lunes, 9 de enero de 2017

Las Pozas de Edward James en Xilitla

La entrada al Jardín Surrealista

De la Ciudad de México hay un autobús que sale directo a Xilitla cada día, a las 9 de la noche. Sale rumbo a Querétaro, de ahí a San Luis y luego se desvía por montañas hasta llegar a su destino. Xilitla es un lugar de una belleza extraordinaria, pero es más famoso porque el siglo pasado llegó ahí un millonario excéntrico del que se han escrito muchas leyendas: Edward James.

Edward James heredó una gran fortuna de su padre y del negocio minero. Amigo de Dalí, de Magritte y después de Leonora Carrington, decidió que en este lugar apartado de San Luis Potosí iba a hacer el legado de su vida: un jardín en el que el paisaje fuera protagonista y donde te sintieras como en una obra de arte. Y vaya que lo logró.


Llegamos a Xilitla como a las 5 y media de la mañana. El camión hace base en una callecita y ahí hay muchos taxistas que te quieren llevar a tu hotel (y que te encajan el diente, según me enteré después). Tocó la suerte de que el taxista nos llevó a Ave y a mí -y a otra pareja- por 75 pesos.

- 75 pesos es un robo -pensé entre mí- pero no me voy a poner a discutir a las 5 de la mañana

Le indicamos que nos llevara al hotel Casa Caracol y, según nosotros, de ahí nos moveríamos al Jardín (comúnmente llamado Las Pozas). Pero el taxista se perdió y no sabía ni por dónde :( Ya nos estábamos desesperando un poco cuando pasó una chica caminando. Bajé la ventanilla y le dije:

- Oye oye oye oye oye ¿no sabes a dónde está Casa Caracol? Estamos perdidos
- Sí, yo voy para allá. Si me llevan, los guío.

Afortunado encuentro :)

La Plaza


Resultó que la chica que nos encontramos trabaja con la Fundación encargada del Jardín y cuya labor es organizar pequeños grupos para que puedan visitar el lugar fuera del horario habitual (y algunas veces en guías nocturnas). Me quedé con los ojos de plato:

- Oye oye oye oye oye. ¿Y no nos puedes considerar en uno de tus grupos?
- Hmmm, pues no. 
- Oye oye oye oye, oye, ándale, oye, oye oye
- Okey, dejen voy por mis invitados y aquí los espero

Maravilla. Todas las fotos que ven en este post fueron tomadas gracias a ese encuentro fortuito. En ellas parece que el jardín está completamente vacío -y lo estuvo para nosotros- porque la mayor parte del día está rebosante de turistas. Mi cámara se dio vuelo.

***

Una guía excepcional

Resultó que el abuelo de la chica que nos llevó, trabajó como albañil en la construcción del Jardín: ella -además de ser encantadora y muy platicadora- conocía el jardín de pies a cabeza. Lo había visitado cientos de veces en su vida y se sabía cada rincón del lugar:

- Esa de ahí es la plaza
- Ahhhhhhhh <---- léase como "ah la baba"
- El de allá es el palacio de bambú
- Ahhhhhhhhhhhh
- Allá es la guillotina y esa la cortina gótica
- Ahhhhh ooohhhhhh ahhhh

Magia en cada rincón

Si ustedes quieren saber qué edificios y construcciones hay en este lugar, sería un poco torpe de mi parte tratar de enumerarlas, sobre todo porque uno puede entrar a www.laspozasxilitla.org.mx y enterarse de todo. Pero lo que sí puedo decirles es que cada rincón del lugar es maravilloso. Que si el piso de ahí tiene forma de cocodrilo porque ahí se murió un cocodrilo (¡oh!), que si esa escultura tiene forma de mano, que si allá guardaba a los jaguares, que si por acá las boas.

Que si allí se planeaba poner un cinematógrafo, que si esa escalera no llega a ninguna parte. Que si las piedras las trajeron de no sé dónde, que si acá hay un mural egipcio. Que si en esta casita hay ventanas escondidas, que si los arcos, que si el sarcófago, que de este lugar se pueden ver muy bien las estrellas.

Todo. Todo absolutamente es precioso en este lugar. Yo estaba en el éxtasis completo.

Lo que me pude enterar es que cuando murió Edward James, el jardín quedó un poco en el descuido y no fue sino hasta que la Fundación comenzó a arreglarlo que se puso en funcionamiento otra vez. Arreglarlo significa que le pusieron una cafetería, baños, entrada adecuada y algunos señalamientos. Pero dejaron que la selva hiciera su parte y se fuera comiendo poco a poco los sueños de este hombre excéntrico. Musgo en las piedras, enredadera en las paredes. Todo forma parte de la obra de James.

***

¿Quieren visitar este lugar?

Ahí van los tips:

1) En temporada alta, la fila puede ser de dos a tres horas. La entrada es lenta y pueden meter hasta 800 personas a la vez así que imagínense la cantidad de gente que hay. Abre a las 9 de la mañana, pero desde las siete y media ya hay gente formada.

2) Lo mejor es ir sin mochila y dispuestos a mojarse, aunque no es necesario hacerlo (¡pero caray, si ya están ahí!). Si traen su maletón, se puede dejar en el guardarropa.

3) Si a media fila les da hambre, no se preocupen: hay toda una economía local alrededor del lugar, Puestos de taquitos, helado, aguas, cocos, sombreros. 

4) La mayoría de las veces se ve así:

¡Foto, foto!

Lleno de gente :(

5) La entrada cuesta 50 pesos y no hay manera de salir y meterse de nuevo ya que el control se lleva con brazaletes electrónicos. Uno puede pasarse todo el día en el lugar (cierran a las 6), pero con dos o tres horas ahí puedes ver todo sin andar a la carrera. Exploren, fíjense en los detalles. No se claven en la gente que está a su alrededor. Aprecien la obra.

***

La naturaleza es el lienzo

Llegó un momento en el que nuestra guía se tuvo que despedir y, por si se lo preguntan, no tengo manera de contactarla. Nos alegramos haber tenido esa oportunidad y hasta ahí. Nos dejó solos en el lugar.

Ave y yo recorrimos el lugar un tiempo más, antes de que llegaran los turistas. Un rincón por ahí, unas escaleras por allá. Entramos a una cosa llamada "La casa de los patos". Tan bajita que apenas podía estar en pie. Me fijé que había unas ventanas ovaladas a unos cuantos centímetros del suelo:

Casa de los patos

- Aquí debió haber una hamaca
- Sí, estaría padre -dije
- No, me refiero a que seguramente aquí había una hamaca. Fíjate en las ventanas a esta altura, como si estuvieras acostado

Me agaché y efectivamente, si hubiera una hamaca colgando de las paredes, las tres ventanas quedarían en perfecta posición. Me imaginé a Edward James, acostado, leyendo un libro, mientras afuera los zanates graznaban y escuchando el agua de la cascada a pocos metros.

La naturaleza y los sueños de este británico hicieron una obra de arte como no hay otra en el mundo. En ese momento decidimos seguir nuestro viaje.

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