domingo, 19 de octubre de 2014

¿Quién quiere dar conferencias?



Los que organizamos conferencias, cursos o lo que sea tenemos un temor latente:

- Híjole mano, ¿llegará gente?
- La promocionamos bien ¿no?
- Pues sí, pero ya no se sabe

Si llega la mitad del auditorio está bien. Pero cuando el conferencista está esperando y hay tres gatos en el público ¡te entra una angustia y un pánico! No lo recomiendo a nadie.

Pero por el otro lado, el conferencista también se siente mal:

- Híjole mano, no llegó nadie a mi plática, seguro soy bien aburrido
- Es que no la promocionaron, debió ser eso
- Sí, seguro porque soy bueno ¿no?

Ambas partes estamos apenadas, unos con otros y no sabemos qué pretexto poner :(

Por el otro lado, lo peor es que llegue un montón de gente... y se empiece a salir. Ahí se nos hace un hueco en el estómago y no sabemos qué hacer ¿se cierran las puertas? ¿comenzamos a contar chistes? ¿seguimos como si nada pasara?.

Los mejores conferencistas son los que no se apanican. Los que dicen "bueno, si no llegó nadie ¿pos qué?" Con esos da gusto trabajar.

Todavía no sé cuál es la fórmula para manejar una conferencia. Está claro que no es un factor que se pueda controlar: tal vez ese día había mucho tráfico y nadie llegó, tal vez el tema estaba muy chafa. Tal vez la hora fue mala. Y mientras, a llevar acarreados.

El miércoles estaré en una mesa redonda en Universum, hablando de oficinas de información pública. Espero que llegue gente porque el tema está súper especializado. Mientras prepararé mis mejores chistes: "un día un científico entró en un bar cuando..."

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