Nadie se fija si tienes dos pies izquierdos, pero las que se mueven bien, causan admiración entre los que estamos.

De verdad es el Palacio del baile en México.

jueves, 3 de octubre de 2019

Ferias de Libro



Ahora que soy un autor desconocido y que me han llevado, afortunadamente debo decir, del tingo al tango a las ferias de libro, puedo contar cómo se ven las cosas desde adentro. Es una cosa muy curiosa, verán.

Por principio de cuentas, llevar autores a las Ferias de Libro no es negocio para nadie, a menos que seas un figurón como Alberto Lati o mi querida Laura García. Sin embargo, los gobiernos estatales y municipales tienen la misión de que la gente lea. Para ello asignan ciertos recursos a la cultura.

- Tenemos que traer autores, para que la gente se acerque a la feria municipal de Acayucatlán -dice algún funcionario
- Búscate algunos
- Digamos Xavier Velasco o JK Rowling
- Pregunta cuánto cobran por venir

Acto seguido, el funcionario se pone en contacto con las editoriales, y al ver que sale en un ojo de la cara, prefiere meter autores de medio pelo y rellenar con desconocidos. Ahí es cuando entra el Memo.

Esto puede sonar a exageración, pero he sabido de Ferias que anuncian a escritores internacionales y a la mera hora los cancelan.

***

Para los autores como yo, las ferias resultan una bendición. Sobre todo porque estamos seguros que cualquiera va a comprar a Leslie Polinesia, porque es famosa, pero mi labor es ir a platicar de qué se trata mi libro, y hacerlo lo más ameno posible para que la gente se acerque al stand de la editorial. En las presentaciones que he hecho me he vestido de astronauta, de ranchero, he llevado cacas de plástico, vasos de refresco viejos y he regalado dulces. Todo por la lectura.

Sin embargo, un amigo que se dedica a eso me contó que cierta escritora pide un camerino para ella sola, tequila, dulces y agua del Himalaya. Nunca me dijo quién es, pero sospecho que debe ser Guadalupe Loaeza o alguien similar. También me dijo que otro autor pide 40 mil pesos por presentación y otro más, que lo lleven en avión de primera clase.

Para el resto (es decir, como yo) lo común es que te manden los boletos de camión a la mera hora, te paguen el hotel y tres comidas. Yo con eso me conformo, total, me sacan a pasear.

***
Lo primero que hace uno al llegar a las ferias es ver el lugar donde te vas a presentar: auditorios grandes, chicos, foros, un templete con dos sillas, un rincón viejo. Luego, viene la pregunta obligada:

- ¿Vendrá gente a mi presentación?

Aquí lo conveniente es tomar dos actitudes: "me vale que no venga gente, de todos modos ya estoy aquí" o "me convierto en merolico y comienzo a jalar público". Y ahí está uno gritando a bocajarro "¡Acérquese, acérquese, ya va a empezar la presentación, acérquese!". He comenzado presentaciones con cinco personas y terminado con auditorios llenos, sobre todo porque Luis Sopelana y yo somos muy babosos, y nos la pasamos risa y risa. Supongo que la gente cree que somos standuperos.

Las ferias de libro tienen a las editoriales más comunes vendiendo libros. También están siempre los stands de la revista Algarabía (cómo trabajan, caray), de cómics, de libros de ángeles, cuarzos y algunos más que tienen libros a 20 pesos en el botadero. Esos siempre tienen gente.

A veces las ferias están organizadas adentro de canchas deportivas, en teatros o en plazas de armas, en donde ponen lonas para que no pegue el sol. La desventaja de esto es que si no están bien puestas se cuela el agua cuando llueve y ahí está uno con el abrigo hasta arriba para que no te agarre el chiflón. Eso me pasó el domingo, que es la foto de arriba.

***
Pero ya me la sé. También ya sé que a veces los presentadores no tienen idea de quién eres y que no les pasaron los datos, así que lo que hago es agarrar el micrófono y presentarme yo solito. También me ha tocado que en la ronda de preguntas y respuestas, la gente dice algo de su vida personal, y me dan ternura. Total, de eso se trata.

Una de las mejores presentaciones que tuve, fue en Tijuana. Presentaba el Libro de la Caca y antes de empezar, la organizadora me dijo:

- Escogimos esta plática para que sea inclusiva. Habrá un intérprete de señas y un grupo de sordos estará en el público.

Yo, menso como siempre, comencé a hablar de cómo sale la caca por el intestino y cómo la gente tiene diferentes maneras de limpiarse la coliflor. El intérprete estaba doblado de la risa y el grupo de no oyentes se revolvían en sus lugares. Al final sacudieron las manos en señal de aplauso. Fue hermoso.