sábado, 19 de julio de 2014

La madre que nos parió



Llegué a Madrid hace un par de días. Lo único bueno de llegar de París es que todo se te hace baratísimo: cervezas de a un euro (y hasta por 40 céntimos) y la comida es buena (hay muchas opciones sin carne).

Salgo por la mañana a la Puerta del Sol, me pego en el pecho y pienso "ahora sí ya llegué a la Madre patria, de donde salimos los mexicanos, yiajajajai". Doy un paso y veo a un tipo vestido en una botarga de Pocoyó que pide dinero con otro que va vestido de Mario bros. Madrid está lleno de gente que pide dinero por cualquier cosa: indigentes, músicos, hiphoperos, cantantes de flamenco. Camino por la tarde y veo una horda de africanos corriendo con sus costales llenos de bolsas piratas, escapando de la policía.

Ay Madrid.

Estamos a 38 grados y la gente se guarda en sus casas a eso de las 4 de la tarde. Todos los negocios cierran, no hay manera de salir. Pero a las 8 todo se reactiva y comienza la ciudad nocturna, llena de restaurantes y bares. Miles de turistas en la calle echando cervezas, decenas de personas ofreciéndote un lugar para beber, las muchachas van muy arregladas como para ir a fiesta de XV años y los hombres con su camisa desabrochada.

Yo tomé manzanilla, que es como un vino dulce y frío, en una de las tabernas más viejitas del barrio de las letras, comiendo aceitunas frescas cuyos huesitos se avientan en un trastecito de barro. Me puse una pedaaa :'P


1 comentario:

  1. Tocaste al Oso, es de la "buena suerte" para regresar :D

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