miércoles, 12 de abril de 2017

Anatomía a la mexicana


A veces a los mexicanos nos duele la chompeta: la maceta pues. Nos sobamos la calabaza con los dedulces de la manopla. Pero nada duele más que el dolor del cucharón. Duele más que un manazo en la tepalcuana, que un pellizco en el tostón o que te aprieten el monedero. Ahí va uno por la vida, arrastrando los remos, con las patrullas adoloridas, porque la morra decidió irse con un güey que sí tiene lavadero y uno, que no lo fajaron de chiquito, tiene tremendo callo.

Pero no hay pedo: hay que amarrarse las canicas y apretar el uyuyuy. Cerrar la buchaca, abrir bien los oclayos y pasar saliva por el gañote.

Porque así es la vida, ¿o no?

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