sábado, 19 de diciembre de 2015

Disertación sobre la Guerra de los Spoilers...

... o de porqué la gente jode a los demás diciendo lo que sucede en Episodio VII de Star Wars.


Cuando uno comienza a escribir (me pasó, lo acepto) se tiende a experimentar con formatos que se te hacen interesantes: comienzas con las conclusiones, luego le metes opinión, luego das generalidades y al final tratas un punto en específico. Eso no sirve. Lo que resulta es un masacote de palabras que nadie entiende.

Conforme pasa el tiempo, aprendes que la estructura debe de ser simple: sujeto, verbo, predicado. Sujeto-verbo-predicado. Si se aplica bien, los textos quedan claros e interesantes.

Este proceso (es decir, emocionarse con lo nuevo, luego reflexionar sobre lo que haces y llegar a un nivel de simpleza) es similar en otras disciplinas: pienso en el Karate, cuya filosofía queda ejemplificada en las cintas de tela que se usan para abrocharse el karategui. Comienzas con una cinta blanca -de pureza- luego la vas ensuciando y al final, después de la cinta negra, esta comienza a desgastarse hasta ser blanca otra vez. Es una carga simbólica muy interesante.

El proceso de la creación de una película pasa exactamente lo mismo: las buenas películas tienen un principio, un climax y una conclusión. Lo que venga en medio es la visión del director. Si el director es muy bueno, puede experimentar con formatos extraños (pienso en Inception, por ejemplo o en Interestellar) en donde la estructura narrativa va de un lado al otro.

***

Sin embargo cuando se trata de una épica como Star Wars, la estructura narrativa está dada desde tiempos inmemoriables: el génesis y la travesía del héroe. Es su autodescubrimiento, las pruebas que tiene que pasar y probarse así mismo como el elegido. Esta estructura es tan antigua que el primer vestigio que se tiene de ella es la Epopeya de Gilgamesh, escrita en el año 2650 antes de Cristo.

Star Wars es el viaje del héroe, héroe que quedará al descubierto en las siguientes entregas de la saga. Es una fórmula que no es exclusiva de Disney, ni de George Lucas. Es casi inherente a la naturaleza humana.

Estos días he encontrado que mucha gente (después de ver la película) corrió a su muro de Facebook a contar lo que sucede. Esto -además de ser una falta de respeto para los que no la han visto- implica un afán de mostrar que descubrieron el hilo negro al "encontrar" la fórmula de la película (lo cual en vez de denotar un conocimiento del medio, muestra la poca experiencia que tienen en cine). No hablo de nadie en particular, pero estoy seguro que en sus contactos tienen a un sabihondo que lo hizo.

En tiempos de las redes sociales hay que ser muy cuidadosos con eso. Sobre todo porque hay gente que no puede ver esas películas tan esperadas los primeros días de estreno. Yo debo confesar que por muy nerdo que soy, no vi los trailers de esta cinta para que la sorpresa me llegara de golpe. Y me alegro haberlo hecho, porque fue muy emocionante y considero que JJ Abrams hizo un buen trabajo dándole a los viejos y a los nuevos fans los elementos necesarios para hacer una cinta memorable.

Me parece que la excusa de "si no te gusta, pues no me sigas" es canalla. Es obvio que yo aprecio a mi amigo Monchito porque me cae bien. Pero sería infantil que piense que su muro es de su propiedad. Nada es propiedad de nadie en estos tiempos y es la era de compartir opiniones, videos y todos tus gustos. Es así. Las redes están diseñadas para eso.

Mi mamá diría "piensa antes de hablar". Y, como todas las mamás, tiene razón.

2 comentarios:

  1. La relación de Star Wars y el viaje del héroe... nadie nunca había escrito acerca de eso. Qué original.

    También: "Inmemoriables"

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  2. Jaja no sabía que tenías un troll.
    Hice lo mismo con los trailers.

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