lunes, 16 de abril de 2012

El misterio del mexicano en el Titanic


Como ya sabrán -y porque en todos lados ha salido- hubo un mexicano a bordo del Titanic, hace ya 100 años. Lo llaman el Gentleman Mexicano. Esta semana sacamos su historia en Milenio Semanal, es esta:

Manuel R. Uruchurtu fue un diputado federal, nacido en Hermosillo que estaba de visita en Europa. En uno de esos juegos del destino, cambió boletos con otro diplomático mexicano. Escribió varias cartas a su familia antes de embarcarse: “París, Francia, 26 de marzo de 1912. Me embarco en Cherburgo el 10 de abril próximo en la mañana en el vapor Titanic”, “Madrid, España, 30 de marzo. Salgo el 10 del próximo abril a bordo del Titanic. Espero llegar el veinticuatro o veinticinco del mismo mes” y al final, un cablegrama a Remigio Uruchurtu: “Embárcome”.

El Titanic lo apuntó en la lista de pasajeros de primera clase. Aquí una foto:

Click para verla en grande. Uruchurtu sale en la página del lado derecho

El día de la tragedia, y al ser diplomático mexicano, Uruchurtu tuvo preferencia para abordar el bote salvavidas número 11. Estaba ya muy acomodadito cuando llegó desesperada una inglesa llamada Elizabeth Ramell Nye, pidiendo a grito pelón que la dejaran subir. Le dieron una patada en el trasero, pero el mexicano le dijo que se trepara, que él le cedía el asiento (sabiendo que de lo iba a cargar patas de cabra). Sólo pidió a la inglesa que viajara a México para que le contara a su familia que lo que había pasado.

Elizabeth Ramell Nye, la ganona

Cuando en México se enteraron de la tragedia del barcote, buscaron por todos lados a Manuel, pero nomás no apareció. Sus familiares nunca supieron lo que pasó en el barco hasta 1924, año en el que Elizabeth viajó a Veracruz, para reunirse con la viuda del diputado, Gertrudis. La reunión fue en Xalapa, y un maestro de escuela tuvo que traducir el encuentro porque nadie en el lugar sabía inglés ;D

Hasta hace poco es que se dio a conocer este acto de caballerosidad del mexicano porque su familia lo contaba como si fuera una anécdota de sobremesa. Ahora están pidiendo que se le reconozca como héroe (y símbolo de decencia, agregaría yo). Aquí el acta de defunción, luego, el misterio:



El misterio es este: los registros del Titanic son confusos. El nombre del diputado era Manuel R. Uruchurtu, pero en algunos libros sale como Manuel E. Sin embargo en su acta de nacimiento, encontrada después, aparece como José Manuel Uruchurtu.

Nació en México, pero en el barco se registró como estadunidense. Sus sobrevivientes dicen que no tenía doble nacionalidad ¿por qué no dijo que era mexicano?

Esto, señores, es la dimensión desconocida (turirurituriruri ¡fin!)

5 comentarios:

  1. Orale...pues sí, caballeroso el hombre. Espero que no haya sido, en todo caso, hipócrita como algunos politiquillos actuales que salen en fotos abrazando a sus presas digo votantes.


    Saludos Enfermos.

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  2. Goei, se murió ¿qué puede haber más honesto que eso? jajajaja

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  3. Lo malo fue que al pobre le vieron la cara de pendejo, porque Elizabeth Ramell dijo que en tierra le esperaban su esposo e hijo, y eso fue lo que ablandó a Uruchurtu. Lo peor del asunto fue que ella no estaba casada ni tenía hijos. Creo que por eso la familia de nuestro Gentleman Mexicano infravalora su acción, porque a lo mejor les da penita revelar que al bisabuelo le tomaron el pelo XP


    ¡De todas maneras, un aplauso!

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  4. Esa anécdota me la contaron desde que yo era niño, por lo tanto me intriga que digan que es una anécdota que salió a la luz "hace poco".

    Durante muchos años esperé que por la televisión (en algún documental o algo parecido) la volvieran a contar, pero nunca la volví a escuchar de ningún medio informativo. Llegué incluso a pensar que en mi casa me habían "cuenteado". Hasta ahora los medios me la confirman.

    Por eso ahora me sorprende volverla a escuchar/leer. Pero sigo sin encontrar explicación.

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  5. Creo que eso de las confusiones en los nombres era más o menos usual por aquellos tiempos. Yo tengo fotos familiares de finales del siglo XIX y principios del XX y en las dedicatorias las mismas personas firman de manera diferente a lo largo del tiempo. Además, era usual que la gente tuviera más de dos nombres (mi abuela tenía cuatro nombres)además de los apellidos, así que el caballero bien podía haber sido José Manuel Rodrigo Emilio, por ejemplo. ¡Saludos!

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