domingo, 21 de julio de 2013

Guillermo del Toro. El recuperador de mitos

Ilustración: Apache Pirata

(Publicado originalmente en Milenio)

Titanes del Pacífico es una película que solo Guillermo del Toro pudo haber hecho. Después de experimentar con monstruos de tamaño petit en Hellboy o El Laberinto del Fauno, Del Toro se ha caracterizado por hacer películas visualmente impactantes y complejas. En esta ocasión, y después de cinco años de su última cinta, replanteó uno de los pilares de la cinematografía mundial: el kaiju eiga, o cine de bestias extrañas, género que Japón domina desde hace más de 60 años.

El “cine de mostros”, como lo llaman las abuelitas, no tiene su origen en Japón, sino en esas películas norteamericanas de los años 30 y 40. King Kong se levanta como la bestia gigante más conocida de su tiempo, aunque anteriormente El mundo perdido, de Harry Hoyt, ya presentaba animalotes tamaño caguama. Sin embargo los nipones crearon su propia mitología: a diferencia de los norteamericanos, en un principio los monstruos japoneses no fueron animales superdesarrollados, ni insectos gigantes; recordemos cintas como El ataque de las arañas gigantes, en el que gente corría despavorida de un arácnido sobrepuesto a la cámara de cine. De hecho la palabra kaiju se refiere a bestias sobrenaturales o extrañas, que no entran en ninguna clasificación zoológica. Se trataba de seres monstruosos que no existían en la realidad.



La película Japón bajo el ataque del monstruo, de Ishiro Honda, es la que inaugura el género. En ella aparece el papá de todos los pollotes: Godzilla, una bestia mastodóntica que por causas de presupuesto tuvo que ser más parecida a un dinosaurio que a un pulpo, como estaba previsto. Al final de esta cinta Godzilla muere, pero resultó tan buen negocio que los japoneses hicieron lo que cualquiera haría: secuelas y secuelas. ¿Qué más da revivirlo o, mejor aún, crear nuevos monstruos? Así, se establecen las características del género: el kaiju destruye ciudades mientras los pobladores corren a esconderse de la furia del monstruo que puede manifestarse de distintas maneras: rayos que salen de la boca, baba con ácido, fuego. No hay nada que sea imposible para ellos, resultan prácticamente indestructibles; los humanos por su parte tienen que unir fuerzas para crear armamento especial y hacer caer a la bestia.

Esas limitaciones técnicas fueron lo que daría el estilo visual al género y —a la larga— lo que causaría su declive. Era mucho más sencillo filmar a un humano vestido en una botarga destruyendo maquetas de ciudades que utilizar stop motion como en Estados Unidos, donde los presupuestos eran mayores. De película en película las botargas se iban reciclando, haciéndole pequeñas modificaciones o peor aún: debido a la gran popularidad de los kaijus, se hicieron series de televisión donde se ocupaban estos disfraces. Así, seguramente en las series de Ultraman que veíamos de pequeños, tuvieron la participación de algún disfraz de Godzilla reciclado sin que nos hubiéramos dado cuenta.

Pero todo por servir se acaba y lo cierto es que el argumento de un monstruo que destruye ciudades no da para muchas películas originales. Surgieron bestias a pasto: Mothra, una mariposa gigante; Rodan, una especie de pterodáctilo; Dogora, una medusa que venía del espacio; Gamera, una tortuga gigante que volaba en círculos. Luego, para conservar a los fans, las películas combinaban monstruos (hasta King Kong se enfrentó a Godzilla) o cambiaban de bando, defendiendo a la humanidad. Los estudios se veían en la necesidad de hacer maquetas y maquetas de edificios, lo que resultaba incosteable, así que en la decadencia del género las batallas se llevaban a cabo en la selva o en la playa (resultaba más barato hacer miles de árboles sin forma que edificios detallados). Con la revolución tecnológica en puerta, las bestias se tecnificaron: surgió un Mekagodzilla, robot que se enfrenta al original en Mekagojira no gyakushu, de 1975, con lo que termina esta época de excesos monstruosos.

Al final de este periodo, se desarrolló también el género de los robots gigantes, el Mecha, primero en el manga y luego en forma de animación. Mazinger Z, de Go Nagai, es el primer robot tripulado por un humano que se enfrenta a otros robots gigantes, lleno de armamento fantástico. Aunque la idea de un robot defensor ya se había utilizado anteriormente (hubo una serie en 1958 llamada Tetsujin-28 Go, que en México se conoció como Ironman 28) Mazinger, de 1970, tenía la peculiaridad de esa relación humano-máquina de salir a pelear directamente y no a control remoto. Todos recordamos aquí los rayos fotónicos o los misiles que lanzaba la robot Afrodita de su frondoso y metálico pecho.

La historia se repite y el Mecha gozó de gran popularidad en Japón durante los años 80 y 90. Voltron, Gundam, Robotech, Macross: batallas en la Tierra y en el espacio en las que la personalidad del piloto y su habilidad para pelear eran lo que determinaba el destino de la humanidad. Mención aparte merece Evangelion, serie de culto del estudio Gainax en la que una organización paramilitar llamada NERV tiene que proteger a la Tierra de unos seres de origen divino. Una joya de la ciencia ficción y la fantasía.

El cine estadunidense, por su parte tuvo algunos acercamientos a estos dos géneros, pero sin entrarle por completo. Roland Emmerich hizo su propia versión de Godzilla en una película bastante malona. JJ Abrams, por su parte, nos presentó un monstruo gigante de origen desconocido en Cloverfield. Y Michael Bay realizó la versión de Transformers, robots autómatas de origen extraterrestre.

El gran acierto de Guillermo del Toro en Pacific Rim fue irse a los orígenes y se nota de inmediato. Quien haya visto ya la película habrá adivinado todos los clichés de ambos géneros que utilizó con gran acierto: la relación humano-máquina, el trabajo en equipo, los monstruos descomunales de procedencia incierta, la destrucción de ciudades (ahora sí, sin maquetas malhechas), humanos corriendo a diestra y siniestra. Grandes homenajes al género que se adivinan de inmediato (los pilotos entrando a la cabeza de los robots Jaegers, en clara referencia a Mazinger Z), espadas, pilotos de diferentes nacionalidades, discursos motivadores y la clásica escena japonesa donde el protagonista salva la situación valiéndose de su último aliento. Personajes que sirven de patiño, robots armados hasta los dientes y kaijus que evolucionan, haciéndose cada vez más letales. Peleas bien coreografiadas al estilo de Evangelion, la humanidad que se une ante la amenaza desconocida y un desenlace tipo Día de la independencia. Todo está ahí en una argamasa de referencias bien contada y que, aún con algunos huecos, resulta muy divertida.

Titanes del Pacífico abre nuevas posibilidades en el cine y podemos esperar que en los próximos años habrá una oleada de películas similares (ya hay por ahí un mockbuster llamado Atlantic Rim, copiando descaradamente el argumento de Del Toro), se habla también de una versión de Voltron y es casi seguro que habrá una segunda parte de esta cinta donde el director promete que habrá un Jaeger mexicano. Con esto, Guillermo del Toro, más que ser un recuperador de mitos modernos, se convierte en un hábil evocador de nuestros recuerdos de la infancia.

6 comentarios:

  1. Excelente articulo... o post en el blog pues. La verdad es que concuerdo completamente: presiento que este será el inicio de varias películas del género... ahora habrá que esperar a ver si la calidad de "Pacific Rim" se mantiene y supera... digo, ya vimos lo que Hollywood hizo con Dragon Ball :(

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  2. No creo que sea el resurgimiento del género, pero sí creo que Guillermo Del Toro hizo lo que quizo y lo hizo bien y espero que se quede con eso.

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  3. Del Toro en sí lo que realizó fue un tributo nada más solo espero que la franquicia no cambie de director y que probablemente si esto sucediera entonces creo que el publico no reaccionaria igual.

    @sr_isai

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  4. que paso memo GUNDAM es mas icono que los evas

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    Respuestas
    1. Ay ay ay ya salió un loco de los Mechas :P Jajajajaja. No'cierto, me callo -_-

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  5. A mi me encantó la pelicula, más aún en 3D, aunque en taquilla no le ha ido muy bien, y mi teoria sobre ello... es que los norteamericanos "desechan" casi todo lo que no esta filmado en sus -ya millones de veces vistas- ciudades.

    Una lastima, aun asi, espero tenga segunda parte, con Del Toro al mando, claro.

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