domingo, 28 de mayo de 2017

Crónicas desde Tijuana: Playas

Playas de Tijuana

El taxista que nos llevó a la Playa Binacional (aclaración: nadie le dice playa binacional más que yo y Wikipedia. Para los tijuanenses es Playas de Tijuana. Es porque soy ñoño) nos contaba que escapó de la Ciudad de México hace 30 años.

- Nunca regresé. Con el favor de Dios regresaré en septiembre
- No la va a reconocer, está muy cambiada -le digo
- Pues a ver. Quiero ver a mi familia.

El trayecto de la Zona Río (que es donde está la Feria del Libro) a Playas es de 20 minutos. Ave va de un lado del auto, con lentes oscuros, después de desayunar un gran plato de chilaquiles y mucho café. El taxista me va describiendo lo que vemos: la línea para cruzar la frontera, la zona de la garita, el muro. "Allá está San Diego: si quiere cruzar debería de aprovechar porque la fila de autos está corta, solo es de dos horas y media". De vez en cuando veo migrantes vendiendo cosas o simplemente sentados a lo largo del camino, viendo la vida pasar.

Del lado de Playas, la ciudad de San Diego se ve muy cercana. A tiro de piedra. El sueño americano, tan lejano para el que no tiene papeles.

***

La esquina más septentrional de Latinoamérica tiene un monumento que indica que ahí comienza todo. El muro de este lado se compone de rejas por las que no cabe una persona adulta, pero sí un niño pequeño. Las rejas están pintadas por diferentes colectivos que lo mismo dejan una frase de Acción Poética, que ponen su firma. "Familia Garduño. Honduras". "Héctor Aguilar RIP". "La esquina donde rebotan los sueños".

Veo una familia de mexicanos que platican con su familiar de Estados Unidos: "¿Cómo estás?" "Bien" "Mira, te traje a tu niña" "¡Estás bien grandota!". Duele el corazón. Una vez al año, y gracias al trabajo que hacen las fundaciones en pro del migrante, estas rejas se abren menos de 5 minutos para que los indocumentados puedan abrazar a sus parientes del lado mexicano. Luego, cada uno se regresa a su lugar y adiós carnal, nos vemos en 12 meses.

De este lado del muro

Me llama la atención la gran cantidad de vendedores de churros que hay aquí. No sé quién habrá sido la primera persona que dijo "se me antoja un churro con chocolate para comer en la playita con este calorcito", pero hoy es tradición y se ven por todos lados. Hay muchos niños jugando y muchos enamorados, remojando los pies en el agua.

Viendo a lo lejos, se ve la bruma. El agua de esta playa es fría y la arena gruesa, aunque no tanto como la de Veracruz. Hay muchas piedras y muchas conchitas, cosa que ya no se ve en Acapulco, por ejemplo. A lo largo de la playa hay un malecón de madera, muy bonito, con muchos restaurantes para comer mariscos: el platillo más popular aquí es el "Coco con camarones", que es un coco a medio abrir al que le sacan el agua y le raspan un poco la pulpa. Luego, le echan una mezcla de pepino, clamato, cebolla, limón y un buen puño de camarones.

Las casas que dan a la playa tienen mensajes y murales artísticos. De hecho todo Tijuana está lleno de manifestaciones artísticas en forma de grafitis o stickers pegados en los postes. En ese sentido, se parece mucho a la Ciudad de México: apenas hay una buena barda y los artistas de street art se adueñan de ella. Hay una casa que parece barco pirata, supongo que es un restaurante o el sueño de un tijuanense loco (lo cual me recuerda que debo buscar la casa de la Mujer Blanca, muy famosa por aquí).



Aunque hace mucho sol, no hace calor. De hecho el aire se siente fresco, pero no tanto como para ponerse suéter. Se me antoja una cerveza y voy con Ave a un puesto que está en el malecón que tiene un gran letrero que dice "Micheladas".

- Yo quiero una cerveza normal y para ella una michelada con clamato -digo
- No hay cerveza normal -dice la vendedora
- ¿Entonces con qué hace la michelada?
- Con cerveza, pero no se la puedo vender sola, nomás preparada

Refunfuño. A lo largo de los días entenderé que ese es un código muy raro que hay aquí: hay locales que venden cerveza sola y otros de cerveza preparada. Está bien tomar michelada en la calle, pero no chela. Supongo que las autoridades deben de pensar que "empeda menos", aunque en la playa se me hace un poco ridículo.

Ya estamos bastante lejos del muro y volteo a lo lejos. Hay una parte de él que está pintada de azul clarito. Da la impresión que ahí no hay nada, pero qué demonios. Es solo una ilusión.

2 comentarios:

  1. Disfruté mucho tus crónicas de Tijuas. Yo también cuando fui, leía a Croswhite :)

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  2. wow que intenso :'(
    y de alla para acá como estara la barda?

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