martes, 14 de octubre de 2014

Intermedio 4: Yo soy Constantinopla


Julio Martínez Ríos es gran amigo de uno de mis grandes cuates y espero (ya me lo propuse) echarme una chela con él para hablar de su libro.

A Julio muchos lo recordarán por ser la pareja de Sopitas hace muchos años en un programa de Reactor. También sabe un friego de videojuegos, de hiphop, de la cultura skate y de rock. Es de esas personas talentosísimas.

En su primera novela, Yo soy Constantinopla, mete todo lo que sabe... y es maravillosa. Detalla perfectamente la Ciudad de México de los años 90: el protagonista va de avenida de los Insurgentes a Reforma, de la calle de Manzanas a Emilio Castelar. Recorre Tepepan, visita la Narvarte. Los chilangos treintañeros adorarán estas descripciones.

Pero su novela no se trata de eso. Me encantaría contarles de qué va, pero pierde todo el chiste. A cambio de eso, estoy casi seguro de que Julio leyó un cuento de Asimov que se perdió en la arena de los tiempos y que yo no tengo en mi biblioteca. El cuento se trata de esto:

Una vez un científico se propone analizar porqué algunas canciones son pegajosas y otras no. Con ayuda de una súper computadora se dedica a desmenuzar todos los grandes éxitos, con el fin de tener la canción más pegajosa del mundo, ponerla en la radio y hacerse rico ¡ricoooo!

A veces lograba una tonada pegajosa, pero no es lo suficientemente buena. El cuento acaba con el científico loco en estado de coma: su computadora había encontrado la tonada perfecta y al reproducirla, el pobre hombre ya no pudo sacarla de su mente. Ahí se quedó el pobrecito O_o

Creepy ¿eh?

Yo soy Constantinopla trata del poder de la música. Pero también de las historias que nos formamos con ellas. Habla de preservar la memoria, de que todos nuestros recuerdos son joyas invaluables que merecen ser contadas.

Y hay cucarachas. ¿Se han preguntado por qué hay cucarachas en el metro? ;)


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