viernes, 27 de mayo de 2011

Oda a la clase media


El otro día tuve un sueño muy feo. Soñé que estaba en una boda como las que ofrecen los embajadores, yo vestido de traje y corbata y que por alguna razón servían arroz con pollo. Yo agarraba una tortilla, la hacía triangulitos y con eso me empujaba la comida a manera de cucharita. La persona que estaba junto a mí decía:

- Pinche naco
- Jajajajajaja, pinche naquito
-decía otra mujer

...
Esperen. Eso sí pasó. ¡ARGHHHHH!

No soy de clase acomodada, ni alta. Pero mi jefa siempre me enseñó cosas para comportarme en sociedá: la carne no se parte con la cuchara, las servilletas de tela no se acomodan en el cuello como sale en las caricaturas. La gente rica usa varios tenedores y el vino tinto se toma sin hacer cara de estriñido.

Cuando crecí, tuve un poco más de dinero. Me fui colocando en lo que se llama "la clase media-baja". Es decir: no tengo dinero en costales pero puedo darte ciertos gustillos. Entonces comprendí que entré en una zona intermedia:

1) Mis amigos jodidos ya no me querían invitar cervezas calientes en la banqueta
2) Mis cuates de más dinero me hacían el feo porque en vez de pedir "Filete Mignon" pedía un bistecito de aguja

Por puro amor propio, uno quiere sentirse de los dos lados: me paro a comer tacos de huevo en un puesto de la calle y en la noche me voy a echar cubas a un restaurante popof (en donde quiénsabeporqué no les dicen cubas sino "ron con refresco de cola". Es lo mismo, imbéciles). Hay que saber el lenguaje.

Un día me dí cuenta que es una tontería querer adaptarse: uno es como es, ya ni modo, pero no hay que exagerar. Es decir: si en casa de mi amigo nacote nomás hay cervezas caguamas, pos me empino una y no le voy a decir "enfríamela y tráeme un vaso, mesié". Si me invitan a un bar de Polanco, no voy a agarrar el palillo donde me dan la aceituna para escarbarme los dientes. Pero en los dos lados a todos les digo "¿qué pasó, manotes?" sin importar que sea el rector de la Unam o el piojoso de mi primo. Así como les hablo a ustedes, amigotes.

Lo que sí, es mala idea querer enseñar al burro o darle clases de pueblo al ricachón. Otro día estaba en una reunión en una zona gacha de la ciudad y sacaron un poco de yerba de la que te hace reír. Yo dije:

- En mi casa tengo una maquinita para hacer cigarros

Todos se burlaron de mí "Ay pinche mamón". O sea ¿hasta con cosas tan rascuachas como fumar yerbita hay clases? Me doy por vencido : /

8 comentarios:

  1. Es como cuando estaba comiendo pepitas y se me ocurre tratar de llevarlas a la escuela, mi mamá alego: Hija, NOOO, van a decir que somos pobres!
    y yo así de: Pero... ¡somos pobres!
    Ella agregó: Pero muy de pobres.

    ResponderEliminar
  2. ¿Pinche naquito? Dime kien te dijo así para irles a partir la cresta y a ver si se siguen riendo los ñoños esos.

    Me dan risa los ricos, porque a veces tienen taaaantas reglas de etiqueta que ni dejan a uno expresarse tal cual es y nadie se conoce, o mejor dicho, hace como que se conocen. DOy gracias al cielo que mi condición socioeconómica me quita esos grilletes.

    ¡¡Viva por nosotros, Memo!!

    ResponderEliminar
  3. En febrero fui a la presentación de un libro de la Federación Mexicana de Charrería a Palacio Nacional. Después de la presentación, todos fuera de la vieja Fundición de Moneda a echarse un trago.

    Había unas mamasotas extranjeras sirviéndonos cognac Hennessy, y a este pobre servidor se le ocurrió pedirlo con coca-cola. Craso error, estaba rodeado de generales amigos del presidente de FMCH y me voltearon a ver como si hubiera blasfemado contra Calderón.

    Uno de ellos que le dice a la camarera, medio en broma medio en serio: "Linda, no le hagas caso a este pobre naco y sírvele el cognac con arándano..."

    Y con lo bien que me caen los militares...

    ResponderEliminar
  4. HAHAHA..de haber sabido no te llevo a la cantina esa vez.

    ResponderEliminar
  5. Yo también soy de las que disfruto los tacos de guisado y la champaña (cuando hay). ¡Clasemedieros del mundo, uníos!

    ResponderEliminar
  6. Sí, pero aparte que cada quien tiene sus costumbres, nunca termina. De otra forma ¿No sería demasiado aburrido?

    ResponderEliminar
  7. que buena anécdota ahora si me hiciste recordar al difunto huele-moles al final hubieses aplicado su famoso dicho que versa a si...

    "Que Dios me perdone pero que chingue a su madre el que no se coma su cuchara..."

    este hecho fue verídico y sucedió en una fiesta en la cual por no ser invitado no le dieron una cuchara pero aplicando la sabiduría del pueblo sopeo su consome con su tortilla.

    ResponderEliminar
  8. ¡Cierto! en la vida podras darle gusto a nadie, por eso es mejor dejar que el mundo gire y hacer las cosas a tu manera independientemente de lo que piense el resto de la gente.

    ResponderEliminar

Ustedes hacen el blog :)