viernes, 18 de noviembre de 2016

La vida (no) siempre es épica

Miyagi, Jairo y yo, haciendo nuestra imitación de influencers XD

Hace algunas semanas nos invitaron a Jairo, Miyagi y a mí al Hotel de Leyendas Victoria (HLV). Pondré un contexto rápido:

El HLV fue un espectáculo teatral de terror tipo casa de los sustos en el otrora hotel más elegante e importante de la ciudad: el Hotel Reforma. La marca de cerveza Victoria contrató a 70 actores -perfectamente maquillados- para que representaran tres historias de terror. Es un gran espectáculo. Luego de eso te dan una cervecita en la terraza para que se te baje el susto :0

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El día que fuimos estaba cerrado al público en general y solo fuimos medios de comunicación... e influencers. Ya saben: los influencers son esas peculiares personas con muchos seguidores en redes sociales, YouTubers y Vloggers (tal parece que ya no hay Bloggers). Lo cierto es que yo conocía a dos o tres de vista. Destacaban Werevertumorrou y Chumel Torres.

Como en Charros vs Gángsters siempre les estamos echando carrilla a los dos últimos, fue un momento muy divertido XD Cada quien de su lado del vestíbulo y sin mirar a los demás. A mí la verdad, me valen madre. Y no por mala onda, pero creo que cada quien puede hacer su chamba.

O eso pensaba hasta ese momento...

La dinámica del HLV es que te juntan en grupos de 15 o 18 personas y te llevan por los pasillos del hotel, mientras los actores hacen que se te pongan los pelos de punta. Para lograr esto, tienes que poner un poco de tu parte, claro: te tienes que sumergir mentalmente en la historia y medio creértela, si no, pues no tiene chiste. No es que te espante la bruja, como en Chapultepec, sino que te tratan de convencer de que algo muy malo pasó en ese hotel (y la neta es que sí pasó algo malo, pero eso luego lo cuento).

Fue en ese momento cuando a todos los chavillos les salió su lado influencer.

El conocido cliché de que los influencers se van tomando fotos a cada momento, es cierto: los chicos se tomaban selfies hasta con la lámpara. Werever hasta llevaba su cámara de visión nocturna para ir filmando todo, y haciendo comentarios de lo que pasaba. Pensarán ustedes: así es su trabajo. Lo curioso es que teatralizaban todo para que fuera... épico :0

Y no, no era épico: en todo caso estaba bien hecho. Pero llamarle épico a un pedazo de papel tapiz que se caía de la pared es exagerado.

Las chicas influencers de moda se tomaban selfies haciendo cara de pato con los actores. Hubo una que -créanme- respiraba tres veces antes de tomarse la selfie, para relajarse, supongo. Otros más se pusieron hasta la madre de alcohol e iban gritando "¡ay qué pinche susto, wey!", "¡te van a sacar weeey!". Lo cierto es que yo los miraba con cierto interés antropológico, como quien ve un documental de changuitos :O

Quiero suponer, desde mi ruquez, que los seguidores de tan distinguidos personajes ven las fotos en Instagram de Pamela Chú (o como sea que se llame) y dicen:

- Weeey, esa Pamela está en un lugar é-pi-co, la amo, es é-pi-co

Y lo cierto es que todo es normal. Ni tan épico, ni tan malo. Créanme: cuando llega el momento de soltar el celular y dejar de postearle fotos a los fans, todos se aburren como gente común :P Al final no nos tocó en el grupo de Chumel ni de Werever, sino que -por obra del espíritu santo- nos separaron y pudimos disfrutar el espectáculo. Y es que esta vez me tocó estar con millenials famosos, en el siguiente post les cuento de una fiesta de millenials comunes :P


Al final, todos acaban echándose su chelita


3 comentarios:

Ustedes hacen el blog :)