domingo, 23 de abril de 2017

Las nuevas convenciones de cómic: el triunfo de los ñoños



La primera convención de cómics a la que fui, fue una Conque. Fue en 1994, en el Poliforum Cultural Siqueiros y aquello era muy diferente a lo que se ve hoy: de toda la república llegaron historietistas a mostrar su trabajo. Me acuerdo que quedé muy asombrado con el trabajo de Ultrapato y era emocionante ver a tanto ñoño reunido.

Yep, ñoños. Ñoños noventeros que íbamos con unos cómics viejos en la mano y que en los pasillos nos mostrábamos nuestros dibujos horribles. Fue en la época preinternetera. Yo quería ser el nuevo Alex Ross y me dediqué a hacer acuarelas imitando el estilo de ese artista. Fracasé estrepitosamente y me dediqué a escribir.

Luego fui a una Mole: La Mole era un gran tianguis de cosas en donde podías comprar cómics originales y... pues... piratería ¡HEY! ¡Antes no se podía comprar nada que no fuera piratería! Las grandes empresas no se fijaban en México como un mercado potencial. ¿Estudios de cine presentando sus estrenos aquí? ¿Qué? ¡Ni en sueños!

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Pero si algo tienen los ñoños a su favor, es que somos muy aferrados. Cada vez que había una convención nueva, ahí íbamos en manada. Los organizadores como Luis Gantús y Septién (a saber, los de Conque y Mole) eran más aferrados. Un día a Gantús se le ocurrió llevar a Stan Lee y eso -viéndolo hacia atrás- fue un triunfo y un caos total, pero muy divertido. Un día La Mole se mudó al WTC y dejó atrás la piratería. A través de los años el mercado fue creciendo y creciendo, en parte porque leer cómics es muy divertido, pero también es divertido ver todo lo que está alrededor de esa industria de entretenimiento.

Porque eso es, es entretenimiento. Se puede uno ver todo lo académico e intelectual que se quiera, pero es para entretenerse y divertirse :P ¿Ir por los pasillos y ver a un wey disfrazado de Superman panzón? ¡JA!

Lo que me parece milagroso es que en pocos años pasamos de ser un mercado olvidado, a un punto de referencia. Y me encanta.

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También los ñoños cambiaron: antes éramos chavillos con libretas arrugadas y ahora llevan cámaras ultra hd de 360 grados para transmitir en directo a sus amigos y seguidores. Antes pedías un autógrafo en una hoja de cuaderno y ahora hasta te pueden hacer un sketch original. Todo cambió, el público cambió y también los expositores. Los más aferrados se hicieron editores, dibujantes profesionales, coloristas y creadores de arte. Antes a las convenciones nomás íbamos los que gustábamos de Superman y Spiderman y ahora van familias completas que nunca en su vida escucharon hablar de Venom.

Porque el triunfo de los ñoños consiste en eso: pasamos de ser un mercado cerrado a una cosa más abierta y plural, cobijados por la flexibilidad del medio. El riesgo, me parece, es que se pierda en la banalidad y que en algunos años dejen de hacerse cómics. Pero confío en el aferre. Hay muchos chicos que hacen fanart y posters bonitos, pero que todavía no encuentran cómo hacer sus propias historias. Ya lo lograrán.

¿Pueden mejorar las convenciones? Claro que sí. Ayer platicaba con unos amigos que no faltará mucho tiempo para que venga Robert Downey Jr a presentar la nueva película de Avengers. También hace falta impulsar un poco más el mercado interno: otro amigo me decía que hace falta que alguien haga un reconocimiento creíble a los cómics nacionales. Algo así como el premio Will Eisner: que se haga un recopilado de los trabajos que se están haciendo, pero de a deveras y sin envidias. Y créanme que hay mucho de dónde escoger.

Faltan quince días para que comience la Conque y echando un vistazo a las actividades parece que va a ser una gran fiesta de cómic y entretenimiento. La Mole ya anunció que su siguiente edición va a ser en Noviembre y promete ponerse mejor. Estoy pensando escribir estos días sobre eso y espero poder asistir.

Les digo, el triunfo de los ñoños :)

Esta imagen de Augusto Mora refleja perfectamente cómo se siente el paso del tiempo :)



1 comentario:

Ustedes hacen el blog :)