viernes, 17 de mayo de 2013

Honor y gloria en las maquinitas (2)


Anécdota off the record:

Yo vivía en el número 7 de una avenida. El número 9 era la puerta de otro edificio y en seguida estaba la farmacia donde estaban las maquinitas. Me acaba de contactar un ex-vecino mío (Hugo) que en la entrada anterior puso este comentario:

El switch de la luz de esa farmacia estaba dentro del edificio donde yo vivía (era vecino de Memo por esos tiempos). Hagan la ecuación... yo era chamaco nada más viendo a quien perjudicaba, ágil corredor en esos días + la posibilidad de echarle a perder el juego a alguien más. Perdóname Memo si alguna vez causé un apagón e hice que perdieras tu ficha

Pues recuerdo esos apagones ¿así que eras tú? GRRRRROARFFFFFF.

Ok, prosigamos:

5) Trabajo en equipo

Recordaba los días en los que jugabas Contra, cuando tenías que hacer equipo con alguien para llegar lo más lejos que pudieras. No siempre estaban tus cuates de la escuela así que tenías que agarrar al primer pelagatos que estuviera disponible. Claro que no nada más era de aceptarlo así nada más. Estabas jugando y decías:

- Ehhh ¿no le quieres entrar?
- Va
- No se vale agandalle ¿eh?
- Va

Echaba su moneda y a darle los dos. El agandalle consistía en que a veces te salía un arma buena (la ametralladora) y a veces una basura (como el láser): los gandallitas no te dejaban agarrar la ametralladora y la tomaban aunque tú te estuvieras muriendo. Esos eran los gachos. Los chidos eran los que te iban cubriendo la espalda. Reconocer con quién jugar y con quién no era parte del honor maquinero ¡Hoooooo!

6) Cooperacha

Muy (muy pocas veces) llegabas al final de un videojuego. Ahí estábamos la bola de babosos viendo cómo algún compita estaba acabándolo. A veces lo mataban ya que estaba a punto de terminar y todos poníamos cara de "Ohhhhhhhh :("o "Ahhhhh, estaba tan cercaaaaa". Pero la decencia de los vagos de las maquinitas y el honor nos hacía decir:

- Órale wey, ahí te va una moneda para que lo acabes
- ¡YEEEEIIII!

Ya que lo terminaba todos nos quedábamos como lelos viendo hasta los créditos finales. Eran otros tiempos.

7) Distinción

Jugar Street Fighter con Ryu o Ken era lo más fácil (te la llevabas a puro hadouken). Jugar con Guile era de maricas, porque te la pasabas agachado todo el tiempo esperando sacar una media-luna o un "aregbuuu". Jugar con los personajes "débiles" ¡no no no, señor! eso era de expertos.

Uno se distinguía: "ese wey juega con Dhalsim, aguas" y yo muy ufano sacaba patadas largas. Luego mi favorito era Zangief (que era el personaje que nadie agarraba) y por lo tanto, nadie sabía cómo enfrentarse a él. Jugar con tu propio personaje hacía que te separaras de los demás. Esa es una lección de vida: sobresalir por algo, no dejarse llevar por lo que los demás agarran. Y en este momento pienso "Memo, eres un nerdazo" ¡ja ja ja!

8) Igualdad

Yo era un niño decente, lo acepto. Mi mamá me daba dinero para ir a jugar (ahora que lo pienso, tal vez quería deshacerse 3 horas de mí cada tarde por alguna razón desconocida). A veces me clavaba el cambio de las tortillas, pero en general ella me daba 5 pesos de los de antes, que me alcanzaban para desaparecerme en los locales maquineros hasta que anocheciera.

Pero ahí encontrabas de todo: desde tipos grandulones hasta vagos, realmente vagos, como salidos de una pandilla del Bronx. Eso no importaba: mientras jugaras bien nadie se metía contigo. Ganabas respeto y no te hacían bullying.

Es por eso que ahora que pienso en esos tiempos los ojos se me hacen agua y digo ¡honor y gloria a las maquinitas! ¡Yeah!

6 comentarios:

  1. Una anecdota de maquinitas:

    Un día yo y un compañero nos pusimos a jugar un Metal Slug (no recuerdo el número) y con una moneda de 50 centavos, cada uno, llegamos a la mision final, lo malo que en esa ya nos gastamos con 10 pesos cada uno, de tanto que nos mataron, para poder terminarlo =( tan bien que ibamos

    Y otra anecdota, cuando estudiaba bachillerato, siempre iba a unas maquinistas saliendo de la escuela, pusieron la maquinita esa en la que según bailas, pump it up, y yo y un cuate nos hicimos fanáticos, un día descubrimos un truco para poner un modo, en el que juegan dos, ocupando los dos todo el tablero, sólo que mientras uno lo hacia de frente otro lo hacia de espaldas, bueno nosotros bien locos pusimos una rola perra, donde al principio ya recorrías todo el tablero, pues comenzando la canción nos dimos tremendo madrazo rodilla con rodilla, que nos caimos al suelo del dolor, perdimos el juego y eso que apenas comenzabamos, y el dolor me duro por mas de una semana =S jejeje

    Saludos
    Joako

    ResponderEliminar
  2. Fiuuuu, me alegra saber que todavía me toco la era de honor y gloria de las maquinitas, aunque fuera mientras tuve unos 7 a 14 años, ahora los chavitos se la viven con el kin of faiters y no salen de trabarte con el Rugals

    ResponderEliminar
  3. "Memo" rables esos momentos, el único juego que logró que las tortillas llegaran tarde siempre a mi casa fue el Street Fighter 2. Algún día mi papá fue por mi y me sacó a bola de chingadazos. Mi mayor logro fue terminar el juego con el mismisimo Blanka!. Saludos!

    ResponderEliminar
  4. Lo que pasaba mucho era que los veteranos si tenían a un morro cerca y veía que le prestaba atención al juego lo agarraba como el chico del cambio, "cámbiame la moneda, porfa" era lo más común oír y si le iba bien al morro le dejaban un crédito.


    Y sí, cuando el juego era de aventura y pasabas la final era de a ley quedarse hasta ver el "Congratulation" o el "The End"

    Muy buenos viejos tiempos *sniff sniff* que nostalgia

    S-Ludos

    ResponderEliminar
  5. En mi defensa he de decir...¡Dablos, no tengo defensa! :B

    ResponderEliminar

Ustedes hacen el blog :)