viernes, 20 de mayo de 2011

Ven a mí, musa



1)
Algunos días a la semana doy asilo a una escritora de novelas que trabaja arduamente en su libro. Mi casa es tranquila y la suya está rodeada por individuos que creen que el sonido decente de la música iguala al de un rotomartillo hidráulico. Así, mientras yo lavo trastes, ella se sienta en el sillón a armar su historia. De reojo la observo y cuando alza la aleta izquierda de su nariz, sé que algo no cuadra en su cerebro. Es divertidísimo verla, como un macaco.

2)
Un editorialista que se sienta a pocos metros de mí, se sienta a las 6 y media de la tarde a escribir su columna: enciende sus bocinas, pone música extraña, se para a ver la tele, mira su iPhone, escribe, se levanta, toma refresco, escribe, estira las piernas y cuando es hora de entregar, se acomoda los anteojos, adopta una posición en la silla que todos conocemos como “echar la panza” y le da a la tecla. Algunas veces me pide que le revise su texto, le arreglo lo que puedo y se va a diseño. Toma su mochila y se va. Curiosísimo.

3)
Tuve que escribir un texto estas semanas y no me salía, no me salía. Escribía en hojitas, en servilletas y no llegaba mi musa inspiradora. Un día dije "ora sí no me paro del sillón hasta que lo acabe". Una botella de vino después, medio paquete de tostadas y varios cigarros lo acabé. Es extraño cómo hace uno para atraer la creatividad ;D

3 comentarios:

  1. Al menos comprendes un poquito el dilema en el que se ve un escritor para ir a cazar la musa inspiradora cuando ésta se nos va. A mí me frikea mucho porque no quiero ser de esas autoras que se tarda en cumplir con sus objetivos, no puedo retener las ideas por largo tiempo en la mente y a fuerzas debo escribirlas inmediatamente o se me olvidan... y a veces aparecen donde menos se lo espera uno. Lo bueno es que de momento practico con fanfics antes de darle a algo más profesional. ¡Hay que aprender a ser disciplinados en esto!

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  2. Es necesario que entiendas que cada escritor tiene su propio estilo para la concentración.

    Yo, por ejemplo, me encierro en una habitación, apago mi amada Mac, pongo un disco con Wagner, Strauss, Haydn, Moncayo y resto de música clásica, y escribo en un libro florete de actas de pastas duras con una pluma fuente. Ahí me llega la inspiración.

    Luego paso a la computadora el texto, le doy una revisión, pongo marchas militares, le doy otra revisión, pongo a Jorge Negrete y le doy la revisión final. Después imprimo, le pongo un sello de ex-libris y archivo el texto en una carpeta de argollas, mientras que el digital lo mando al periódico o a las páginas web...

    ¿Soy todos un caso perdido, a poco no?

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  3. Lo peor es ser un ingeniero con costumbre de escritor:
    1. Voy a hacer las notas de bitácora... no, no ando inspirado.
    2. Tengo que terminar el proyecto... pero no ando inspirado.

    Al final de cuentas, en un lapsus de inspiración hago el proyecto en 1 hr o las notas de bitácora de 3 semanas se reducen a 45 min. (lo bueno que llevo diario de obra).

    Así mismo pasó cuando me tocó armar el libro con alma de revista.

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