miércoles, 26 de junio de 2013

Mi reino por un telegrama


(Publicado originalmente en Milenio)

"La gente ya no manda telegramas personales, se acabó la época de mandar felicitaciones de cumpleaños, mensajes de amor o saludos”, me dijo una empleada (la única, de hecho) de la oficina de Telégrafos Nacionales que se encuentra en Ciudad Universitaria. “Hace más de un año que no mando uno”.

¿Entonces ya no se manda nada?, le pregunté: “Últimamente solo se envían mensajes oficiales. Lo cierto es que los telegramas se siguen utilizando para las notificaciones en las oficinas de gobierno o escuelas: así queda un acuse de que se le informó a alguna persona que tiene que pasar por su pensión o que fueron aceptados en un curso. Pero esto ocurre cada vez menos. Hoy, por ejemplo, no mandé ninguno, ayer tampoco y así pueden pasar días hasta que me llegan dos o tres juntos”.

La oficina de telégrafos a la que fui es amplia, con grandes escritorios y una computadora en la ventanilla. Me pareció ver un fax en una esquina, pero no hay movimiento. Le pedí a la empleada que me enseñara cuántos telegramas se han mandado en lo que va del año y me mostró un paquetito de hojas: no pasaban de cien. Y al parecer es la misma situación en cualquiera de las 76 oficinas que hay en la Ciudad de México. Esto ha obligado a diversificar sus servicios: además de telegramas, en estas oficinas se mandan giros, se pagan boletos de avión, autobús, recargas de tiempo aire o servicios bancarios. Pero de mensajes escritos, nada.

“Uno de los últimos que me tocó mandar fue uno muy lindo, de un papá que me pidió que lo mandara a nombre de un superhéroe: le mandó a su hijo un telegrama donde lo felicitaba por haber entrado a la primaria y le pedía que leyera mucho. Supongo que eso le causó una gran emoción al niño. No hace muchos años también había chicas que le mandaban telegramas a sus novios: cosas de amor y felicitaciones. Ahora les mandan mensajes de texto por el celular o correos electrónicos… y es que seamos honestos: no hay manera de competir contra eso”.



Desde que Samuel Morse inventara el telegrama en 1844 (mandando su hoy conocido mensaje “¿Qué ha traído Dios?” de Washington a Baltimore), el uso del telégrafo fue decisivo durante más de un siglo y tuvo su época de gloria. Telegramas famosos hay muchos: importante fue el Telegrama Zimmermann, un mensaje cifrado del gobierno alemán durante la Primera Guerra Mundial para que México se aliara contra Estados Unidos y recuperara los territorios perdidos de Texas, con la condición de que Venustiano Carranza convenciera a los japoneses de atacar a los estadunidenses por mar. Dicho telegrama fue decodificado en una historia de espías y diplomacia en el que estuvo involucrado un misterioso Señor H, en la oficina de telégrafos de la Ciudad de México. Esta historia terminó con la entrada de Estados Unidos a la guerra.

Más dramático aún fueron los hoy conocidos como Telegramas de los Millonarios, a bordo del Titanic: una avería en el equipo telegráfico a bordo del barco hizo que durante 45 horas que la gente rica a bordo no pudiera mandarle mensajes a sus familiares en tierra para mandarles saludos (banalidades, que le llaman). Los Gentlemans y Ladies del Titanic, ofendidos por tal falla, obligaron a los telegrafistas a mandar mensajes sin cesar, uno tras otro durante toda la tarde y parte de la noche. Los telegrafistas acabaron exhaustos y desatendieron un mensaje que llegó de otro barco, donde les advertía el riesgo de icebergs más adelante.

El rock también tiene sus historias telegráficas. El más famoso es un mensaje transoceánico que envió Jimi Hendrix a Paul McCartney invitándolo a tocar el bajo en una agrupación que estaba armando junto con Miles Davis en Nueva York. Paul, que se encontraba en Londres, desatendió el mensaje de Jimi. De haber recibido McCartney este telegrama a tiempo, y no cuando estaba a punto de salir de vacaciones, posiblemente hubiera aceptado cambiarse de agrupación, dando un giro a la historia del rock.

Hoy, con el avance de las telecomunicaciones, el fin del telégrafo parece próximo. Estados Unidos dejó de usarlo en 2006, con el cierre de mensajes de la empresa Western Union. Y según la revista Wired, India cerrará sus oficinas telegráficas el 14 de julio próximo después de reportar pérdidas anuales de más de 23 mdd. La muerte de los telegramas en un país que llegaba a mandar más de 60 millones de mensajes diarios.

Sin embargo en México parece que todavía le queda algo de tiempo: “Está claro que la parte fuerte de los telegramas en estos tiempos no es su inmediatez”, me explicaba la telegrafista con la que platiqué. “Pero a cambio de eso, tenemos seguridad y validez: un telegrama es un documento oficial: si estás buscando un papel que avale que tu mensaje fue entregado, el telegrama es tu opción.

Así que antes de que mueran, ¿por qué no se acerca a una oficina de telégrafos y manda uno? Puede decirles a sus amigos que están mandando un Tweet a la manera hipster o que después de que Granier mandó su declaración por este medio, se puso de moda. El pretexto es lo de menos: la sorpresa que se llevarán sus amigos de recibir uno no tendrá precio. Bueno sí: 29 pesos por 30 palabras.

5 comentarios:

  1. Me han dado muchas ganas de mandar un telegrama *.*

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  2. Maldito memo, dime a donde te mando uno

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  3. Me gusto mucho esta entrada, que lástima que la tecnología nos haga olvidar estas cosas tan valiosas... Saludos memo

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  4. Esteee...tal vez me lluevan mazapanasos por ésta pregunta pero... ¿Cómo le hago para enviar un telegrama? Osea, llego a la oficina en mi día de pagoo (esque ahi cobro, jaja)y le digo ala telegrafista que quiero enviar uno, pero el destinatario cómo le recibe o qué pex? ¿Tengo que avisarle que le mande un telegrama para que vaya por él a su oficina? Neta no sé y sí estoy tentado en enviar un par de estas cosas! Jajaja. Ahi me explican ¿no?

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    Respuestas
    1. Sí Memo! Yo también tengo duda de cómo llega a su destino, ¿es por correo acaso si es domicilio particular? Sé muy amable y explícanos, porfis :P.

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