martes, 13 de septiembre de 2016

Viñetas cerveceras del Bajío






Guanajuato está relativamente cerca de la Ciudad de México, pero no tanto como para ir cada fin de semana. Tenía ya algunos años que no iba: llegué a ella saliendo de la terminal de Silao (luego les cuento qué hacía allá) y en menos de media hora ya estaba en la terminal guanajuatense.

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Lo primero que hace uno llegando allá es admirar los edificios, los jardines tan bien cuidados, recorrer sus calles que van de arriba a abajo –y que tienes que recorrer como cabra montañesa– y pensar cómo es posible que habiendo tantos túneles, los edificios no se hayan caído como torre de naipes. También hace tanto calor que lo primero es buscar una cerveza.

Afortunadamente para los borrachos, Guanajuato sufrió el embate del turismo así que es muy sencillo encontrar dónde sentarse a la sombra a tomar un trago. El lugar elegido fue un localito que se veía bueno. Tarro de cerveza a 80 pesos, pinta a 45:

- Quiero una pinta
- Híjole, es que se nos acabó la cristalería de la pinta, pero hay un vaso más pequeño ¿lo quiere?
- No, mejor el tarro

La mesera salió del local. Pasaron 10 minutos y mi cerveza no estaba en la mesa.

- ¿Que pasó?
- Es que se acabó la cerveza que usted quiere y están cambiando el barril
- ¿No la sirven aquí?
- No, aquí hay Heineken, allá hay de la otra
- ¿Y por qué no avisan?
- Porque es lo mismo

Pasaron 5 minutos más. Le dije al chico encargado de la barra:

- ¿Y mi cerveza?
- Déjeme ver si ya está
- Mejor dame de la que tienes aquí
- Muy bien: déjeme preguntar si ya la sirvieron allá y si no, le sirvo de la de acá

Así es el Bajío: todo lo hacen con calma.


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Afortunadamente en cuestiones de cerveza y borrachismo, me da igual tomar en un bar que en la banqueta. Ave y yo pasamos frente a una cantina mítica que está en el centro y que –según ella– hace años tenía el letrero de "Se prohibe la entrada a mujeres, niños y uniformados". Se llama "Los Barrilitos".

- Nunca he entrado a esa cantina, antes no se podía -me dijo
- A ver, asómate pa' ver si quieres pasar -contesté

Se asomó y me dijo:
- Mejor asómate tú, no sé si esté bien

Abrí las puertas de madera y sentí la inconfundible impronta de una cantina de a deveras: borrachos en la barra a medio dormir, un tipo en una mesa babeando de briago (o de dormido) y el espantoso olor proveniente de los mingitorios llenos de hielos, limones y orines.

- Está chida -le dije- entremos

La mesa donde estaba el tipo babeando tenía dos lugares libres, así que nos sentamos ahí. El cantinero se acercó y pedí dos Victorias.

El código indica que nunca hay que hacer contacto visual con los otros parroquianos porque uno va a la cantina a desconectar el cerebro. Estuvimos platicando de eso. Un hombre puede comprarse un six en su casa, pero es mejor pagar un poco más y estar en la cantina con otros hombres que van a lo mismo. Es súper primitivo.

Íbamos a pedir la segunda chela, pero pensamos que si después de esa nos daban ganas de ir al baño iba a ser terrible (¿habría baño para mujeres o solo uno pa' todos?) así que salimos:

- ¿Cuánto es de las dos cervezas?
- 38 pesos
- ¡¡¡38!!!

Como en la Ciudad de México una sola cerveza te la dan en ese precio, sentí que tomamos al dos por uno. Hasta le dejé propina.


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Ya entrada la tarde, la cantina elegida fue una cercana al Teatro Juárez. Parecía cantina, pero no era cantina. Se llama "FBI: Famoso Bar Incendio". La manera en la que sé que no era cantina "de a devis" es que el baño tenía papel.

Era cómoda y espaciosa: las paredes están pintadas con murales que bien pudo haber hecho Siqueiros si hubiera estado pacheco. Cerveza a 20, agua mineral al mismo precio. Dos o tres parejitas de jóvenes impetuosos estaban en las mesas aledañas, así que supongo que es de esos lugares donde vas a echar una chela después de la escuela.

Al fondo había una rocola. Agarré unas monedas y me paré a escoger canciones.

La selección musical era obvia: Juan Gabriel mezclado con los Cadetes de Linares. Dos distinguidos mexicanos que se fueron este año. Seguro Lupe Tijerina y Alberto Aguilera sabían que su legado iba a ser que cualquier lugar en nuestro país que tenga más de dos cervezas y un aparato donde suene música se iba a convertir en una pequeña sucursal del norte mexicano. Sonaron los primeros acordes de "La Farsante" y todos cantamos contentos mientras tomamos de nuestra botella.

Guanajuato es una cosa chingona. Habrá que buscar una ciudad que supere este día magnífico.

7 comentarios:

  1. Guanajuato caliente?? No, se nota que estas aclimatado a la CDMX :P
    Me enamoré de Guanajauato desde que tuve uso de razón, y cada que hay oportunidad visito la ciudad (que no es muy frecuente para mi desgracia, me queda a 8-9 horas, y en bus 12), ahi uno se relaja, como dices, se vive y respire mucha calmaaaa, uno se desintoxica de la ciudad, y comes uuff ♥ hasta una telera me sabe a gloria ahí *o*
    Ojala regreses pronto ahí y sigas compartiendo tus andanzas, que las mias no pasan de lo "comun" (momias-centro historico-mina-pipila-comida)
    Saludos Memo!

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  2. Guanajuato... me gusta desde la primaria, nos llevaron a un montón de museos y caminamos mucho. Fui hace poquito y siguió gustándome, me canse mucho eso si y me dolieron las piernitas muchos días después jajaja

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  3. Me encantó tu relato, pude ir imaginando todo, hasta los baños, jajaja. Sí hace calor, o tal vez se siente más la temperatura por ser ambiente árido. ¡Ya me dieron ganas de ir!

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  4. Llevo casi 4 años viviendo en Guanajuato, y sí, el servicio en todos lados es pésimo, y la gente originaria del lugar con un modo terrible. Hubieras ido a otra Cantina camino a la zona de Embajadoras, se llama la Norteña. Cerveza fría como el corazón de mi ex, tacos de picadillo picantes como el infierno y los borrachos más tranquilos que puedas encontrar en la región. Saludos!

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  6. Vente a Mérida, no será tan bonito pero tenemos tour cantinero :p

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  7. Todo ese relato ¿y ni una foto?

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