martes, 25 de agosto de 2015

Oda al peluquero


Hace 30 años el peluquero veía mi tamaño diminuto y ponía un cojín en el asiento para que yo me trepara y quedara a la altura perfecta para que me cortara el cabello. "Casquete corto" decía mi mamá. Como soldado raso. 

Don Fili se parecía a Héctor Bonilla (siempre me lo pareció) y me caía bien nomás de verlo.

Una vez oí al encargado de la peluquería que él ni de chiste me cortaría el pelo porque yo lo tenía rebelde y lleno de remolinos: mi trauma de por vida. Me sentí muy triste de no tener mi cabello ondulado como príncipe y en cambio lo tenía como pasto mal podado. Pero Don Fili no lo oía y me trataba a todo dar. Hacía una mezcla jabonosa en una taza y me la aplicaba en la nuca, para después agarrar una navaja y rasurarme todos los pelitos.

Luego crecí a lo loco y ahora en vez de ponerme cojín, tenía que bajar el asiento para cortarlo mejor.

Me cambié de casa.

En Iztapalapa mi peluquero era "El Don" (no sé cómo se llama): un hombre chaparrrito que se parece a Benito Juárez, que siempre escucha El Fonógrafo. Su local está lleno de espejos y tiene dos sillas, aunque él está solo en su local:

- Puse la otra silla por si alguien quería venir a cortar el pelo conmigo, pero nunca ha llegado nadie a pedir el trabajo

En su local tenía revistas de chismes, siempre está el periódico del día (cuando buscaba trabajo iba a leer las ofertas de trabajo de El Universal) y pasaba las tardes platicando con él.

Me cambié de casa.

Regresé a mis viejos barrios y volví a la peluquería de Don Fili. En realidad es un local muy grande en el Soriana de Mixcoac en el que trabajan por lo menos ocho peluqueros al mismo tiempo. Dos son hermanos y ahora se peleaban por atenderme -debido a mi propina, supongo. Un día ya no vi a Don Fili y me dijeron que una tarde estaba esperando cliente, cuando se salió del local y quedó muerto de un infarto en el estacionamiento.

Pasé cuatro años yendo religiosamente cada mes con mis peluqueros favoritos.

Me cambié de casa.

Ahora mi peluquería favorita me queda lejos. Cerca de mi casa hay un mercado y los últimos dos meses he ido con una chica muy amable que tiene un local muy feo y viejo, y que solo tiene una manta para todos los clientes que pasan por ahí. Sus tijeras son del año del caldo y en vez de sillón profesional de barbero tiene una silla de oficina que se tambalea.

Pero corta muy bien el pelo y solo hace la plática estrictamente necesaria, lo cual es un gran alivio para mí. A veces me pregunto ¿qué diría Don Fili de saber que cambié su barbería profesional por un local de mercado?

Recuerdo todo esto hoy, 25 de agosto, que es el día internacional del peluquero. Felicidades a todos ellos. En sus manos queda nuestra cabezota.

5 comentarios:

  1. Yo nunca he tenido un peluquero de confianza. Más bien me gusta el turismo peluqueril (Si se me permite llamarlo de esa manera.), normalmente no me corto el pelo dos veces seguidas en el mismo local. Y lo mismo he ido a escuelas de estilistas, aprovechando que cobran bien barato o nada, que a peluquerías profesionales.

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    1. Turismo peluqueril XD Yo me he tenido todos los cortes de pelo, desde mohicano hasta pelón como rodilla :'P

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  2. Yo odio cortarme el pelo, como estudihambre no puedo darme el gusto de cortarme el pelo en donde me gusta y según yo me lo dejan bien (cobran 250-350, es decir entre 75-105 tacos de canasta= de-ma-sia-do O_O)...y en otros lados generalmente termino tuzada...por eso máximo me lo corto unas 3 veces al año :(...

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  3. Ahora que me acuerdo, yo tengo mi peluquero de confianza y voy a verlo cada mes, mes y medio porque está lejísimos pero vale la pena ir.

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  4. Todo hombre que se respete, debe haber tenido por lo menos un peluquero de confianza en su vida.

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