domingo, 22 de enero de 2017

Genes de chacharero

De todo, como en botica

El pasatiempo mexicano por excelencia es ir a chacharear, es decir, ir a buscar entre los trebejos y las cosas viejas algo que te sirva. Lo traemos en los genes, igual que el gusto por la tortilla y sacarse los moquitos cuando nadie te ve. Es por eso que, gracias a la evolución y a un condicionamiento de generaciones tras generaciones, cuando hacemos limpieza en nuestra casa somos incapaces de tirar todo y decimos:

- Voy a guardar esta cosa inservible y rota, porque un día me debe de servir.

o bien:

- Tal vez este sócket roto y desvencijado a mí no me sirva, pero seguramente alguien le puede dar un buen uso.

Todos los mexicanos lo hacemos y el que diga que no, es porque seguramente no tiene corazón.


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Estudios científicos han demostrado que en los tianguis de la Ciudad de México es donde se concentran las cochinadas, las cuales se ven atraídas como si se tratara de un agujero negro de antigüedades: como ejemplo está El Salado, el tianguis de Santa Cruz o el de Tulyehualco. Pero es en La Lagunilla donde se cumple la mayor concentración de ChxM2 (<---Cháchara por metro cuadrado).

Uno puede meterse a esas calles de magia y diversión, y encontrarse un álbum de estampitas de luchadores, una llave de metal que a nadie le sirve o una alcancía que no ha visto la luz desde 1970. Refrescos viejos que nadie abrió, molinos de café, maletas Samsonite de colores chillantes o sillas que seguramente adornaron algún tugurio maloliente.

Sin embargo aquí entra el factor humano. Uno puede traer un montón de billetes en la bolsa, pero la negociación y el arte del regateo tiene que afilarse. Yo son incapaz de hacerlo y cuando me bajan 20 pesos, siento que me gané la lotería. Pero hay quien es experto y dice cosas como:

- Esta cosa que usted me da en 300 pesos está despostillada, así que no puedo ofrecerle más que 50 -dice el comprador
- Oiga, pero no se lo puedo dar en ese precio, ni que estuviera loco
- Tómelo o déjelo, y mire que voy de prisa, así que apúrese y además quiero que me de también esa cuchufleta por el mismo precio
- Está bien, lléveselo

O_o Esas son personas admirables. ¿Cómo lo hacen? Misterio.

Este es el Púas Olivares, que también vende chácharas en La Lagunilla
La otra cosa que depara a los mortales de los dioses chachareros es el buen ojo: uno puede ver un montón de baratijas en el suelo o bien, un montón de muebles apliados, pero el ojo experto dirá "de entre todo eso que está ahí lo único que vale es esa cuchara vieja porque es del siglo XVII y vale como 3000 pesos". Ese tipo de personas causan tanta admiración que por eso triunfan los programas de subastas y de tiendas de empeño.

Pero lo cierto es que, según me di cuenta hoy, en La Lagunilla es difícil encontrar esas cosas porque todo lo bueno ya se lo llevaron los hipsters. A lo mucho puedes decir:

- Si a esa mesita le meto un tornillo en la pata coja, queda como nueva

Y ahí vas cargando tu mesa vieja, como el Pípila, rezando para que el policía te deje meterla en el metro.

2 comentarios:

  1. sí pus sí. a mí me pasó una vez que me regalaban un radio modular de una señora que falleció, con la condición de que fuera por él. ahí iba yo bien contento con un señor que le di unos billetes a cambio de que me llevara; cuando llegué a donde era el asunto este, me dijeron que como no llegaba le habían dado casi todo a un señor que siempre les aceptaba cosas. tres días después fui a las chacharas de portales y ahí estaba, igualito, el mismo modular en venta. hasta se me salió la lagrimita por recordar :(

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  2. En el tianguis del Salado hay buenas chacharas y muy baratas porque aun no llegan los cochinos hipster a depredar. :p

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