miércoles, 24 de diciembre de 2014

Creel y don David


Creel es un pequeño pueblo en Chihuahua que parece salido de una película del viejo oeste. Con más de 43 hoteles repartidos... en solamente dos calles, es una de las paradas obligatorias para viajar al corazón de las comunidades tarahumaras. Sin mucha idea de dónde ir o qué ver, casualmente encontré a Don David, un guía local. Fue una suerte.




Don David es de esas personas sinceras y amorosas que viven en el norte del país. Por 200 pesos pone su camioneta y hace el recorrido por todos lados. Poco dinero para lo que muestra. Contaba que durante más de 25 años se dedicó a trabajar la madera y que en ese tiempo trabajó con los tarahumaras, aprendiendo su lengua y sus costumbres. Todos en Creel lo conocen y también en las comunidades alejadas.

Su plática es interesantísima. También la manera en la que interactúa con los demás.


Ahí fue cuando me enteré que, efectivamente, es más calientito vivir en una cueva que en una casita. También que a las mujeres tarahumaras no les importa que uno entre hasta el fogón. Ellas saben que nosotros, los fuereños, aportamos gran parte de la economía del lugar. Cada peso que ponemos, al comprar una artesanía, se reparten entre todos. Son las encargadas de recibir el dinero, tan simple como eso.


Visitamos una pequeña iglesia dedicada a San Ignacio de Loyola con una figura de peyote del lado izquierdo. Don David saludaba a todos con naturalidad, les preguntaba de la familia, hacía bromas. Vimos la escuela, el albergue, entramos a la pequeña tienda de la comunidad donde me comí una concha. Pasamos por el pequeño panteón local.


Aprendí que hay que saludar a todos -por lo menos ladear la cabeza y decir "buenos días". Todo está lejos: cada tarahumara tiene, como propiedad, una casita, un lugar para sembrar y pastar su ganado; todo el bosque pertenece a todos: si alguien saca beneficio de él tiene que repartir a los demás. Pasar de una casa a otra significa caminar por lo menos 20 minutos: así de alejadas están.

Don David dirigió su camioneta a un lugar llamado "Valle de los Monjes" que no es otra cosa que una gran planicie donde se levantan formaciones rocosas formadas, presuntamente, de la lava de algún volcán milenario y que con el paso de los años se fueron desgastando hasta quedar como columnas. Es esto:


Aunque se ven pequeñas en la foto, la verdad es que tienen muchísimos metros de altura. Don David gustaba de encontrarles forma:

-Esa de allá parece bota ¿ya vió?
-Ajáaaa
- Y esa de allá parece mano ¡ja ja ja! Con sus deditos
-Ajáaaaaa
- Y la de allá parece periquito

Las rocas están sobrepuestas y parece que se van a caer. Don David explicó todo lo mejor que pudo y se lo agradezco en el alma.

Pero el plan no era pasar la noche en Creel sino en un lago escondido que se llama Arareco. Ahí, una familia de tarahumaras administraban el alojamiento de una pequeña cabaña. Don David arrancó su camioneta y se dirigió al lugar...

1 comentario:

  1. memo me emociona mucho saber que estas de visita en el norte del país, yo soy de un pueblito perdido entre cerros ;) pero mi mamá trabajo en su juventud como maestra en un preescolar ahi entre esos pueblitos
    :D tiene años que no voy de visita, pero los recuerdos que tengo son mágicos
    disfrutalo mucho memo, aca todo es muy diferente a tu ciudad
    un abrazo fuerte

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