miércoles, 1 de febrero de 2017

Plantones y enfrentamientos



Muchos me preguntan cómo es vivir en una ciudad llena de plantones. Más aún, Milenio queda a tres calles de la Secretaría de Gobernación, así que todo pasa alrededor. Todo. Estamos acostumbrados a eso.

Los campesinos, maestros o sindicatos llegan en camiones: son cientos de personas. Esos cientos de personas necesitan cubrir sus necesidades básicas: comer y dormir. Ir al baño. Todos los locales alrededor lo saben y cobran 5 pesos para dejar entrar al sanitario. Algunos estacionamientos han habilitado regaderas y algunos, hasta con agua caliente.

Los manifestantes duermen en el suelo, con muchas cobijas. Si el plantón se prolonga, montan casas de campaña.

Es interesante la economía local.


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Tlayudas, cobijas y cartas

Generalmente paso por la calle de Bucareli o Morelos en mi bici. Veo cómo es el movimiento. A veces me paro a comer una tlayuda y platico con la gente de ahí. Llegan muchos vendedores ambulantes: los que rifan son los que venden pan a 6 pesos. Hay muchos triciclos por todos lados. Cuando llega la noche y los granaderos apostados alrededor de la Secretaría tienen hambre, se acercan a los puestos. Todos tienen que comer. Es común ver a los policías comiendo con los campesino. Ahí te das cuenta que todos somos iguales.

Los mismos manifestantes llevan cosas para vender: cobijas de lana, lámparas, banderas, juegos de cartas. También películas piratas, cables para celular y baterías portátiles. Pasar las horas y los días en esas condiciones, merman a cualquiera. Prenden anafres, fogatas en el piso. Las mujeres llevan recipientes de comida y todos cenan, sin distinción.

Invariablemente hay una carpa o un sitio donde se reúnen las cabezas de la organización: repiten una y otra vez porqué están luchando. Les quitaron las tierras, el mal gobierno, el gasolinazo. Los oradores toman el micrófono y algunos aplauden. Esta carpa es vital para que no decaiga el ánimo. Preparan los gritos de lucha, dan el plan para el siguiente día.


Pero también se divierten. Uno por allá pone una bocina con música de banda y siempre hay quien se anima a bailar. Los demás le hacen bola. Los granaderos, a pocos pasos siempre, los ven y mueven la cabeza con ritmo. Mientras los manifestantes se pueden mover a placer, los granaderos tienen que quedarse fijos en su sitio. El ochenta por ciento de ellos saca el celular y se clavan viendo la pantalla. ¿Qué verán? ¿Platican con su familia? ¿Ven videos de YouTube? ¿Le dicen a sus hijos que esa noche no van a llegar?

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No somos uno, no somos cien, pinche gobierno, cuéntanos bien

Hoy pasaba por Reforma y me metí con los campesinos. Estuve escuchando un rato sus reclamos: esta vez, les quitaron tierras. Si a mí me quitaran mis terrenos, también estaría encabronado.

Uno de los oradores repetía una y otra vez que era una protesta pacífica. Pedía que todos levantaran sus banderas y que no cayeran en provocaciones. De pronto los granaderos llegaron y las cosas se pusieron muy tensas. Los campesinos trataron de levantar una carpa en medio de la avenida y los granaderos no los dejaron: encapsularon a los que realizaban esa labor y trataron de sacarlos. Los campesinos encapsularon a su vez a los granaderos, que no podían salir.

Detrás de mí, algunos comenzaron a aventar botellas de pet vacías. Una y otra más. Cuando nos dimos cuenta, alguien ya había tirado un gas lacrimógeno y todos salimos corriendo. Los campesinos reaccionaron con violencia y tiraron piedras, tubos -y lo que tuvieran a la mano- a los granaderos que formaron una pequeña célula en medio de la avenida.

Pude grabar todo eso y transmitirlo vía Periscope al momento. Si quieren verlo, acá está el link.

@Cuartoscuro

Los granaderos alcanzaron a llevarse a uno o dos manifestantes. Atrás de ellos, estaban las ambulancias para atender a los caídos. Las mujeres y los ancianos se quedaron a un lado, gritando que ya pararan la pelea. De repente algunos campesinos arrancaron una señal de tránsito que usaron como ariete para romper la formación de los granaderos.

Minutos después volvió la calma. Iniciaron las negociaciones y permitieron que la protesta siguiera, pero sin violencia.

En la célula de los granaderos había hombres y mujeres. Una de ellas, que quedó adelante, se cubría la cabeza al mismo tiempo que sujetaba el escudo. Su desesperación era evidente. Uno de los campesinos tiraba piedras a ras de suelo, para pegarles en las espinillas. Alcanzó a darle.

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¿Unidos por México?

No podría decir que hay un culpable de lo que pasó. Por lo menos, no una sola persona. Si bien los manifestantes estaban en todo su derecho de plantarse, los granaderos también seguían órdenes. Los campesinos les gritaban consignas para sensibilizarlos "¡ustedes también son mexicanos!", "¡es injusto lo que nos están haciendo!". Malas políticas de gobierno, corrupción en todos los niveles.

Volví a pasar por la tarde por ahí. Todo estaba tranquilo. Los granaderos comían pan con los plantistas, uno por allá compraba un cable. Los camiones estaban en su sitio, otros por allá jugaban futbol con una pelota vieja. Y las filas interminables para entrar a los baños. Turistas que pasaban por Reforma, tomaban fotos. Todos estaban muy cansados.


Y mañana comenzará otro ciclo de pelea y protesta. Quien hoy estaba comiendo tacos de chicharrón, mañana levantará una bandera y golpeará con el asta a los granaderos que hoy no llegaron a dormir. Y los granaderos se llevarán a un campesino que está a muchos kilómetros lejos de su casa, quejándose de un gobernador o presidente municipal que no supo hacer su trabajo. Una y otra vez...

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