viernes, 26 de mayo de 2017

Crónicas desde Tijuana: Tropics, Zacazonapan, Copacabana.

Vendedor de cigarros en el Zacazonapan
Cuando uno oye "Bar Tropics", se espera –por lo menos– decoración de palmeras, piñas coladas o de menos, cumbias. El Tropics de Tijuana, casi enfrente del Dandy, no cumple con ninguno de estos requisitos: es oscuro, con espejos en forma de arco, una barra vieja de madera y meseros, arriba de los 50 años, que te sirven caguamas de Tecate o de Indio. Huele a miados. La pestilencia de los baños invade el lugar. La cagua cuesta 60 pesos, con vasitos de plástico. Ni pensar en pedir alguna botana. Hay mesas viejas y cajas arrumbadas al fondo.

Horrible. Un pinche bar malo, como los peores a los que he ido en la CdMx. ¿Por qué nos quedamos ahí un gran rato? No sé: supongo que el encanto del Tropics es que la cerveza es barata, muy fría y no pretende nada más. No es fancy, se ve que no lo arreglan desde que lo abrieron. Las meseras te traen tu caguama y listo. Decidimos movernos.

Melina de Guadalajara, Mario de Nicaragua y Daniel de Cuba.

Salimos. El aire fresco de Tijuana nos pega en la cara cuando caminamos por la avenida Revolución. Debo decir que en esta ciudad es muy fácil ubicarse, ya que la calle más cercana a la frontera es la Primera y de ahí, se va contando pa' arriba. El Dandy y el Tropics están en la Sexta, así que no hay pierde. Detalle importante: las calles más cercanas a la frontera son zona roja. Pero ya platicaremos de eso.

Me sorprende que no puedo reconocer un tipo característico de persona en Tijuana. Lo mismo puedes ver a gente muy elegante o jóvenes vestidos a la moda que cholos chicanos. Y lo interesante de la ciudad es que todos conviven sin problema: vi mujeres guapísimas que pasaban junto a hombres rudos que estaban sentados en una jardinera. Las voltearon a ver de reojo y cada quien siguió en lo suyo.

Noches tijuanenses
***

El Zacazonapan tiene su propia leyenda, la cual dice que en los baños puedes conseguir cualquier clase de droga y que siempre huele durísimo a mariguana. Es un bar al que entras bajando unas escaleras. Sí: alguien por ahí se estaba echando un churro, pero no eran tantos como yo imaginaba (aunque apenas era media noche). Le pregunté al vendedor de cigarros cómo conseguir yerba. Me dijo que el mesero sabía quién era el que estaba vendiendo ese día o que "le avisara y él veía cómo me la traía".

Al parecer el consumo es tolerado. Creo que la regla es que mientras no molestes a los demás, está bien. La zona alrededor del Zacazonapan está llena de prostitutas que esperan afuera de pequeños hoteles y cuartos para coger. No estuvimos mucho tiempo ahí, sobre todo porque éramos muchos y ya nos dolían los pies de tanto andar de acá para allá. Salimos de nuevo, vimos a una patrulla frente a nosotros y aceleramos el paso. No es que hubiéramos hecho algo malo, solo fue la costumbre.

El Zaca

***

Joel decidió que termináramos la noche a pocos metros de ahí. El Club Copacabana es un local medio vacío con una pista en medio del lugar, en la cual hay un tubo para hacer pole dance. La cerveza, barata. La rocola tiene canciones de Límite, Bronco, los Cadetes de Linares, pero también de Metallica y de los Creedence. Juntamos unas mesas y nos acomodamos ahí a beber y platicar.

Un fotógrafo local se acercó: luego me enteré que el oficio de los fotógrafos en la Revolución es viejísimo y que es toda una tradición. Al poco rato regresó y me vendió una imagen fea y mal impresa por 50 pesos, que le di con mucho gusto. Estaba contentísimo. A los pocos minutos llegó un tipo con una máquina de toques y nos pidió que hiciéramos una cadena.

Las mujeres saltaron asustadas porque el güey le subió demasiado rápido a la corriente. Solo nos quedamos Joel y yo y nos dijo que nos agarráramos. Le subió a todo. Ni nos agüitamos. Le pagamos 20 pesos:

- Eso fue una señal de electricidad, Memo
- A huevo
- Pacto eléctrico, Memo.

Bailamos. Las caguamas se iban rápidamente. Antonio Ramos bailaba con Ave y yo reía. Flor me sacó a bailar y le enseñé cómo bailan cumbia los chilangos. De repente Melina, Mario y Daniel se desaparecieron. Luego Antonio y Gabriel. Nos quedamos Joel, Flor, Ave y yo.

Las chicas pusieron canciones en la rocola y se empecinaron a no irse hasta que salieran. Una y otra vez iban pasando las rolas hasta que gritaron "¡Esa es mi canción!". Bailamos. Luego de eso pedimos un Uber y nos fuimos al hotel. Ya no supe más de mí, caí en el fondo profundo de la borrachez.

Ave y yo despertamos a las diez de la mañana y bajamos por un café. Nos encontramos a Gabriel Rodríguez y le preguntamos a qué hora se fue del Copacabana, para calcular cuánto tiempo dormimos:

- Yo me fui a las 4
- ¡NO MAMES! ¡Nos quedamos mucho después de que tú te fuiste!
- Er... de hecho yo creo que acaban de llegar.

Hicimos cuentas: nos fuimos a las seis de la mañana del Copacabana y solo dormimos tres horas y media. Y estábamos fresquísimos. Demasiados bares, lo que necesitábamos era tomar el sol. Eso sería en un rato más. Mientras, a desayunar fruta y un buen café.

Puro guapo.

7 comentarios:

  1. Ya te merecías una desconectada asi Memo, que bueno que pudiste darte una escapadita :D

    ResponderEliminar
  2. :O no me digas que ese es @el_Neb o lo confundo?

    ResponderEliminar
  3. :O no me digas que ese es @el_Neb o lo confundo?

    ResponderEliminar
  4. Memo, nada más por conocer en plan cultural que no recreativo, ¿apoco no fuiste al Hong Kong?

    ResponderEliminar

Ustedes hacen el blog :)