miércoles, 8 de marzo de 2017

Feliz Día de la Mujer

En mi casa nunca hubo igualdad de género. Esto se debe a que, de manera indirecta, mi mamá me enseñó a ver a las mujeres como un ser superior, cúspide de la evolución humana y epítome de todas las cualidades y virtudes conocidas por el homo sapiens. Los inferiores somos los hombres, que somos como cavernícolas.

Por ejemplo: no importa cuánta prisa lleve yo como hombre. No importa que esté completamente arreglado y bien peinado con limón: quien decide a qué hora se sale de la casa es la mujer. Ella es la que determina cuándo es momento de irse "y cuidadito mijito con carrerear a una mujer". Si la bella damita tiene que echarse tres kilos de sombras y pintalabios, uno tiene que esperar paciente a que eso suceda, sin protestar.

- Qué bonita eres mamá -le decía yo a mi mamá, que salía de casa con un tubo de plástico colgando del cabello, como Doña Florinda
- Cállate y apúrate, menso

**
¡Ah la mujer, tan bella, tan bella, tan bella! La mujer sabe y puede hacer todo, mejor que los hombres. Es más inteligente, más sagaz y más hábil. Los hombres solo tenemos fuerza bruta que no sirve de nada a la hora de hacer unos huevos rancheros o prepararse un bistec. Mi mamá lo sabía y me ponía enfrente de la estufa:

- Para que no seas inútil cuando seas grande, ponte a pelar los chiles poblanos, ándale.
- Pero quema, mamáaaa
- Ándale ándale ¿qué? ¿de grande solo vas a hacer sándwiches? Órale, quítale las plumas a las patas de pollo
- Pero huele feo, mamáaaaa
- ¡Sin chillar!

Dos consecuencias tuvo esa educación: que hoy puedo cocinar desde un taco de frijol hasta una paella, y que tengo manos a prueba de fuego, con callos refractarios. A mí pónganme a calentar tortillas, que no me quemo.

**
Pero no solo mi mamá fue culpable de mi educación: tengo dos hermanas y tres primas. A veces hacían reuniones familiares y si las primas querían jugar, solo había dos opciones: juegos como "encantados" o "las trais"... o muñecas.

- No me gustan las muñecas
- Pues no juegues, vete al sillón a leer
- Yo quiero jugar carritos
- No hay carritos, vete a leer

Y me volví un niño taciturno y solitario que se ponía a leer el Pequeño Larousse o el libro de conjugaciones de Andrés Bello, porque no había otra cosa. Cuando me cansaba de leer les decía:

- Bueno, pues a jugar
- Tus primas ya no están jugando, están ensayando las coreografías de Flans
- ¡No me gusta eso!
- Pues siéntate a verlas y diles cuando se equivoquen

Hoy podría repetir la coreografía de Bazar o Tímido, de tantas veces que vi bailar a mis primas y a mis hermanas.

**
Así que cuando comencé a tener novias, yo sabía que tenía que amarlas, cuidarlas, procurarlas y admirarlas. Si la novia quería un refresquito, yo le pasaba el destapador. Si la novia quería una torta de salchicha, yo le acercaba el plato de chilitos. Eso me ganó la simpatía de las féminas, que decían:

- Ay ay ay, qué bien educado
- Así me criaron
- Huy huy huy, pues mis felicitaciones a la mamá, que te enseñó cómo tratar a las mujeres

Y entonces pensé: tal vez mi mamá hizo todo eso, no para que yo me ganara la simpatía de las mujeres, sino para que todos admiraran el buen trabajo que hizo ella. Es decir, en un mundo de mujeres, siempre ganan las mujeres.

Pero está bien, porque los hombres somos unos brutos. Feliz día de las mujeres, a todas las mujeres :)

5 comentarios:

  1. :( Ni las mujeres somos dechados de perfección ni los hombres son brutos cavernícolas, ¿qué no son justo las ideas de que un género es más o menos que otro las que han fregado toda convivencia saludable?

    ResponderEliminar
  2. Chingale un sake y arares en honor a las caídas manito! tu jefecita es chidoria igual que tu jefecito que amachina chido! Salucita para todos y todas que se jala parejo! :D

    ResponderEliminar
  3. Buen post, solo me quedó una duda, también tus hermanas preparan desde tacos de fríjol hasta paella? Saludos :)

    ResponderEliminar
  4. Jajajaja me encanta leer tus anécdotas y pensares xD
    Saludos Memo!

    ResponderEliminar

Ustedes hacen el blog :)