miércoles, 9 de abril de 2014

La Coyol



La mañana del 21 de febrero de 1978, un trabajador de la compañía de luz llamado Mario Alberto Espejel, estaba haciendo una zanja en la esquina de Guatemala y Argentina. Desde temprano estuvo dale y dale con la pala hasta que pegó con algo duro; quitó el polvo con su guante y se dio cuenta que acababa de dar con una piedrota redonda y labrada en relieve.

Mario Alberto llamó a su compañero Jorge para enseñarle lo que había encontrado y como no supieron qué hacer, lo reportaron al jefe de ingenieros; lo que tocó la pala por casualidad fue la piedra de la Coyolxauhqui, la diosa lunar.

La piedra de la Coyolxauhqui es enorme: 3 metros de diámetro y 30 centímetros de espesor. Pesa más de 8 toneladas y representa a una mujer desmembrada. Algunos de nosotros recordamos que su figura aparecía en las viejas monedas de 50 pesos y en los billetes de 10 mil. En la mitología azteca, era la hija de Coatlicue, la madre Tierra. La versión más aceptada de su imagen es que Coatlicue un día estaba barriendo su casa y se encontró una pelotita de plumas que guardó debajo de su ropa: con esto quedó embarazada. Coyolxauhqui se ofendió mucho de que su mamá fuera a tener un hijo de esa manera tan deshonrosa y juntó a sus 400 hermanos para ir a matarla (atrabancada, la muchacha); la encontraron en lo alto del cerro de Coatepec y cuando estuvo a punto de matarla, del cuerpo de Coatlicue salió Huitzilopochtli vestido ya como guerrero y le metió un golpe a su hermana, que cayó rodando (¡ah cabrón!). Es por eso que la piedra representa a Coyolxauhqui partida en pedazos.

Esta historia, aunque parezca sangrienta, representa el ciclo del Sol (Hutzilopochtli) peleando con su hermana la Luna (Coyolxauhqui) todos los días. Los 400 hermanos representan las estrellas. ¿Qué hacía esta piedra en la base de la pirámide del Templo Mayor? Al parecer, a los guerreros sacrificados los echaban a rodar por las escaleras de la pirámide para caer en ella. Lo interesante de este descubrimiento fue que ahí se dieron cuenta que debajo de todas las casas estaba el centro ceremonial azteca, que salió a la luz seis años después. Y todo por el palazo que dio Mario Alberto ese día.

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