miércoles, 18 de enero de 2012

Séquito 2: Guaruras


Si bien los lambiscones son el séquito número uno de los políticos, la realidad es que no pueden viajar sin su equipo de seguridad, altamente especializado para escupir a quien se le ponga enfrente: los guaruras.

Al periódico llegan políticos de todas las tallas. Algunos con más guaruras, otros con menos. Una vez, cierto candidato copetón llegó con tres camionetas oscuras y sus huestes -obviamente- se bajaron primero. Revisaron puertas y recovecos, hicieron valla para que bajara el candidato y en sus walkie talkies decían cosas en clave:

- Ocho cero cuatro, clear
- Catorce uno veinte, clear

Hasta que no estaban seguros de que no había peligro dejaban bajar a su patrón. Yo me lo topé en el elevador. Me gustaba imaginar que uno de los espías infiltrados de otro partido iba a aparecer vestido de gente de limpieza y le daba un golpe en el cocotero con una llave Stilson...

Los guaruras están capacitados para proteger a su dueño. Que se acerca un vendedor de pepitas, empujón hacia atrás y las pepas al suelo. Que la señorita de la recepción les pide registrarse, le hacen mano de puerco y pasan donde se les da la gana. Bueno, no tanto pero casi.

Debe ser horrible viajar para todos lados con el temor de que te van a disparar. O que los limpiaparabrisas te van a atacar, o los borrachitos que piden un peso, o los niños con acordeón, que es lo más común :P

6 comentarios:

  1. ¿Y cuando el patrón va a defecar también estarán al pendiente? Escuchando pujidos y ruidos complementarios. ¿Y a la hora de coger?

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  2. Me imagine al niño del acordeón con una pistola bajo sus sucias manitas.

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  3. El guarura es oomo el guardian de zoologico, al final no sabe en que momento termina defendiendo a quien, si al personaje o a los intereses, ambas bestias exoticas.

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  4. Por acá había un Dip que tenía guardaespaldas. El chavo (porque estaba jovencito) lo tenía que acompañar de su oficina al baño, un trayecto de 20 metros máximo. Lo bueno es que lo esperaba afuera. Pobrecito, con su carita de resignación

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  5. Una amiga de mi madre, trabajaba de cocinera con un político caca-grande, nos contaba que tenia un perro enorme (nunca nos supo decir la raza) que dormía en el mismo dormitorio que él

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