viernes, 19 de mayo de 2017

Tijuana, en serio

Voy volando rumbo a Tijuana. Ciudad en la que estuve el año pasado, pero de carterita así que no me supo la visita.

Por supuesto, mi celular está en modo avión, así que este post no se publicará hasta que aterrice. Me voy a tomar unos días en esta ciudad, perderme en sus calles y tomar en sus cantinas. Otra parte de mi plan incluye rentar un auto y manejar junto al mar hasta que me canse.

Este es el primer descanso que me tomo en el año después de lo que pasó con mi papá (que por cierto, va mucho mejor). Ya me dieron algunos tips para ir a lugares medio sórdidos, que son los que me encantan. Veamos qué tal :P Voy armado con una cámara, billetes viejos en mi cartera y ganas de perderme. Ya les contaré.

M.

martes, 16 de mayo de 2017

Javier Valdez

A Javier Valdez lo conocí en una entrevista que le hicimos en Charros vs Gángsters. Buen tipo, inteligente y de muy buen humor. Siempre estaba consciente de los riesgos de su oficio periodístico.

Lo mataron. Lo mataron a balazos.

El gremio de periodistas se unió hoy frente a Gobernación para exigir condiciones seguras para el periodismo. Pocas veces he visto una reunión tan grande de periodistas de todos los ámbitos y todos los medios: desde espectáculos hasta política, desde soft news hasta negocios. Todos estaban ahí. Vi muchas caras conocidas y muchos amigos que no veía en años.

Y fue muy triste. Se comparte la indignación y también la desesperanza de ver cómo el país se resquebraja mientras los gobernantes solo piensan en cómo hacer tranzas y enriquecerse. Sí duele.

Les dejo fotos. #JusticiaParaJavier







Conque 2017: ¡la reunión nerd!



Escribí un texto bastante serio sobre la Conque 2017 en Milenio. Lo pueden leer siguiendo este link. Pero hay muchas más cosas qué decir.

1
Llegué a la Conque por una coincidencia afortunada: me dieron acceso de prensa, no tuve que trabajar en sábado, me dio aventón el monero Rictus y no tuve que entregar texto ese fin de semana. Esta condición de factores (que se dieron por sorpresa y de última hora) hizo que expresara el mexicanísimo "¡chinguesumadre, pos me lanzo!" y al final, me fui a Querétaro.

Me quedé de ver allá con mis amigos Jay y Marijú. Iba en la carretera cuando Jay me mandó un mensaje:

- La ciudad colapsó por la Conque. Esta expo es enorme.

Y pensé que estaba exagerando. Lo cierto es que la ciudad sí colapsó: imaginen a 20 mil personas tratando de moverse en una misma dirección. Ahora imaginen a esas 20 mil personas en un mismo lugar, tratando de ir al baño, de comer, de comprar, de descansar y de ver a Stan Lee o a Tom Holland. Una locura, pues.

2
Hubo varias cosas muy raras en la Conque. Raras y malas. Como este es mi blog y puedo poner lo que sea, ahí va:

a) Estaba yo tomando fotos en la plaza principal cuando oigo que a mi espalda René Franco tomó el micrófono y dijo muy emocionado:

- ¡Querétaroooo! ¡QUERÉTARO! ¡LOS NIÑOS... Y LOS MINUSVÁLIDOS... SON NUESTROOOS!

Er... ¿what?

- ¡ELLOS SON PRIMERO!

Er... ¿WUT?

- ¡SON DE NOSOTROOOS!

Ya mejor me fui.

b) Quise comprar un agua. Costaba 30 pesotes. 30 pesos por un agua se me hace una salvajada, así que decidí subir al salón de prensa en el tercer piso, donde el agua es gratis. Pero había tanta gente tratando de subir, que la gente de protección civil paró el acceso a las escaleras eléctricas. Pasé 15 minutos entre empujones, sin poder salir y sin tomar agua.

Al final me dejé ir por el maremoto de gente que me llevó al tercer piso. Agarré un agua y me eché un sueñito.

c) Estaba yo esperando ver a Stan Lee. Una cosa especial de prensa, dijeron. Tomé mi lugar, muy discreto y decente cuando salió de nuevo René Franco y dijo:

- Señores de prensa... ¡YO FUI PRENSA! No, esperen ¡YO SOY PRENSA! Esto no es por Querétaro, ni por nosotros ¡ESTO ES POR MÉXICO!

O____o Ya nomás me voltée.

d) Quise comer algo (después de tanto trabajar da hambre). Había 10 carros de Food Trucks para 20 mil personas (hagan cuentas). Como no como carne, me decidí comer un arroz con verduras. Después de 20 minutos me entregaron medio paquete de arroz... con carne. Cuando le reclamé al tipo me dijo:

- Si quieres te regreso tu dinero
- No, lo que yo quiero es comer
- Pero es que todo el arroz tiene carne
- ¿No pueden hacerlo solo con verduras?
- No. ¿Por qué no te comes la carne? ¿Eres raro o qué?

Lo vi con cara de "¿En serio me estás diciendo eso?". Entendí que estaba abrumado por la cantidad de gente y mejor acepté el dinero de vuelta.

¡Filas y filas!

3
Todos los problemas que me encontré en la Conque son problemas de logística y organización. Es decir, que si se ponen las pilas el siguiente año tendrían que desaparecer (o mejorar por lo menos). Y para ser honestos, son problemas que no tiene la otra gran convención del país: La Mole Comic Con. A través de los años, La Mole ha sabido cómo mejorar su logística y trato al público, hasta hacerla un evento muy profesional y al que da gusto ir.

La Mole, debo decir, es mejor en organización. Ni pedo. Así es. Pero esta fue la primera Conque que se realiza después de muchos, así que debe de mejorar.

Pero lo cierto es que en la Conque uno se siente como en casa, caminando de acá para allá y saludando a los amigos. Eso debe ser porque Luis Gantús, que cada vez se parece más al villano reventón, conoce a todos muy bien y por primera vez en la vida lo ví sonreir de a deveras. La Conque de este año fue la convención que Gantús siempre quiso realizar, desde 1994 cuando nos metió a todos los ñoños al Poliforum de la CdMx.

Luis conoce tan bien a todos que hasta se trajo a Stan Lee. Stan Lee fue el invitado especial allá en la década de los 90 cuando todavía no era una figura tan reconocida (y me refiero a ser TAN reconocido por la gente común, gracias a las películas de Marvel). Por cierto: Stan Lee es viejito, viejito, chiquito, chiquito y parece que se va a romper. Y es muy amable.

4
La Conque tiene mucho corazón. Fue un gran acierto de Gantús poner un gran escenario donde todo el tiempo estuvieran dibujando tres moneros y cuya obra se donaría a una fundación de niños con cáncer. Era notorio cómo los niños y adolescentes veían admirados cómo dibujaban los profesionales.

¡Larga vida a la Conque!





miércoles, 10 de mayo de 2017

Conque 2017: Cosplay



El fin de semana estuve en la Conque 2017, en Querétaro, una convención que paralizó la ciudad: no había hospedaje, el transporte fue insuficiente, se colapsó la zona del Centro de Exposiciones, etc

Pero para los que logramos entrar, fue asombrosa. Con un montón de cosas malas y un montón de cosas buenas, claro. Lo más importante, creo yo, es que regresó el espíritu de la Conque original, la de 1994. Ya platicaremos de eso, mientras les dejo aquí arriba el video de cómo estuvo :)

sábado, 29 de abril de 2017

¡Únanse a la fiesta! (la venganza de los chavorrucos noventeros)


Vista de lejos, la música pop de los 90 en México fue variada y original: con exponentes como Fey, que le cantaba al Popocatépetl o artistas versátiles como Alex Syntek que lo mismo tocaba botellines llenos de agua que bailaba música disco. Pero en detalle, muchos de los cantantes de aquella época tuvieron apenas uno o dos éxitos, siempre con la misma fórmula, que se siguen tocando en las bodas y fiestas de fin de año. Los mexicanos, que somos unos nostálgicos sin remedio, vemos esa época como el epítome de la música divertida e inocente: cuando en las fiestas se podían hacer coreografías que no tenían erotismo ni malicia, con una dona de cabello en la muñeca o una camisa amarrada en la cintura.

La triste realidad es que la industria musical en México ha cambiado y hoy, en pleno siglo XXI, no hay quien le cante a los chavorrucos. En los ochenta, los treintones y cuarentones del ayer podían tomarse una cubita o un jaibol escuchando "Preso" de José José ¿Pero ahora? No creo que un Godínez llegue a su casa un viernes por la noche, aviente los zapatos, se ponga un pants y diga "ahora sí, a oír a Maluma". No señor. Uno escarba en el Spotify de los recuerdos preguntándose porqué no hay un grupo que cante canciones tan pegadoras como "Déjame entrar" o "Amor de papel".

¿Qué solución ofrecen los empresarios? Simple: traer de regreso a esos grupos noventeros, con las mismas canciones de ayer y ponerlos a ensayar los pasos olvidados. Darles una chaineadita, meterlos al gym, dejarlos guapetones y subirlos al escenario. Eso es "Únete a la fiesta" que junta a los grupos Kabah, Sentidos Opuestos, Moenia, Mercurio y Magneto que, con motivo del día del niño, dieron un concierto gratuito en el Zócalo capitalino el viernes pasado.



Los asistentes eran variopintos, pero fácilmente identificables: un porcentaje bajo de chamacos que saltaban como chapulines; grupos de amigos veinteañeros que iban al desmadre nostálgico; parejas sexualmente diversas: hombre con mujer, hombre con hombre, mujer con mujer y quimera con quimera –que iban extravagantemente vestidos, con gorros de formas extrañas y overoles brillantes. Pero el mayor porcentaje de asistentes en la plancha del Zócalo lo componían mujeres y hombres oficinistas que al grito de "hoy es viernes y el cuerpo lo sabe" fueron en bola, vestidos con traje sastre y falda pegadita, a ver a los grupos que fueron sus ídolos en la adolescencia.

Porque de eso se tratan estos reencuentros: recordar la época juvenil en la que la vida era más fácil y se disfrutaba con una paleta Vampiro de grosella. Los cantantes lo saben y cuando comienza el concierto asestan el golpe de añoranza en el cerebro de los asistentes: un popurrí de sus grandes éxitos, en el que todos los participantes suben al escenario a bailar y cantar juntos, arrancando gritos eufóricos de la otrora muchachada. “¡Suena tremendo! ¡Qué guapo se ve Alan! ¡Qué bien se puso Alessandra! ¡Ya quiero que bailen!

La ventaja de este formato grupal es que no dan tregua ni pausa entre canción y canción: primero le toca el turno a Sentidos Opuestos, que hace que los asistentes suelten lagrimones. Apenas acaban su canción, los de Moenia suben al escenario. Unos enamorados enfrente de mí se abrazan y frotan sus cuerpos mientras que, con la cara a medio centímetro del otro, cantan "es que ya no aguanto, te extraño". Kabah es el dueño absoluto de los bailes y de las lentejuelas locas (como dijera el ahora clásico) y saltan al escenario con alas de plumas negras, como de Maléfica.



Pero hay que admitir que quien se lleva la ovación más estruendosa son Magneto y Mercurio: apenas suben al escenario y las mujeres pierden el control, a pesar de que son hombres que ya pisan el medio siglo de edad. Un par de mujeres argentinas gritan "¡Es Magneto! ¿Podés creerlo? ¡Magneto!". Bailan y hacen pasos de robot, sin importar el paso del tiempo, ni que sus integrantes se estén quedando calvarios: cuando cantan "En la puerta del colegio" y las damitas se derriten como gelatina en la banqueta. Los cantantes hacen los trucos clásicos para involucrar a la gente "¡No los escucho! ¡Que suenen las palmas! ¡Canten conmigo!" y la gente responde con alegría.

Todos agradecen al público, a la Ciudad de México, a su mánager y a Diosito. Luego, dan una sorpresa: las canciones las cantan en conjunto, mezclándose. Si una canción es de Magneto, llaman a un integrante de Mercurio. Si es un éxito de Moenia, suben a Alessandra Rosaldo. Es como ver un crossover impensable. Mujeres con leggins apretadísimos cantan y se abrazan, los papás bailan con sus niños, las veinteañeras se sacan selfies. Los oficinistas ven con morbo las piernotas de las cantantes de Kabah y cuchichean; las oficinistas suspiran cuando los cantantes se quitan el saco y dan grititos agudos. La pura vida.

Hasta el personal de Protección Civil baila cuando suena "Vuela, vuela". Hay mucha seguridad, pero laxa, sobre todo porque el concierto es de gente "de bien". Dos respetables señoras frente a mí sacan conchas y hojaldras compradas en la Panadería La Ideal, y las comen a mitad de concierto. Las chocan en el aire como si se tratara de cerveza oscura. Si en otros conciertos se rolan los churros cannábicos, acá rolaron los churros del Moro, rellenos de cajeta.



En la recta final del concierto los cantantes se cambian de ropa: Kabah deja las lentejuelas y se enfundan en tremendos overoles amarillos. Los de Magneto se ponen guapos, con saco de terciopelo. Los de Moenia (bueno, el cantante, no sé si haya más integrantes) se pone un elegante traje blanco, como de Terry Grandchester. Alessandra aparece con medias negras y falda voladora. Los de Mercurio hacen lo suyo, con trajes de chavorruco. Antes de que el ánimo decaiga, le piden a la gente que saque sus celulares para que la plancha del Zócalo se vea como "un manto estelar". Los cantantes mismos ¡sacan sus celulares! y graban a la gente. Unos y otros se ven a través de la pantalla del teléfono. Cuando ya nadie sabe qué hacer, sueltan el clásico "¡palmas arriba!" y cierran el concierto entre luces multicolores y pirotecnia. Un final apoteósico que deja a la gente con ganas de más. “¡El mejor concierto de mi vida! ¡Estuvo padrísimo! ¡Son los mejores!

Me acerco con unas chicas treintonas a preguntarles qué les pareció el concierto y solo sueltan aullidos que rompen tímpanos. Lo mismo sucede con un grupo de millennials que hacen una bolita para cantar "¡Únete a la fiesta, únete a la fiesta!". Pero la mejor opinión me la llevo de un matrimonio que trae a su bebé en brazos:

- Estuvo padre, esa época fue la mejor.
- Nosotros bailamos en nuestra boda una canción de Moenia.
- Así se llama nuestra hija.
- ¿Cómo? -les pregunto
- Moenia. Moenia García.

Los veo alejarse por 20 de noviembre levantando a su bebé como si fuera volantín mientras le cantan "Vuela, vuela" de Magneto. Me pregunto si un día le contarán sobre esta noche.