miércoles, 5 de febrero de 2020

Historias de taxis y Ubers


Don Héctor trabaja conmigo por las tardes y en la mañana maneja su auto en Didi. Me enseña su teléfono:

- Mira, ahorita sería buena hora para trabajar, la tarifa dinámica está buena

En su smartphone aparece un mapa de la Ciudad de México dividido en pequeños hexágonos color naranja. Entre más oscuro es el hexágono, mayor es la tarifa, generalmente en zonas como Polanco, la Condesa o Reforma. "En la mañana no estaba tan buena", me dice "pero hay bono".

Los bonos, según me han contado varios conductores, son pequeños retos que pone la plataforma para incentivar a los conductores a trabajar más. "Completa 25 viajes y obtén un bono de 600 pesos además de lo que ganes", aparece en los mensajes. Eso significa trabajar diez o 14 horas diarias, para llegar a la meta.

Pocas veces me he encontrado un conductor que haya conseguido el bono. Si lo dividen por horas, tienen que hacer muchos viajes pequeños, que les lleven poco tiempo, pero en ciudades como la mía, eso es casi imposible por el tráfico. Aún así, se empeñan por lograrlo.

***
La primera vez que supe de Uber fue con una noticia que vino de España. Hace 6 o 7 años el gobierno de Madrid intentó parar la creciente plataforma y los primeros conductores protestaban diciendo que ellos tenían todo el derecho de compartir su auto y cobrar por ello. "Qué raro", me acuerdo que pensé "todos tendrían el derecho de compartir su auto con quien quieran". Luego llegó a México y fue un éxito inmediato.

La razón, creo yo, es que hace menos de diez años los taxistas eran muy mal vistos. Con sus taxímetros alterados, unidades viejas y poca seguridad, era un volado subirte a uno de ellos. A mí me asaltaron alguna vez en un taxi que tomé afuera de una plaza comercial: dos tipos se subieron y me llevaron a un cajero para darles lo que traía en la tarjeta.

Hace poco platiqué con un conductor de Uber que iba muy bien vestido. Le dije que era muy raro encontrar a un conductor así:

- Es que en un principio nos obligaban a vestir de camisita ¿se acuerda? Y pues me acostumbré
- Tiene razón, hasta trae agua
- Lo del agua en un principio era obligatorio. Luego fue "una sugerencia". Y como los mexicanos tomamos la sugerencia como algo que no se debe de hacer, pues ya nadie trae.

La primera vez que me di cuenta que el servicio estaba cambiando, fue cuando me subí con un chico de no más de 20 años.

- Si quieres vete por Chapultepec -le dije- están arreglando la otra calle
- ¿Me dice cual es Chapultepec?
- ¿No conoces la ciudad?
- No, yo soy de Chimalhuacán. El dueño de este carro tiene muchos ubers y nos trae a varios chavos a trabajar. Pero con el Waze, está sencillo.

Dos cosas que te dan la ilusión de seguridad: el Waze, con el que confiamos ciegamente para llegar a tu destino y "las estrellitas" que te dicen qué tan confiable es el conductor. Aunque pocas veces he encontrado conductores que tengan menos de 4.5 estrellas.

***

Mi papá trabajó un taxi en una temporada. Era un vochito amarillo y luego color verde. Fue en una época en la que no tenía trabajo y un amigo se lo dió "a cuenta". Tenía que sacar 120 pesos diarios (me acuerdo) y lo demás era ganancia para mi papá. Pero el vehículo estaba en tan mal estado que se la pasaba en el mecánico.

Una vez cuando yo era muy chico, me llevó de copiloto. Ni me acuerdo cuántos años tenía yo. La gente le hacía la parada y él les avisaba:

- Pero traigo a mi hijo de copiloto
- Ah sí, no importa

Y yo me hacía a un lado para que los pasajeros se subieran.

Hace poco me subí con don Rubén, un señor muy agradable, de unos 70 años, que traía un taxi de cuatro puertas. Lo tomé en la colonia Doctores y le pedí que me llevara a la Anzures:

- Oiga, yo a usted lo conozco, ya me había subido con usted - le dije
- ¿Ah sí? Yo no me acuerdo, perdón
- Me acuerdo por su estampita de Juan Pablo
- Los jóvenes ya no se suben a los taxis -me dijo- ya solo llevo señoras que vienen del mandado o algún despistado que lleva mucha prisa.
- Es por los Ubers
- Sí. Pero nada se compara con conocer la ciudad. Yo ya no entrego cuenta, el taxi es mío, me paro cuando me canso y me echo una pestañita abajo de un árbol. O me voy con mi señora a almorzar.

Hay una pelea encarnizada por el transporte en la Ciudad de México. Microbuses, metro, metrobús, taxis, ubers, didis, bicicletas, patines del diablo, combis, camionetas pool. Nunca antes en la historia de la ciudad había tantas opciones de transporte. Y aún así resultan insuficientes. Un arquitecto me dijo la semana pasada que la Ciudad ya no se está expandiendo, sino que está creciendo hacia arriba: cada vez hay más complejos de oficinas, lo cual se nota por todos lados.

Pero también hay más opciones de entretenimiento, así que en las noches las avenidas se convierten en una pelea por llevar a la gente a divertirse. Un conductor de Cabify me dijo que él solo trabaja en las noches porque hay más pasaje, pero que corre más riesgo:

- ¿Riesgo de qué?
- Como que todos van más rápido cada vez. Deberías de ver en la Condesa o en la Roma: van hechos la chingada, para dejar rápido a uno y volver por el otro. Está cabrón.
- Ahhh, es que casi no salgo en las noches
-  Muchos vienen de Ecatepec y aquellas zonas que está peligroso. Una vez me tocó llevar a unos hasta el Ajusco, me metieron en callecitas súper cerradas y casi me asaltan.

***
El domingo por la mañana me subí con un chico que venía muy sonriente. Me dijo que era su segundo día y que le gustaba mucho manejar su Uber:

- El carro es de mi hermano. Yo trabajaba manejando una combi por el rumbo de Tláhuac. Ida y vuelta por la misma ruta. ¡Me aventé siete años así!
- ¿Qué? ¿Pues cuántos años tienes?
- 25
- ¿Comenzaste trabajando una combi a los 18?
- Sí. Es que ya no me gustó estudiar. Lo mío es el dinero. Y ahora, con este carro, mira, yo creo que en un tiempo me puedo hacer de mi nave, y luego hasta hacer mi casita.

Le puse cinco estrellitas, solo para no desilusionarlo.

martes, 28 de enero de 2020

Cindy la Regia y la crisis de historias


Ricardo Cucamonga es mi amigo desde hace mucho tiempo y cuando me enteré que se estaba haciendo una película de Cindy la Regia no pude más que alegrarme. Luego, me fui enterando del proceso: Ricardo le dejó la responsabilidad de la historia a los productores hace muchos años, lo cual está bien, porque uno no puede hacer todo, ni que fuéramos todólogos. Escogieron a Cassandra Sánchez Navarro como protagonista, que quedó perfecta. El resultado apenas lo vi el domingo: una película bien realizada y que tiene el gran mérito de que los personajes de soporte están muy bien definidos. Me hubiera gustado que dos escenas por ahí duraran un poquito menos, pero en general me gustó mucho.

Gracias a mi trabajo en el radio pude conocer a Cassandra y luego Cucamonga fue a entrevista. Le solté un comentario que ha venido dándome vueltas y vueltas en mi cabeza desde hace rato:

- ¿Cindy es la última película basada en un cómic mexicano que habrá en mucho rato?
- Híjole, no sé
- Eso lo he pensado. Pero no tiene que ver con el cómic ¿o sí? Sino con la industria.


La duda nos quedó en la cabeza. Sobre todo a mí. Por supuesto que no quiero ver una película de Kaliman (ya chole con Kaliman), pero estaría padre ver en pantalla algunas cosas que se han hecho los últimos años. No voy a decir cuales, porque sería echar cebollazos.

**
El año pasado en Estados Unidos se estrenaron más de 500 series. QUINIENTAS. 512, creo. Eso sin contar segundas temporadas, telenovelas, ni nada, solo series originales. He leído artículos donde algunos analistas de la industria dicen que es una burbuja que todavía no explota y que da para mucho rato.

Con tantas series y películas, y con la industria del entretenimiento creciendo y creciendo, es obvio que se necesita un ejército de guionistas, actores y de historias que puedan ser llevadas a la pantalla chica y grande. Me enteré de refilón que en la pasada FIL de Guadalajara hubo algunos productores que se dieron vueltas por el pasillo de comiqueros buscando historias. "Cazando", sería el término adecuado. Lo estuve platicando con mi amigo Daniel:

- Es que hay una crisis de historias
- ¿Será?
- Pues sí. Es decir: a cualquiera se le puede ocurrir un chispazo de argumento. Una idea que digas "esto puede dar para mucho". Pero un universo consistente, una idea bien trabajada, no cualquiera.
- Eso sí
- Hasta los derechos de autor tendrían que cambiar. No solo registras tu obra como producto sino como, no sé "el universo de Fulanito de Tal que se trata de bla bla bla", por si te la quieren comprar.


Y no solo en la industria del cómic. En la literatura pasa lo mismo: a veces platico con algunos productores que me dicen que andan tras esa pepita de oro que les dé la oportunidad de "ir a Netflix  a presentar la idea".

Pienso, por ejemplo, en el libro "El Diablo me obligó" de Francisco Haghenbeck. A partir de ahí se dio la serie de "Diablero", cuya segunda temporada se estrena este viernes. ¿Fue un chispazo, fue mercadotecnia, fue que algún productor dijo "de aquí me agarro"? No sé, pero hasta cómic hubo y me da gusto. En el caso contrario pienso en "Diablo Guardián" o en "La Reina del Sur" que tienen segunda temporada y que no tienen nada que ver con el libro que los inspiró (eso qué, buuu buuuu).

Diablero 2


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El año pasado tuve de invitados a los de la película "Perfectos Desconocidos", de la cual no sabía nada. Luego me enteré que la misma película tiene su versión en Italia, España y no sé dónde más. Una película como franquicia. Lo mismo pasa con "No manches Frida". Y entonces, obviamente, los creativos mexicanos dicen "no sabemos porqué pasa esto, si acá hay buenas historias, deberían de agarrar lo de acá".

Ni siquiera voy a defender el punto. Para mí, la calidad de un producto no se mide en ser multiplataforma. Es decir, si yo veo un trabajo bien hecho en cómic o libro, no tendría necesariamente que saltar a un servicio de streaming en forma de serie. Pero muchas veces, cuando entrevistamos a un escritor en el programa, le preguntamos de broma:

- Pues nos esperamos a la serie en Netflix ¿no? je je je
- Házmela buena, pagan bien je je je
- Pues ojalá que sí, je je je


Y entre bromas pensamos "ayyy, ojalá que sí, ese dinerito me vendría bien". Pues sí. Changos, qué feo.

Ojalá me compren mi idea je je je

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Bueno, toda esta retahíla es por lo siguiente: tengo la fortuna de conocer a muchos autores y al mismo tiempo de platicar con mucha gente de cine o series. Y entonces dicen unos "es que no encontramos historias" y otros "es que no sé hacer cómo salir de mi mercado". Y otros "es que no quiero venderme a la industria" y otros "es que tengo una súper idea".

Pues no lo sé. No tengo una respuesta. Lo único que sé es que todos se quejan de la crisis de historias, porque el mercado está ávido de productos. Pero no sé cómo se vaya a solucionar o si la burbuja explotará.

Acabaré contando esto: hace muchos años, cuando comenzaba el boom de las series en México, conocí un guionista que trabajaba solo en su departamento, en la Narvarte. Buen tipo, ni fresa ni nada. Creo que hacía una serie para TV Azteca. Se quejaba de todo:

- Es que me piden capítulo tras capítulo
- Oye, pero ya vi la serie, es bien irreal, así no habla la gente
- Pero es que no se me ocurre otra cosa. ¿Como que así no habla la gente?
- Pues no, no mames, eso qué
- Pues es que ni salgo, me la paso aquí trabajando, me traen como esclavo


Pues por eso hay tantas películas o series que no se parecen a la vida real, si se los traen a puro latigazo. Ya me voy a ofrecer como "asesor de la realidad" para que los personajes coman tacos de canasta en la calle y sufran pisotones en el Metro.

martes, 14 de enero de 2020

Crónica de unos recuerdos (casi) perdidos


Tengo una Mac de 2009. Es como la de la foto. El 31 de diciembre de 2019 (es decir, 10 años después de que salió de la fábrica) comenzó a hacer ruidos raros y luego ya no arrancó: el mensaje es que el sistema no encontraba el disco duro. La llevé al técnico:

- Tu disco duro murió
- ¿Quéeee? ¿Por qué?
- Oye, es de 2009, en algún momento tendría que fallar. Es la obsolescencia programada.  - me contestó, como si la edad fuera un pretexto para mandar todo al demonio

La verdad es que trabajaba muy bien con mi Mac. Fue como mi compañera de vida en los últimos años: estaba conmigo cuando me cambié de departamento, cuando hice mis libros, cuando edité mis primeros archivos de audio para el radio. Más que una máquina, era como el centro de mi casa. Y no exagero: así la sentía.

La siguiente pregunta del técnico fue inevitable:

- Hay que comprarle un nuevo disco. Cuesta unos 3000 pesos. Lo malo es que el viejo ya no va a servir ¿Tiene respaldados todos sus archivos?

Tragué saliva. Lo cierto es que de unos años para acá, casi todo lo trabajo en la nube. Mis documentos, mis papeles importantes. El día a día del trabajo está en algún servidor. Tengo un disco duro donde guardo algunas fotos, pero lo cierto es que no toda mi información está respaldada. Ni modo: si pierdo eso es por menso. Debí hacerlo sistemáticamente.

Pero tampoco es tan grave. No me interesa ningún documento antiguo. Tenía fotos que fui tomando a lo largo de los años, pero si se pierden, se volverán a tomar y ya. Lo que me puso a pensar los últimos días es que si de verdad hay cosas que son tan importantes como para tenerlas respaldadas en varios lugares. Y lo único que querría rescatar es algunas fotos con mi familia. Y me sorprende: hace años hubiera muerto de la desesperación por no recuperar archivos. Creo que la edad te hace más desprendido y menos angustioso.

Y pensé otra cosa: mucha de mi vida digital está en este blog. Puedo regresar cuando quiera a revisarla. Una preocupación menos :'P

viernes, 10 de enero de 2020

Mon Laferte: una chica normal


Me sorprende mucho la reacción de la gente ante Mon Laferte.

Ya venía trabajando una entrevista con ella desde el año pasado. Por cuestiones de fecha no habíamos podido concretarla, pero este viernes estuvo en cabina. Por supuesto, la gente del radio estaba loca: me preguntaban que a qué hora llegaba, que si de verdad iba a ir, que si iba a ser por teléfono o qué. Yo les dije que no, que sí iba. No me creían.

Cuando lo anunciamos en las redes del programa, la mayoría de los mensajes eran de odio. Pero de odio grueso. Yo, debo decir, conozco algunas canciones (lo mío es la cumbia) pero por otro lado entiendo que mi trabajo no depende de mis gustos, sino de nuestros invitados. Y Mon Laferte fue una gran invitada.

Supongo que en parte es por su lucha feminista, que yo respeto muchísimo. Su postura política también es sólida. Y créanme (créanme, se los digo) que han pasado por la estación cantantes y actores mexicanos que están subidos en un ladrillo de ego. No en Charros, pero hubo uno por ahí (cof cof, Diego cof cof Boneta) que hasta le hizo el feo a mi mamacita >:(

Mon Laferte fue amable: habló de sus exnovios, de sus exsuegras, de lo que ha pasado para convertirse en una buena cantante. Y qué cantante: dos pedacitos que nos cantó a capella, y se notó que tiene una voz privilegiada. Recibimos muchísimos llamadas y comentarios buenos por teléfono. Media estación estaba en la cabina para verla, hasta los de Exa se asomaron. Al final acabamos entre risas y abrazos.

Llegó como cualquier otro invitado. Me saludó de abrazo y beso, aplaudía, antes de entrar a cabina se retocó un poco el maquillaje que sacó de su bolsita, apagó el cel, se tomó fotos con los chicos de ingeniería, pidió un poco de agua. Sin exigir nada, todo de buena manera. Una chica normal.

Y sí: es obvio que ni así me voy a poner a escuchar sus canciones. No me gusta su género. Pero no importa: de ser la chica que agarraba su guitarrita para cantar en el parque (la llegué a ver en el Parque España, cuando comenzaba) a ser la que llena el Palacio de los Deportes, ha pasado mucho tiempo. Y pasó mucho trabajo, según nos contó. Eso, créanme, está bien bonito.

jueves, 2 de enero de 2020

Viajeros


Siempre me han causado admiración las personas que viajan de un lado a otro, de mochileros, sin tener un plan específico. Solo una vez lo hice (y fresita, yendo de acá para allá de la república). Estos días de fin de año estuve con mi amiga Carolina y con una punk que se llama Marina (que son las de la foto de arriba).

Carolina se fue de acá para allá por toda Sudamérica, en bicicleta. Hoy vive en Brasil, pero me platicó que iba ganando dinero como malabarista. Así llegó hasta Chile y de regreso. Según me contó un día iba pasando por la selva de la Amazonía y decidió quedarse a ayudar a las poblaciones de indígenas. Hoy está en una ONG que promueve el comercio justo para los productos de la región. Wow.

La otra chica, la punketa, se llama Marina. Hizo un documental que se trata de, agárrense, "el punk anarquista de las mujeres en Brasil durante la década de los 90", que suena muy raro pero ya que platicas con ella tiene todo el sentido. Hace ocho meses decidió llevar este documental por toda Latinoamérica, así que empacó su máquina de tatuajes, algo de ropa, su computadora y anda de acá para allá. Me dijo que ya fue a Paraguay, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Perú y esta vez piensa quedarse en México durante un mes, pues tiene diferentes presentaciones que ha conseguido poco a poco.

¿Cómo hacen para viajar así, sin plan establecido? Bueno, supongo que confía en que hay toda una comunidad de amigos que se van ayudando para que se quede en un sillón, en una cama o donde sea. También tienen alguna habilidad (el caso de Marina, son los tatuajes) así que va juntando algo de dinero para comer y continuar su viaje. ¿Ven que en su cinturón tiene varias llaves colgadas? Son las que se ha encontrado alrededor del mundo.

El sábado quisimos entrar en cierto lugar que no voy a mencionar, pero no la dejaban pasar:

- ¿Por qué? -pregunté yo
- Porque tiene objetos de metal, está en el reglamento
- ¡Siempre es lo mismo! -dijo Marina
- Mire -le dije al de la entrada- ¿Le podemos dejar el chaleco en paquetería? Pero le pido que lo cuiden mucho, porque es muy importante para ella
- Está bien

Nos apartamos unos metros, para acomodarnos. Marina sacó tremendo cuchillón de su bolsa:

- ¡QUÉEEE! Marina, claro que no te iban a dejar pasar con eso -le dije yo
- Ya sé
- ¿Siempre cargas con ese cuchillón?
- Memo, si viajas sola por todos lados, necesitas algo con qué defenderte

Y pues sí. Eso también forma parte de andar de mochilero.

martes, 17 de diciembre de 2019

Lo que nos dejó la década de los '10: de Instagram a los filtros de perrito


Tengo que aclarar una cosa antes de comenzar este post:

Estoy plenamente consciente de que esta década no se acaba el 31 de diciembre de 2019, sino el 31 de diciembre de 2020. Es aquella vieja discusión de "el calendario no comenzó en el año 0, sino en el año 1, bla bla". Pero esas son ñoñadas y solo nos interesan a nosotros los ñoños.

***
Bueno. Me puse a pensar qué cosas cambiaron con esta década con respecto a la tecnología. Si bien la primera década de este siglo nos trajo el consumo masivo de smartphones y un fácil acceso a internet (hey, hace menos de veinte años todavía usábamos computadoras lentium), la última década fue, en definitiva, la de las aplicaciones y cuando realmente nos sentimos "ciudadanos globales". Trataré de hacer un recuento, sin orden específico. ¡Ahí va! :D

1) Instagram
Hace diez años, muy pocos usaban esa red social que tenía un logotipo de una camarita Polaroid. De hecho, si lo recuerdan, la estética de los iconos y logotipos de las redes sociales estaba muy ligada a los iPhones. Instagram se lanzó para iOS en octubre de 2010 y para Android en 2012. Con ella, llegaron los influencers y todos nos hicimos fotógrafos.

Debo decir que a mí sí me gustaba este estilo de iconos, aunque se ven súper retro.

2) Memes
Podemos afirmar que los primeros memes se hicieron masivos en 2010-2011. Aunque hay que hacer una aclaración: si bien la palabra existe desde la década de los 70, su uso internetero se refiere a esas imágenes (con o sin texto) cuyo significado es entendido por un gran número de personas que pueden usarlo con fines de diversión. Dios mío, qué técnico me oí. Para acabar pronto:


Creo que todos estamos de acuerdo en que los memes basados en los Rage Cómics fueron los primeros que se hicieron masivos. Nacidos en 2007 en 4Chan, ese hoyo negro de la Internet (ja ja ja), se popularizaron en Reddit para 2011. De ahí a Memelas de Orizaba y tantas páginas que viven de esto: sin duda fue la década de los memes.

3) Harlem Shake
Si bien en 2005 o en 2007 ya había muchos flashmobs en México (ya saben, gente que "espontáneamente" se ponía a bailar en las calles), me parece que la trascendencia del Harlem Shake es poco reconocida. En 2013 se lanzó la primera versión de este fenómeno viral y una semana después ya había 10 mil versiones diferentes de todo el mundo. Todos entendimos, sin que nos explicaran, que:

- Teníamos permiso de ser ridículos
- Podíamos hacer nuestra propia versión de algo nacido del otro lado del mundo
- Si lo hacíamos lo suficientemente bien (o suficientemente diferente) podíamos volvernos virales.

No es exageración ¿Recuerdan cómo los noticieros trataban de comentar el Harlem Shake? Me acuerdo que Carlos Puig, de Milenio dijo una vez "Esta broma de internet". Ni siquiera sabía explicarlo.

¡Con los terroristas!

4) Uber
En 2014, en México, Uber tenía apenas 120 mil usuarios. Hoy nuestra vida sería impensable sin poder llamar un auto por medio de nuestro teléfono: su crecimiento se debe a que cada vez más personas podían tener un smartphone decente y un buen plan de datos. A pesar de todos los problemas que ha tenido en nuestro país (siempre bajo el escrutinio de los taxis y las autoridades), lo cierto es que no llevamos ni seis años con este modelo de negocio. Lo cual me lleva al siguiente punto...

5) Uber Eats
Uber Eats no fue la primera app en México con la que pudiste pedir comida a domicilio. Antes de ella estuvo SinDelantal, que llegó en 2012 o Rappi, que llegó a finales de 2015, De hecho, Uber Eats tiene apenas 4 años de usarse con cientos de chicos llevando y trayendo cosas en sus bicicletas y esas grandes mochilas en la espalda. Quién diría a principios de la década que nuestras calles se iban a llenar de repartidores.


6) Netflix
¡Ah ja-já! Netflix es un caso engañoso ¿Cuándo creen que inició actividades en nuestro país? ¡El 12 de septiembre de 2011! Al principio no pasaba programas en HD, tenía poquita oferta y te cobraba 99 pesos al mes con un mes gratis (bueno, Amazon Prime te cobraba 500 pesos al año). Pero fue la década del video en streaming: adiós a Blockbuster que murió definitivamente en 2016 en nuestro país.



7) Spotify
¿Se acuerdan cómo era el mercado musical antes de Spotify? Bajábamos canciones de internet (generalmente de blogs piratones) o comprábamos canción por canción en iTunes (y eso, si había dinero). Los otros escuchábamos listas en YouTube.

Spotify, que llegó a México en 2013, cambió para siempre el modelo de negocio. Los artistas ahora ganan unos pocos centavos por cada reproducción y tienen que sacar dinero de presentaciones en vivo. Adiós a las copias físicas, adiós a los álbumes completos. Este año Ana Torroja nos contaba cómo ella ha tenido que adaptarse al modelo de "saco un sencillo, luego otro y luego otro", en vez de sacar un álbum completo. Por cierto, antes de que se me olvide: México es el mercado más importante para muchos servicios como Spotify o Rappi (por alguna razón nos encanta consumir a lo bestia).


8) Gangnam Style

Si hay alguna persona fan del K-Pop en los lectores de este blog (y estoy seguro que lo hay) van a tener que perdonarme por decir que Psy fue quien trajo la música coreana de manera masiva a nuestro país, pero es cierto. Entiendo que antes de él hubo mil grupos más, pero no pueden negar que antes de 2012 nadie se iba a imaginar que en las bodas, XV años y hasta en las fiestas de la empresa iban a poner la canción de "Gangnam Style".

De hecho, oh sí, recuerdo aquel día en el que mi amigo Abraham Tonix me dijo "mira, este video, está bien menso ya lleva como 10 mil visitas". Oh tontos de nosotros, quién lo iba a imaginar.



9) YouTubers
¿Podemos decir que esta fue la década de los YouTubers? Veamos:
- Yuya comenzó en 2009, haciendo sus pininos como lady16makeup
- SoyGermán está activo desde 2011
- Aunque Werevertumorro comenzó subiendo videos en 2007, fue hasta 2010 (después de cierta reunión de vloggers) donde agarra fuerza con el W2Mcrew
- Dross comenzó su canal de cosas raras en 2013

Pues sí: solo por mencionar a los más viejitos podemos afirmar que esta fue la década de los YouTubers y que cambiaron para siempre nuestra forma de consumir videos (para bien o para mal, ustedes decidan).

10) Otros cambios.
Solo para cerrar este post de manera temporal (si se me ocurren más cosas trataré de actualizarlo) mencionaré a:

- ¡La década del Whatsapp! Fundada en 2009, fue hasta que Facebook lo adquirió en 2014 que tuvo el soporte que necesitaba
- ¡En esta década llegaron los filtros en las fotos! ¡Cómo olvidarlo!

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Así era el Penal del Topo Chico



El patio principal

Un perro hurga entre bolsas de basura. Decenas de palomas están paradas los cables de luz y a veces bajan a picotear el concreto y las migajas que algún custodio les avienta. Es la entrada del Centro Penitenciario del Topo Chico, en Monterrey, a menos de 7 kilómetros del centro de la Ciudad. Nuestra camioneta pasó un breve filtro de seguridad y nos estacionamos. Nos invitaron a transmitir Charros vs Gángsters, y según sé, es la primera vez que se hace un programa radiofónico desde un penal.

Al bajar de la camioneta me doy cuenta que hay muchos elementos de seguridad y armas largas. Uno de los perritos me sigue. Un gato café juega con una cucaracha muerta y sale huyendo cuando paso junto a él.

***

Este penal está cerrado desde octubre de este año. No del todo, hay que decir: todavía hay algunos internos que tienen que cumplir su orden judicial y vienen con su abogado. De lejos, alcancé a ver a algunos. Según me cuentan, el cierre del Penal fue un plan secreto de El Bronco, para reubicar a los internos que ya habían tomado control del lugar. Este era un pueblo sin ley, autogobernado, en poder de los cárteles de la droga. ¿Cómo lograron sacarlos a todos? La persona que me cuenta esto dice que al cierre del lugar había cerca de 6000 reos.

Al Bronco se le ocurrió distraer la atención de la gente para que se pudieran hacer los preparativos. Se lanzó a la presidencia de la República. Nosotros caímos redonditos: mientras el año pasado todos nos burlábamos de la mano mochada, en secreto se trabajaba en el cierre del Penal. Cabrón.

Uno de los investigadores del lugar nos recibió en la entrada. Para pasar, hay varias paredes de metal y luego un pequeño recibidor, que es donde fichaban a los reos. El último respiro de libertad. Una mesa larga y vieja en donde les quitaban sus cosas. En esa misma área, del lado izquierdo, se encuentra el lugar de las visitas.

Aquí los fichaban y es donde entregaban sus pertenencias

De ahí, dos rejas más y entras al patio general.

Según supe, este Penal no estaba tan mal. Había una sobrepoblación de reos, pero moderada. Todo aumentó en los años del Calderón, en el que comenzaron a meter más y más personas. Los talleres en donde hacía carpintería y aprendían oficios fueron deshabilitados y utilizados como celdas. Las pequeñas crujías en donde cabían tres internos, fueron ocupadas por cinco o siete. Todos estaban amontonados.

Perder el control de esto fue inevitable. Cuando comenzaron a entrar los grandes capos de la droga al lugar impusieron su propia ley. De hecho, había zonas en las que los custodios ya no podían pasar: se cuenta que algunos de los internos salían por la noche, en total impunidad, a hacer su desmadre y regresaban por la mañana al Penal, que ya servía como centro de operaciones.

La cancha de básquet. Al fondo, las celdas.
El patio central es amplio. Del lado derecho se pueden ver los pequeños cuartitos que servían para las visitas conyugales. A pesar de que ya está limpio, huele a insecticida y a los químicos que se usaron para desinfectar. Muchas pequeñas moscas y mosquitos revolotean y en seguida comencé a sentir picazón en la piel. Nuestra visita fue seguida siempre de cerca por un policía que traía un arma larga.

Al fondo del patio está un teatro en donde se oficiaban algunas misas y se proyectaban películas los jueves. Por dentro, los asientos son de concreto con el respaldo de hule espuma, que está desgarrado. El techo se cae a pedazos. Junto al teatro hay una pequeña farmacia y los servicios médicos.

En sus buenos tiempos, si es que los hubo, los reos se levantaban a las cuatro de la mañana y de ahí se iban a hacer algunas actividades. Los mejores recibían un sueldo de 76 pesos al día, que les servían para comprar cosas en las múltiples tiendas que hay en su interior.

Una de las loncherías.

Hay muchas tiendas: vendían de todo, desde licuados, botanas, postres, gorditas, quesadillas y en uno de los patios vi una Marisquería, que ofrecía cocteles de camarón, pescado a la plancha y platillos para 2 a 4 personas. Antes cada reo recibía su comida, que no era buena, pero era gratis. Luego, tuvieron que pagar por todo.

Me pregunto porqué los pequeños botaneros se llaman "Fayukas".

El paisaje es desolador. El Penal cubre varias hectáreas, aunque una parte está cerrada ahorita porque están buscando cuerpos enterrados. Los trabajos de remodelación están parados, ya que pretendían meter máquinas, pero por la búsqueda de cadáveres se hace con pico y pala. Cuando salieron los últimos reos, la cantidad de basura y cosas que sacaron requirió un ejército de personas: llevan 76 toneladas de basura y las que faltan. En los colchones encontraron escondidas armas, pistolas, cuchillos y objetos punzocortantes de fabricación casera. Saqué unas fotos de eso:

Arma encontrada dentro de un colchón.

Toda clase de cuchillos.

No es nada bonito. No tiene nada que ver con películas ni series de televisión. Todo es feo, con cables salidos de la pared, objetos arrancados a fuerza, basura, plafones destruidos. Un mosco me picó el brazo y me hizo una roncha de un centímetro. Algunos lugares están clausurados con sellos y el letrero de "área contaminada". Uno de ellos es el pabellón de enfermos terminales, una pequeña construcción en donde metían a los reos que tenían VIH o tuberculosis. De ahí no se salía jamás: la comida se les daba por medio de cubos y permanecían en su interior. Esta área, me contaron, tenía gusanos blancos en el piso cuando entraron a desinfectar.

Aquí era donde estaban los enfermos 

El área de enfermos está junto al patio central, que seguramente han visto en las escenas de motines. Antes tenía una pista de atletismo, que ya no se utilizaba. De hecho, me contaron, en la mañana se abrían todos los patios y los internos deambulaban por todos lados, con libertad. En los últimos años había una separación, provocada por los bandos de los cárteles.

Cuando se cerró el lugar el primero de octubre, la gente que entraba aquí salía con dolores de cabeza y sintiéndose mal. Las autoridades decidieron hacer misas, de todas las religiones, para limpiar de malas vibras. Aunque la mayoría de ellos eran católicos también había cristianos, evangelistas, santeros y adoradores, por supuesto, de la Santa Muerte que tenían su pequeña capilla.

Capillita de la Santa Muerte

Yo como no creo en nada, pedí que me dejaran pasar, pero había candado :(

Llama mucho la atención que había pequeños bares en el interior. Junto a la capilla de la Santa Muerte hay uno en especial que te ofrecía clamatos, desarmadores, piña colada, bombas, cubas y campechanas. ¿Cómo hacían para pasar tantas cosas? Bueno, no es tan raro.

Los reos que no tenían dinero se hacinaban en las celdas. Pero los capos tenían áreas especiales con jacuzzi, barberías, cuerpo de seguridad propio, cámaras de vigilancia y en donde nadie podía entrar. Las celdas, que antes se cerraban por fuera y que eran abiertas por los custodios, fueron modificadas para que se cerraran ¡por dentro! Los propios reos se encerraban por las noches. Así estaría de ruda la situación.

El bar

En serio que uno piensa "jamás jamás jamás jamás en la vida quiero caer aquí". JAMÁS. Uno de nuestros acompañantes nos decía que las cosas que se vivían eran espeluznantes. JAMÁS caer en la cárcel.

Después del patio estaba la iglesia católica, la única zona que vi que estaba decente. Toda muy arreglada y limpia. Junto a ella, un pasillo largo en donde en algún tiempo había teléfonos que funcionaban con tarjeta. Hoy, arrancados, solo quedan los huecos sin pintar y los cables sueltos. También había una lonchería llamada "Los insectos", con una pequeña cucarachita como imagen. Esa área está cerrada para su desinfección. Huele a cloro y a insecticida, tan penetrante que tienes que voltear la cabeza.

Uno de los edificios de celdas

Las celdas, propiamente, tienen tres literas de concreto cada una. En las puertas estaban pegados cartones. Son pequeñas, de 2 metros por 3, calculo yo. La foto de arriba es un poco engañosa, ya que son oscuras, la luz entra por las pequeñas ventanas. Como les decía, se cierran por dentro y al final del pasillo están los baños. Baños que son tan sucios, pero tan sucios que de solo entrar ahí te da escalofríos.

El baño

Antes de entrar a las celdas hay un área de videojuegos ¿? y un pequeño desayunador donde podías comprar, por 25 pesos, un agua de papaya o plátano. Si querías un licuado, te costaba 30 pesos. También había hígado encebollado, fajitas de pollo, entomatadas, flautas, "buevitos" y agua de bolsa de a dos por cinco pesos. Pizzas de peperonni y hawaianas, recién hechas.

Otra vista del baño


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La historia cuenta que una vez entró aquí un panadero que enseñó el oficio a los reos. Como fue una cosa muy apreciada, se hizo un lugar especial para la panadería. Ahorita sigo contando esto.

Deben saber que este Penal antes estaba alejado de la ciudad y luego fue devorado por la urbe. Para llegar a él, tenías que caminar por terracería. Su lejanía hizo que las mujeres y los hombres fueran encerrados en el mismo terreno, pero en áreas separadas. Hay una barda que separaba ambos sexos.

Bueno: la panadería se puso junto a esta barda. Era amplia, con hornos y mezcladoras. Una pinta con el Salmo 91 estaba en el lugar donde se repartía el pan. Por su localización, los capos hicieron ahí un túnel secreto que conectaba con el área de mujeres. Y sí: eran obligadas a prostiuirse, pasándolas de un área a otra, metiéndolas en un tambo y subiéndolas en un diablito al que llamaban "El Uber". Muchas de ellas eran amenazadas y para no molestar a sus familiares en el exterior, eran obligadas a tener sexo. En la siguiente foto está uno de los diablitos :(

Todavía se ven costales de harina.


Doloroso. Triste. No hay otra manera de describir esto.

Junto a la panadería estaba un pequeño patio en donde los reos esperaban a sus visitas. Solo el 30 por ciento de los internos tenían a alguien que los visitara del exterior. Las visitas eran revisadas exhaustivamente en un pequeño cuartito sin más privacidad que un bajo muro de metro y medio de altura. De ahí los pasaban a unas bancas a esperar a que llamaran a su familiar.

Cada visita duraba máximo, 15 minutos. Cuando veían a su familiar, muchos de ellos lo tomaban de la mano los pocos minutos que tenían y luego eran separados.

El área de visitas, del lado de los reos.

Esos barrotes eran el único contacto que muchos tenían con el exterior : /

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Todo es horrible. En serio. Es horrible. Si entrar en una cárcel es la peor experiencia que le puede pasar a alguien, entrar a una cárcel que era controlada por el crimen es angustiante. En las paredes hay pintas con la virgen de Guadalupe o con el nombre de Jesús. Ayer platicaba con una amiga que no hay nada bonito aquí. El director del Penal me contaba que planea hacerse un parque que sirva como recordatorio de los malos tiempos.

Pero lo peor de lo peor, es que no quedó en el pasado. La misma situación se vive día a día en diversos penales del país. No es algo que haya pasado. Tal vez Topo Chico se vea como una cosa lejana, pero lo cierto es que los reclusorios de nuestro país no son nada diferentes a este lugar.

En serio, uno solo piensa en no caer en un lugar así.

Para despedirme, les dejo más fotos:

El interior del teatro. Las dos mujeres que se ven ahí eran parte del gobierno que nos acompañó.

Uno de los comedores

La Iglesia Católica

¡Trompo de pastor!


Esta área está contaminada, pero como soy bien chismoso, saqué foto.