miércoles, 16 de mayo de 2018

La Del Valle


La Colonia del Valle siempre ha tenido fama de ser muy mamona, y ahora que vivo acá me doy cuenta que esa idea no es tan errónea. Lo supe desde el primer día que llevé a Cuco al parque y una señora me dijo, a los 5 segundos de conocerme, lo siguiente:

- Tú no eres de los que tratan a sus perros como hijos ¿verdad?
- Er... no
- ¡Qué bueno! Porque en un rato más llegan al parque unas personas que sí hacen eso, y la verdad me caen medio mal porque bla bla bla

Me alejé lentamente...

Lo que sí, yo que estaba acostumbrado a los precios del Centro y de La Merced, casi me voy de espaldas cuando fui a comprarle patas de pollo a Cuco y me las dieron a más del doble de precio. ¡Qué robo! También las manzanas, las papas, los muslos de pollo, etc. Están carisísisimos. Le dije a Ave:

- Me importa poco: yo sigo yendo a la Merced, compro las cosas y me llevo el mandado al trabajo para aprovechar el día.

La primera vez que hice eso llegué con mi bolsa de mandado a Milenio y los vigilantes estaban muertos de risa. Lo bueno es que somos amigos, si no, me hubiera ofendido.

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Pero no todo es malo, claro. Hay ardillas en los árboles, colibríes y a cinco casas de mi departamento hay una fábrica de galletas que todas las mañanas nos despierta con un delicioso olor a maple. Hay tienditas por todos lados, parques, árboles y en general la gente es amable... entre semana. Los fines de semana esta colonia prácticamente se muere y hay veces que puedes cruzar dos o tres calles sin encontrarte a nadie. Ni un alma.

Ave y yo optamos por poner la sala junto a la ventana, para tomar café en las mañanas y que nos pegue el sol. También tomamos un mezcal cuando llego de trabajar y luego nos dormimos. En alguna casa aledaña hay una cacatúa que todas las noches hace "ak ak ak ak ak ak akakakak".

Pero lo más curioso de la Colonia del Valle son los Multifamiliares que están sobre avenida Coyoacán. La siguiente vez, hablo de eso.


lunes, 14 de mayo de 2018

Joaquín Reyes es Kratos



Ay, cómo extraño Muchachada Nui :'(

Aquí Joaquín Reyes hace un video personificando a Kratos, el protagonista de God of War, para promocionar la Playstation. Es fenomenal :D

jueves, 10 de mayo de 2018

Nos corrieron a patadas



Yo, que hablaba maravillas de vivir en el Centro Histórico hace un año. Yo, que amaba a la gente extraña que se cruzaba conmigo cuando salía a trabajar y que tenía todo al alcance de la mano. Yo, me tengo que retractar. Ni modo.

El viacrucis de vivir en el Centro comenzó hace algunos meses, cuando nos dimos cuenta que nuestro vecino ponía reguetón los fines de semana en un loop infinito. Traté de razonar con él, pero era imposible. Si bien, un vecino molesto es cosa de todos los días, me afectaba mucho más porque nuestras paredes retumbaban al ritmo de "Tú me partiste el corazóoon".

Ave y yo vivíamos con audífonos y tapones para los oídos :(

Luego, una noche tranquila, comenzaron las obras de electricidad en la calle. Máquinas excavadoras durante tres meses, todas las noches. Se fue el agua, nos quedamos sin luz.

"Esto suele pasar", decíamos Ave y yo.

Un día sacamos a Cuco a pasear y frente a nosotros venían corriendo unos rateros, perseguidos por la policía. Aventaron tremendo pistolón frente a nosotros. Luego, el tipo que vivía en la esquina le dio un piquete con un picahielos a su esposa, que vendía tacos. El perro de los vecinos mordió a Cuco. Abrió una casa de empeños abajo de la casa y nos deleitaron con música de Ricky Martin a todo volumen desde las 8 de la mañana.

Un buen día, Ave y yo decidimos que le estábamos jugando mucho al vergas, viviendo allí.

Resultó que un amigo estaba rentando su depa. Mucho más caro de lo que nos costaba vivir en el Centro, pero en la Colonia del Valle. Muy fresa, pero muy tranquila. Muy cara, pero silenciosa. Voy a tener que trabajar más, pero Cuco ya levanta su colita y no se esconde debajo del escritorio porque le da miedo salir.

Qué feo que te corran a patadas, casi literalmente hablando.

jueves, 26 de abril de 2018

Joy Laville


El pasado 14 de abril murió Joy Laville, en el Estado de Morelos. Extraordinaria pintora, ganadora de varios premios incluido el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2012. Laville adoptó a México como su segunda patria. En 1965 conoció a Jorge Ibargüengoitia, con quien se casó en 1973 (fue el segundo matrimonio de ambos). Ibargüengoitia escribió varias veces sobre su esposa, en diferentes artículos, detallando el carácter afable y amoroso de Laville.

Me dediqué a recopilar estos pedacitos para asomarnos a su vida :) Aquí van.

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Joy Laville

Después del golpe contra Excelsior en 1969 y a pesar de tener solo cuatro años de conocer a Jorge Ibargüengoitia, decidió llevárselo de viaje por el mundo.

Era amable, sabía improvisar la cena con lo que encontrara en la cocina aunque nunca fue una gran cocinera, ya que Jorge se encargaba de eso. En cambio, era el tipo de persona que ponía champaña en el refrigerador para disfrutar la tarde. No tuvo una gran vida social, pero le gustaba recibir visitas los domingos.

Cuando llegaron a Londres, en septiembre, vieron un departamento que estaba en un segundo piso, que tenía dos recámaras pequeñas y una estancia agradable, iluminada por un ventanal que daba a un jardín ajeno. Aunque hubiera sido un magnífico estudio para ella, decidió no tomarlo porque los pisos estaban cubiertos de una alfombra color verde perico.

Joy prefirió instalarse en un semisótano, en el que vivieron cuatro meses. Ella colocó un caballete en la sala en donde entraba luz natural de once a dos –a las tres había que encender la luz o entrar a tientas. Para pintar, la escritora encontró un papel barato, muy bueno, propio para acuarela. Con una tabla y el caballete improvisó un restirador y empezó a hacer guaches. Pintaba un rato, cuando oscurecía se ponía el abrigo y los guantes, y se iba al centro de Londres a ver aparadores.
Entre los cuadros que hizo en esa época aparecen dos temas recurrentes: el pasillo que había en el departamento y "la mujer con capa", que es un desnudo de pie inspirado en el retrato de una cirquera, que Joy encontró en el libro de fotografías de Diane Arbus.



Al cabo de cuatro meses, Joy guardó los guaches en una caja de madera y los dejó encargados en el desván de unos amigos. Después de eso, viajó con Jorge de la Ceca a la Meca. En Almería, España, alquilaron un departamento donde ella tenía su propio cuarto para pintar.

Sufrió en su oficio. Tuvo que mandar hacer un caballete y los bastidores con un carpintero viejo, compró cinco metros de manta de algodón que había en la provincia –las demás telas eran sintéticas– y después de mucho buscar encontró gesso acrílico en una perfumería. Ahí pintó una serie de cuadros. Era muy notable uno que representaba a cuatro turistas –desnudos y azulados– en el Valle de los Reyes.

Desafortunadamente cuando llegó el momento de empacarlos, la pintora hizo rollo las telas y las metió en una reja de madera que se deshizo antes de llegar a Londres.

Cuando regresaron a México, Laville pospuso lo más posible el momento de abrir la caja de los guaches y desenrollar las pinturas. Un día se dio el ánimo y abrió, junto con Jorge, la caja de madera.
El resultado fue sorpresivo: los colores oscuros, confusos, que había pintado en la luz invernal del semisótano londinense, eran vivos, definidos y alegres. Lo que había hecho en Londres había sido un experimento exitoso. Con los cuadros que pintó en España pasó algo semejante: lo que parecía aspereza a secas en la tela, le dio profundidad al color, que los pintores muchas veces buscan y rara vez obtienen.

En enero de 1978 pensó, junto con su esposo, que la Ciudad de México se ponía cada vez más fea y decidieron irse a provincia. En busca de un futuro acomodo, comenzaron por el lugar más cercano: Cuernavaca. Ella fue la encargada de ver casas mientras Jorge caminaba por los callejones de la ciudad de la eterna primavera. Gustaba de tomar cerveza en el balcón al atardecer.

Pasaron varios años y se fueron ir a vivir una temporada a París. Fue ahí cuando Ibargüengoitia recibió una invitación para ir a Bogotá. Al principio, ella iba a acompañarlo, pero no lo hizo. Pensaron que no valía la pena gastar tanto en el pasaje para estar unos diez días, porque después tenían planeado pasar algunos meses en Colombia. Fue cuando ocurrió el fatal accidente.

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Joy Laville se quedó un tiempo a vivir en Europa, asimilando la muerte del escritor. Dejó de pintar un tiempo. Después regresó a México y pasó sus últimos días en su casa de Jiutepec, en el Estado de Morelos, rodeada de árboles y acompañada de su perra Mila.

Como ella misma diría de su fallecido esposo: llevaba un sol adentro. :)

viernes, 13 de abril de 2018

Billy Idol meets México



Me encontré esta bella adaptación de "Eyes without a face", con acordeón. Más allá de una ocurrencia, me entero que el que la hizo (Alan Espinoza) es un chico de Tijuana que toca música clásica y que viene de una familia de músicos que tocan en la calle. De ahí viene la combinación.

En los relacionados viene "Vivaldi conoce Sinaloa" y otros más. A ver si la siguiente vez que vaya a Tijuana voy a buscarlo :)

domingo, 8 de abril de 2018

¡Acabé!



El 7 de enero contaba por aquí que me habían encargado un libro. Bueno pues ¡LO ACABÉ! :D

¡Viva, viva!

No solo lo acabé, sino que mandé un adelanto a la editorial y me dijeron que estaban encantados. Tuve que agregarle unas páginas más y ahorita mismo estoy en la etapa de revisiones. No sé cuando será el mejor momento de anunciar de qué se trata (supongo que cuando quede lista la última versión), pero me siento muy orgulloso porque nunca había terminado un proyecto tan complicado y de manera constante.

Lo que sí puedo contar es que:
1) Es un libro de datos curiosos e interesantes. Una recopilación de muchas cosas.
2) Como no me gustan los libros aburridos, le metí muchísimo humor, así que espero que la gente se ría en cada página.
3) Y como puedo escribir y diseñar al mismo tiempo, armé el libro de pé a pá. Es decir que todas las ilustraciones, diseño, detallitos y todo lo que van a leer, lo armé acá en la casa. Mi amigo Jay Sánchez me ayudó con muchos elementos en 3D y le dio un subidón.

Bueno, espero que se vaya a imprenta antes de un mes. Yo avisaré :D

- M.

El Gran Museo del Mundo Maya



A unos pasos del Centro de Convenciones de Mérida está El Gran Museo del Mundo Maya, un edificio moderno, muy bonito, pero que solo tiene un piso de exhibición ¿¿?? Uno piensa que va a encontrar algo enorme, pero la verdad es adentro hay un piso de oficinas, otro de exposiciones temporales y el otro es un estacionamiento.

Aún así, la sala de exposiciones es impresionante.

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Creo que para el mexicano promedio (y lo digo con sumo pesar y con un poco de vergüenza) la "idea" de la península de Yucatán comienza con los mayas, luego se salta a las haciendas henequeras y vuelve a saltar a la ciudad moderna. Eso se debe, obviamente, a que la educación del país es muy mala y centrista. Sabemos mucho de la vieja civilización maya, pero poco de la guerra de castas de Yucatán. Y es una historia interesantísima.

Uno de los grandes aciertos de este museo, es que la historia se cuenta al revés. Comienza con los mayas en la actualidad y termina en los tiempos precolombinos. Así uno se entera en seguida de cómo está el panorama actual y de los conflictos sociales.

Por ejemplo, yo sabía que hubo muchos intentos para someter a la gente de la península: lo que no sabía es que muchas veces escapaban a una zona conocida como "La Montaña" que está al sur y al oriente. Estamos hablando de que esto ocurría hasta hace 100 años. Esta zona está en la frontera de Guatemala. ¿Sabían esto? Bueno, pues yo no. Ni siquiera sabía que la Montaña es tradicionalmente un refugio para los rebeldes. Miren, les dejo un artículo académico que habla de eso, siguiendo este link.

Como les digo, el museo es muy interesante. Tiene unos audiovisuales que son bellísimos y que usan el recurso de ir encendiendo las piezas que están a tu alrededor para darle un efecto dramático.



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Me encantó Mérida. Quisiera regresar una y otra vez. Quisiera vivir aquí.


Tres recomendaciones más:

- El restaurante Havanero's, es glorioso. Tienen muy buena comida y puedes pedir una salsa molcajeteada al momento que es deliciosa.
- La cantina La Negrita. Es un lugar muy bonito para refrescarse. Hay cervezas locales, nacionales y agua de sabor. Te atienden con muy buen ánimo aunque en las noches está llenísimo. Es mejor pasar por ahí a media tarde para comer algo ligero.
- El restaurante La Chaya Maya. La mejor comida de Mérida, a precios accesibles. Mi recomendación es pedir un plato para dos personas y alguna entradita, porque las porciones son enormes. Hay dos sucursales de La Chaya Maya, y en ambos sirven la misma comida, pero vale la pena buscar el que tiene jardín. Está más bonito.


Y aquí acaba este viaje. Ahora, en el siguiente post les contaré algo diferente :)