viernes, 23 de noviembre de 2012

Manual de supervivencia para comer pollo rostizado


La diferencia entre comprar pollo rostizado en un local de la calle y comprarlo en el súper es tan grande que ha dado lugar a rencillas familiares, divorcios, peleas entre amigos y balazos en el pié. El motivo de esto es que el pollo de local viene partido por las hábiles manos del rosticero, en piezas perfectamente clasificadas que permiten escoger entre una pierna o un pedazo de pechuga; en cambio, el pollo de súper viene completo, y ahí es cuando empiezan las complicaciones que son como se detallan a continuación:

La mamá llega del súper con su pollo y pone un platón en la mesa. Los hijos se amontonan alrededor como en Día de Acción de Gracias mexicano. La mamá suelta el pollazo y al final siempre queda grasa en la bolsa, que el pollo sudó camino a la casa.

El hijo más hábil agarra con la manota una de las piernas y de un certero jalón la separa del cuerpo rostizado. En el camino se lleva el cuerito del muslo, que -según varios estudios- es la parte más sabrosa y jugosa. Otro de los hijos protesta:

- Mamáaaaa, Pepe encueró el pollooooo
- No comas con las manos, marrano -le dice la mamá- deja la pierna ahí

El hijo procede a dejar la pierna con el pellejo extra, llega el papá, le mete la tortilla y se lleva el preciado tesoro cueril.

La mamá saca un cuchillote tipo machete y trata de partirlo por la mitad. No puede ni podrá, porque eso se separa con tijeras de pollero. Cansada, corta los muslos, astillando el hueso que posteriormente quedará encajado en la encía de uno de sus hijos. Las piernas las separa con las manos, al igual que las alas, que quedan como tres pobres huesos con poca carne.

Cuando ya manoseó todo el pollo y sus hijos babean como perros de Pavlov, la mamá corta los muslos junto con el huacal, que se confunde entre tanta carne. Los hijos -que en su vida han comido huacal o rabadilla- no saben que se están comiendo la cola del pollo. La pechuga queda sola al final, seguramente para la hija, que cree que está comiendo carne con menos grasa. Y tiene razón, pero es tan seca que apenas si se la puede pasar con dos vasos de cocacola.

El papá ve toda esta operación desde su trono, es decir, desde la cabecera de la mesa. Cuando ya todos tienen comida en su plato dice:

- Bueno, a mí échenme el pescuezo y esas cosas grises que quedaron al fondo del plato que seguramente nadie se va a comer porque son las vísceras

Todos los hijos gritan al unísono un ¡NOOOOOOOO! y se paran de la mesa.




4 comentarios:

  1. Aunque no coincido en muchas anecdotas contigo Memo, talvez por ser de un lugar alejado del centro, (Tijuana), disfruto tanto leerte! Me imagino cada escena! :)

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  2. La escena de muchos domingos en muchas mesas mexinacas

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  3. Ay papawh! Me recuerda a los tacos de pollo rostizado afuera del metro Chilpancingo.

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  4. Jajaja esas cosas grises que son visceras a mi me encantan!!! lo único que no me gusta de comer pollo es que te quedan bien apestosas las manos eeeewww...

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