martes, 27 de junio de 2017

Mamá, yo quiero saber, ¿de dónde vienen las pacas?


A cuatro grandes cuadras del metro San Antonio Abad, y con rumbo al Zócalo capitalino, hay un edificio en la esquina de Cerrrada San Antonio (la dirección está picando este link). Para más señas hay una gasolinera enfrente: el edificio es viejo, graffiteado, sucio y feo. Su entrada asusta a los no iniciados.

Bueno, pues dentro de ese edificio de siete pisos se acomodaron las pacas de ropa que antes estaban saliendo del metro Pino Suárez. Fui allí el domingo pasado.

Así es la entrada.

lunes, 26 de junio de 2017

¡A marchar, madre!



Rosalba Arenas es una señora que ya no paga su entrada en el Metro porque hace varios años que pasó los sesenta. Es ama de casa, católica, pero al mismo tiempo está convencida de que los extraterrestres viven entre nosotros. Es muy dicharachera y, según quien esto escribe, es la mejor persona que ha pisado este planeta. Porque debo decir, queridos lectores, que dicha mujer es mi madrecita chula, de quien tanto les he hablado. Y me acompañó, por vez primera, a cubrir la Marcha del Orgullo de la Ciudad de México en calidad de espectadora de honor.

Hago esta aclaración porque mi madre es una mujer entrona, pero que tiene poco contacto con las manifestaciones culturales de la comunidad LGBTTTI de nuestra ciudad. La semana previa le propuse ir a caminar un poco a Reforma para que me diera su punto de vista de los manifestantes (Jairo y yo decidimos darle un giro al texto de la Marcha y pensamos que era una buena idea). Se emocionó.

- ¿Tengo que ir vestida de alguna manera especial? -preguntó- ¿Llevo plumas?
- No, madre, puedes llevar lo que quieras -dije.

**

La vi llegar vestida con una playera roja a rayas y con un gorrito de tela azul. Salimos del metro Insurgentes con dirección al Ángel de la Independencia empujándonos entre vendedores de banderas y parafernalia gay. Desde ese momento iba abriendo los ojos como platos y, cuando pasamos por la calle de Hamburgo, junto a nosotros pasó una pareja muy bien ataviada (es decir, medias de red y tacones de plataforma). Me jaló del brazo para decirme:

—Esos de allá van muy bien vestidos y maquillados, hasta se arreglan mejor que uno. Yo pensé que eran mujeres, pero luego les vi las manos y vi que son hombres. ¡Ji ji ji ji! Aquí todo se vale ¿no?

Le dije que eso era lo normal en este día. Recorrimos la calle de Amberes, en donde los negocios de cervezas y tiendas eróticas abrieron desde temprano. Mi cabecita de algodón observaba todo con admiración. “Antes no se veía esto”, dijo.

El asombro fue mayúsculo cuando llegamos a la avenida. Miles y miles de personas estaban apeñuscadas, esperando a que los contingentes avanzaran. Un joven de no más de 25 años estaba con sus amigos repartiendo abrazos, con un atuendo que apenas le tapaba sus partes pudendas. Mi progenitora corrió a donde estaba y al grito de “¡tómame una foto con él!”, abrazó al muchacho que se dejó apapachar. “¡Es un efebo, como cupido! ¡quién diría que es muy amable!” dijo entre risas.

Mi madre con el "efebo"

Respiré tranquilo. Esto iba a ser más sencillo de lo que pensaba. Pero como las madres nunca dejarán de ser madres, me iba regañando a cada momento. “Mira, tómate una foto con ellas”, señalando a un grupo de chicas trans que hacían activismo. “Ándale, que no te de pena”, dijo.

—Oye mamá, es que yo vengo a tomar fotos para el periódico.

– ¡Tómate foto con ellas! –me dijo con ese amoroso tono regañón de madre y yo temí que se quitara el zapato para soltarme un tremendo chanclazo en la tatema.

Nos acomodamos debajo de una sombra y tomamos agua. El calor comenzaba a hacer estragos. Escribí algunas notas en mi libreta y cuando voltée ya no estaba a mi lado. Temí que entre el mar de gente se me hubiera perdido (ya me veía llamando al 911) cuando de pronto regresó con dos coronas de flores y un collar de popotillo. “Ándale, para que se lo pongas a tu sombrero”. “¡Pero mamá!”. “¡Ándaleeee!” y me lanzó La Mirada©, que es la manera en la que, con los puros ojos, me obliga a hacer cosas.

Trepada en una banquita, mi madre veía admirada a los contingentes que pasaban frente a ella: “¡No manches, están requete bien!”, “¡qué bien maquilladas, son como artistas!”, “¡ese disfraz está muy bueno!”. No tuve corazón para decirle que ese no era disfraz, sino que así se vestían. “La alegría se contagia, el siguiente año me dan ganas de venir con una pelucota azul”, me dijo. No quise imaginarme eso.

Con Ave
Cuando pasaba alguna chica con los senos al aire, me decía “¡Viene en cueros! ¡en cueros!”. Dio su veredicto:

—Se arreglan bonito, la verdad es que se esmeran. Los de allá traen unos vestidos preciosos.
—¿Verdad que sí?
—Sí. Se arreglan mejor que uno. Yo creo que se esmeran para que la gente no solo los vea, sino para que los admiren.

En ese momento la vi y supe que, si bien lo suyo nunca iba a ser la lucha combativa por los derechos de la comunidad LGBTTI, mi madre reconocía que los tiempos han cambiado. En las horas que pasé con ella, recordó cómo antes la homosexualidad era vista como algo extraño y que la gente “se sacaba de onda”. También recordó cómo sus hijos (es decir, mis dos hermanas y yo) teníamos amigos gay. “Cuando vi que ustedes convivían con ellos, pensé que estaban más cerca de lo que yo pensaba”.

Oye mamá, pues ni que fueran marcianos”, le dije. Volteó al cielo. “A ver si no se nos aparecen los ovnis, o están invisibles viéndonos”. Nos reímos y avanzamos rumbo a la Palma. Un chico con traje de tehuana le llamó la atención y también otro que traía un traje de sirena. Pero me pidió que le sacara foto con una pareja de hombres bigotones, muy bien vestidos, que venían de Michoacán.

—Ánda, tómame una foto para que se ponga celoso tu papá.
—Está bieeeeen, mamáaaa.

La pareja de hombres se rió. Antes de despedirnos, mi mamá me señaló a una pareja de chicos que traían a un bebé en brazos. “Mira, esos hasta traen a su bebé que está bien bonito. Se ve que les da orgullo venir aquí y eso está bien”. Los vio con simpatía.

Debo decir que después de tantos años de venir a cubrir este parade en la Ciudad de México me gustó más esta versión de mi mamá de porqué es una marcha del orgullo. Creo que de eso se trata. Le di un besote en el cachete.

Con los bigotones :P

XXXIX Marcha del Orgullo CdMx



En un rato más subo una crónica de la Marcha, pero desde el punto de vista de mi mamá ;D Mientras, les dejo unas fotos.

Esta semana tengo muchas cosas que postear, ¡ojalá me de tiempo!


viernes, 23 de junio de 2017

El misterio de Trials Evolution



Este post es una traducción y resumen de varios posts de Kotaku. Es una historia interesantísima, lo prometo, aún para los que no son gamers. Les va a volar la cabeza.

Trials Evolution es un juego de motocross casi perfecto. Tiene una calificación de 91.58 en GameRankings y fue lanzado en 2012. Aquí hay que decir algo: la primera versión de este juego, el Trials original, tenía en sí mismo un acertijo que tardó mucho tiempo en contestarse. Pistas sin sentido por todo el juego, señales raras, etc. El resumen de aquel primer rompecabezas puede verse en un video (piquen aquí si quieren verlo) y tiene que ver con la curiosidad y la capacidad para descubrir cosas.

A lo largo de Trials Evolution tienes que pasar muchos obstáculos y avanzar niveles. Como en la primera versión, se dejaron algunas frases por ahí al azar que, cuando las juntaron, dieron este texto:


En diferentes foros interneteros se comenzaron a organizar. No le encontraban la lógica. No fue sino hasta un año después, en 2013, que un jugador de nombre MordocLoch, pudo descifrar este código sin sentido. Su razonamiento fue muy complejo y lo pueden encontrar siguiendo este link. Encontró que la imagen de arriba significa:
"IN-GAME MUSIC TO 0 FROM THE GAME OPTIONS NATURE CALLS WITH SCORPION. START AND PASS THE FIRST CHECKPOINT. LEAP FROM THE ROCK AND STOP ON THE NEXT ROCK. PUSH THE RIGHT STICK- UP, DOWN, UP, DOWN, UP, DOWN, LEFT, RIGHT"

O sea, unas instrucciones para hacer cierta acción que pueden ver en el video de acá abajo. Con este código desbloquearon una canción oculta:



Eso apenas fue el comienzo de la historia...

lunes, 19 de junio de 2017

La Merced


Llega un momento de la madurez de todos los hombres, en la plenitud de la independencia, cuando te haces una pregunta que va a definir el resto de tu vida. Esa pregunta es:

- ¿No me estarán dando muy caros los aguacates en el tianguis?

La respuesta a esa pregunta es crucial. Si a uno le da igual, seguirás comprando aguacates a 100 pesos el kilo, dilapidando tu quincena. La otra opción es comprarlos en el supermercado, donde siempre están verdes. La tercera opción, y la peor, es que dejes de comer aguacate.

Pero la mejor opción es siempre cuestionar científicamente el precio de los aguacates y los jitomates. Y entonces alzarás los hombros y dirás "bueno, a ver qué tan baratos están en La Merced".

***

En la Ciudad de México hay dos equipos: los que compran en la Central de Abastos y los que compran en La Merced. De hecho, antes de que existiera la Central, todos los camiones que venían del campo llegaban directamente a la Meche. Ahora no, ahora se reparten. Yo siempre fui del Team Central de Abasto, porque según yo es más rápido entrar y salir de ahí.

Sin embargo La Merced tiene algo que no tiene la Central: los marchantes. En la Central todo es muy frío, no puedes ni platicar, ahí tienes a toda la gente empujándote. La Merced, por ser un barrio tradicional, tiene esa calidez de mercado mexicano:

- Póngame medio de papa
- Uhhhh ¿no quiere el kilo? Está a quince
- No, medio nomás
- Mire, llévese el kilo y le doy una receta –dice la marchanta– agarra unas cebollas con jugo de limón, les pone ajo y bla bla bla

Y te convence de llevarte un kilo.

Uno va por La Merced, comiendo todo lo que se te atraviese. Que un vasito de sandía de a 12 pesos, pos me lo echo. Que una semita con aguacate de a 11 pesos, pos nos la echamos. Que un tepache de a 10 varitos, pos venga. Empanadas a 5 pesos, caguamas a 25. Y luego, mientras estás comiendo, te das cuenta que junto a ti venden una playera 100% algodón a 20 pesos. Ni modo de no aprovechar. También esa cinta canela que te hacía falta, el comal, nopales, pimientos, hoja santa, hongos para hacerte un taco en la semana y harina.

Y tú, que nada más ibas por aguacates, sales del mercado cargando tremendo bolsón y te regresas en el metro empujando cristianos. Veo mi reflejo en un aparador y veo con horror que me volví ese señor con sombrero de paja y que lleva su mandado en el lomo. ¿Cuándo pasó esto? XD

Y ahora ¡fotos!