viernes, 11 de octubre de 2013

La Carabina de Ambrosio

Bueno para nada.


Un día el general Ambrose Burnside (que es el bigotón que ven arriba) inventó un fusil que no servía para nada. Se atascaba y le explotaba en la cara a los soldados, dejándolos, a los más suertudos, con la cara como Zamorita y, a los más desdichados, con un ojo de vidrio. Se dice que una vez un niño disparó uno de sus fusiles y se le incrustó medio tubo de fierro en la cabeza. Ese niño vivió 83 años más y murió de una neumonía que le dio por salir en plena lluvia sin playera.

Esta última historia no es verdad pero es bonita.

Como consecuencia de esto se dice que las cosas que no sirven son como la carabina de Ambrosio. Aunque todos los mexicanos recordamos a La Carabina de Ambrosio como el programa donde salía la Pájara Peggy, César Costa y Chabelo. También salía Beto el Boticario que fue quien le puso nombre al programa.

La versión del general Ambrose no es la única para explicar de dónde viene lo de la carabina. En el siglo XIX se popularizó un cuento español donde había un campesino llamado Ambrosio, que era muy pobre, muy pobre, muy pobre. Cansado de su pobreza agarró una carabina y se salió a asaltar gente en el camino; pero era tan pobre tan pobre que no tenía dinero para perdigones y le echaba semillas a su arma, así que en vez de dejar hoyos en sus víctimas los dejaba llenos de granola. Peor aún: cuando andaba de campesino era muy amable, así que nadie le temía cuando se hizo cuatrero. La carabina de Ambrosio era tan inútil como su dueño ¡pobre Ambrosio!

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Si con estas dos versiones no están contentos ahí les va otra. Parece ser que esta sí es la buena, así que me voy a lucir. Pónganse bien atentos. Cajum, cajum:

Ambrogio Calepino era un jesuita que vivió en el siglo XVI. Era súper culto y elaboró varios diccionarios en latín. Estos diccionarios eran tan buenos que adquirieron el nombre de su autor, así que en vez de decir "Pásame el diccionario, wey" decían "Pásame el calepino, goeeeei"

Tener un Calepino de Ambrogio era obligado entre los sabios de la época. Pero tenían un grave defecto: estaban en latín, así que no todos le entendían -_- Para el vulgo tener un Calepino de Ambrogio era tan inútil e innecesario como tener un callo.

Pasaron muchos años...

Los hombres crecieron y las mujeres se hicieron descocadas. Por ahí del siglo XIX hubo reglas de modales para reglamentar el que las señoritas fueran cortejadas por los hombres y no cedieran a sus bajos instintos. Una de las reglas es que jamás ¡jamás! se quedaran solas con un varón, bajo riesgo de quedar preñadas con la mirada lasciva de éste.

Si una damita quería quedarse con un caballero, tenía que hacerse acompañar de una amiga solterona que servía de alcahueta. Esa damita era conocida como la carabina, porque tenía que ir para todos lados con la damisela, cual si trajera un fusil. Pero ya sabemos que traer una alcahueta no sirve de nada porque los jóvenes se las arreglan para tocarse sus partes y besarse a escondidas ¡el amor!

Una carabina era tan inútil como un calepino de Ambrogio. Gustavo Adolfo Bécquer ya lo contaba en sus Cartas desde mi Celda y esa es una de las primeras referencias así que podemos decir que es la correcta. Fue muy fácil pasar de Calepino de Ambrogio a Carabina de Ambrosio, como hoy pasamos de Ya bailó Berta a Ya valió ver... ejem ejem ustedes entienden.

Y así es como la deformación de la lengua gana otro punto a la Academia. Ahora, para cerrar este post bailaré al ritmo de Gina Montes desde mi silla:

Can can can can can can can ¡uopopurulé! ¡uopopurulé!

2 comentarios:

  1. Bueno, al menos el general Ambrosio pasó a la historia gringa por sus "Sideburns" xD http://en.wikipedia.org/wiki/Ambrose_Burnside#Sideburns

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  2. -.-
    La verdad nunca vi ese programa y por eso no tenía idea pero no me arrepiento de nada ahora que lo explicas con taaaaaaantos detalles.
    jajajaja

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