lunes, 3 de febrero de 2014

Her


La premisa en la que se basa Her es de todos sabida (todos los que hayan visto el trailer o hayan leído algo de la peli): Joaquin Phoenix interpreta a un personaje llamado Theodore que, en un futuro no muy lejano, instala un sistema operativo inteligente en su computadora, tipo Siri. Este sistema operativo, cuya voz es la de Scarlett Johansson, aprende de lo que le dices e interactúa contigo todo el día. Poco a poco Phoenix se enamora de este ente virtual, al grado de tener una relación amorosa con ella.

Samantha sabe todos los secretos de Theodore. Ha leído todos sus correos, ve sus fotos, analiza cada dato... y lo conoce mejor que nadie. En este futuro no hay que teclear nada. Todo se hace por medio de comandos de voz y todo el mundo lo utiliza. En la calle se ve gente hablando sola, tomando fotos, platicando con nadie. Y es tan normal como hoy en día es ver a alguien con su micrófono Bluetooth

Hasta aquí la premisa. Hasta aquí llega la ciencia ficción. Lo demás es una historia de amor real.

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Amor con alguien que no ves

La gran virtud de Her es que es cercana. Tiene lecturas en muchos niveles y está destinada a convertirse en un gran clásico ¿Cuántos de nosotros no hemos tenido una relación con alguien por internet? ¿Cuántas veces ha pasado que te sientes cercano a alguien que apenas conoces por fotos? La relación se convierte en un ir y venir de mensajes, en llamadas por teléfono o fotos dedicadas. Llega un momento en el que la gran pregunta es ¿Esto es real? ¿Estoy sintiendo amor verdadero o solo es un engaño de mi cerebro?

Y eso se convierte en un asunto tan real como cualquiera.

Han pasado muchos años en los que las relaciones por internet dejaron de ser un tabú. Nadie duda que puedes entablar amor o amistad con una persona que vive del otro lado de tu país (o del otro lado del mundo). Yo apenas conozco al 20 por ciento de mis contactos por Facebook, pero eso no significa que no pueda interactuar con ellos, saber de sus problemas, apoyarlos en los momentos difíciles o que se conviertan en mis grandes amigos. En la película, Theodore sabe que la persona con la que está hablando no es real, pero eso no importa: es una persona que lo hace sentir bien. Y al final te pones a pensar si el amor no es más que el conjunto de acciones con las que te sientes a gusto. Si el amor no es un asunto, hasta cierto punto, egoísta.

Luego viene el asunto inverso (¡somos humanos, caray!): si tú te estás involucrando con todos tus sentimientos ¿la otra persona también lo hace? ¿no será que lo hace con otras personas al mismo tiempo? Algún amigo seguro te cuestionará si no estás mal de la cabeza, si platicar todo el día con alguien que no conoces no te hace un poco friki o es que no sabes estar con personas reales. Real, es una palabra que toma otro significado en la cinta.

Recomiendo muchísimo la cinta. Plus: la fotografía y las tomas son magníficas, y la banda sonora, inmejorable. No se van a arrepentir.

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