martes, 30 de mayo de 2017

Crónicas desde Tijuana: Tres lugares imperdibles




La Estrella

Pagas 60 pesos y el de la entrada te da una cerveza Bud Light. Subes una pequeña rampa y lo que se ve es un gran salón de fiestas lleno de gente bailando en medio de luces estroboscópicas. La Estrella es "el lugar para bailar cumbia", según dice su slogan, pero a la hora que yo llego la gente está bailando a los Venga Boys y poco después, High Energy.

Ave, Flor y yo nos acomodamos en un extremo de la pista. Bailamos en grupo, dejándonos ir. Suena música disco, luego rocanroll y después, algo de banda romántica, para bailar pegadito. Un animador repite la misma fórmula que funciona en todo el país "¿Ya se cansaron?" "¡Un grito de las mujeres!". Es una fiesta en la que todos aplauden y brindan con extraños.

Lo que resulta más curioso de este lugar es que cerca de la mitad de la gente que viene aquí tiene más de 50 años. Un señor que debe de rondar los 70 está bailando con unas mujeres que hace mucho pasaron sus 4 décadas. Dos señoras a las que yo les calculo el medio siglo, se pusieron un bonito vestido de flores, un collar de perlas falsas en el cuello y están sentadas en la mesa junto a nosotros, con una cubeta de chelas. Bailan lo que les pongan, desde el mencionado High, hasta "ahora Símbolo te va a enseñar un pasito nuevo pa' gozar".

Me dicen que este es el lugar favorito de los obreros que salen de la maquiladora y vienen aquí, a descansar, a ver cómo bailan los demás, a echarse una cheve y a ligar. Uno de estos hombres trata de sacar a bailar Flor (cuando suena la música romántica), y ella lo rechaza cortésmente. Reímos. Una señora gordita que apenas puede brincar trata de alcanzar un globo que cuelga del techo. Alguien lo alcanza y se cae toda una cadena de globos amarrados con hilo. La gente de la pista los pisa haciendo una escandalera. Botas picudas y zapato de tacón, reventando globos verdes entre carcajadas, como niños.

Todos ríen. Todos bailan y se divierten. Me encanta.

***


El Club Hawaii

Lo primero que veo entrando al Hawaii es a un tipo musculoso y sin camisa, que nos lleva a una pequeña mesa redonda. Detrás de él, un travesti vestido de Juan Gabriel hace playback de "Yo no nací para amar". Dos hombres gorditos junto a la pista entrelazan sus bigotes en un beso salivoso y cachondo.

El Hawaii es un antro gay en donde lo mismo entran chicas que buscan la compañía de un stríper, que jóvenes que van a ligar. Uno de ellos, sentado junto a mí, me platica:

- Yo salí de la Ciudad de México a los 19. Desde entonces vivo en Tijuana. Tengo 33 años.
- ¿Te gusta aquí?
- Me encanta. La diferencia entre Tijuana y la Ciudad de México es que en las dos ciudades puedes hacer lo que quieras pero ¿sabes qué? Aquí les va-le ma-dre -dice esto con una risa escandalosa y le agarra la pierna al chico que está junto de él.

En la pista aparece un "policía" que se quita la ropa, aunque pocos le hacen caso. Luego una "Marisela" de más de dos metros que canta "Tu dama de hierro" y reta a los asistentes. El plato principal es otro Juan Gabriel, que no se parece mucho al Divo de Juárez, pero que canta igualito.

Junto a nosotros hay dos veinteañeras que agarran una borrachera impresionante. Se hacen acompañar de un tipo moreno y de rostro adusto que no trae camisa y al que acarician lascivamente. Poco después llega otro bailarín a cachondearlas. Ellas se emocionan y sacan más dólares. Otro y otro más. Después de una hora son cuatro bailarines alrededor de las chicas.

Otros chicos las jalan a un lado y les advierten que ya están muy borrachas. Una de ellas le da un manotazo y pide que la dejen en paz. Le mete la mano al pantalón a uno de los bailarines y éste le besa el cuello. Sándwich entre todos. En algún momento uno de ellos se saca el pene y lo pone encima de la mesa. Ella lo acaricia, con los ojos desorbitados.

Lo primero que pienso es "¿Alguien habrá puesto su pene o nalgas en esta misma mesa en la que yo estoy tranquilamente recargado y colocando mi cerveza?". Tiempo de moverse de lugar.

***





El Honk Kong

Cosas que se dicen del Honk Kong:
1) Es el table más grande de Tijuana
2) Es el table más grande de México
3) Es el table más grande del mundo

100 pesos me cuesta pasar al HK, pero me regalaron una cheve. El tipo de la entrada vio mi cámara de video y dijo "no se pueden tomar fotos", pero aún así trato de sacar una (sin éxito). El edificio se despliega como uno de esos costureros de abuelita: al centro hay varias pistas donde bailan mujeres hermosísimas y arriba, a los lados, más y más pistas y sillones. Pistas y más pistas, en un laberinto de escaleras, cristal, luces de neón y tubos.

Veo todos los fetiches: la chica que parece maestra, la chica que parece alumna. Mujeres en cuero (y en cueros), pechos enormes, chicas envueltas en batas de seda saliendo con hombres que a todas luces se ven mafiosísimos. Piernas kilométricas, bailes en espuma. Decenas y decenas de hombres que sacan billetes y los colocan en el cuerpo de las chicas. Las chicas a su vez, se dejan tocar y ponen los billetes en cubetas que se llenan una y otra vez.

Es tanto el dinero que circula en este lugar, que hay un hombre que toma las cubetas llenas y se las lleva. Los billetes que están llenos de espuma los vacían en una alberca donde hay dos chicas nadando. Un gringo trata de sacar una foto: una de las mujeres toma una bola de espuma y la arroja al celular. Es imposible tomar fotos aquí: la seguridad es impresionante.

Uno piensa en estos lugares como burdeles deprimentes, sucios y deplorables. El HK es pulcro, como una copa recién lavada. La plática que tengo con una chica sobre este lugar es que, justamente, nos voló la cabeza:

- Los hombres piensan que vienen a este lugar a hacer lo que quieran con las chicas
- Ajá
- No se dan cuenta que las chicas hacen lo que quieren de los hombres
- Ajá, de hecho ellas ponen las reglas aquí
- En apariencia, porque seguramente hay toda una red mafiosa detrás de este lugar
- Sí, pero lo cierto es que los hombres que vienen aquí son como niños y no se dan cuenta, ¿viste la cantidad de dinero que les sacan?
- Aquí las chicas son una máquina de sacar dinero. Y no sé qué tan bien hable eso tanto de ellas como de ellos.

Este lugar es increíble, tanto para lo bueno como para lo malo. Salgo de ahí y veo el reloj gigante en el arco de la Avenida Revolución: casi las seis de la mañana ¿cómo pasó tanto tiempo?.


2 comentarios:

  1. Nunca he ido a ninguno de los tres lugares que describes aquí en esta entrada, pero con solo leerlo, siento como si hubiese estado ahí en primera fila o_o escribes súper padre Memo, gracias por compartir tus experiencias aquí, un saludo!

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  2. Muy bien Memito, pensaba que no irías a la comida china pero por lo visto al final lograste convencer a Ave de que te diera chance de ir.

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