lunes, 24 de julio de 2017

Armando: el primer tortero de México



Dice Jorge Ibargüengoitia, en su libro "Instrucciones para vivir en México", de las tortas de Armando:

"La torta de Armando es una creación barroca en la que intervienen aproximadamente 25 elementos —entre los que se cuentan el filo del cuchillo y la habilidad del operador para rebanar la lechuga— en un orden riguroso. Si se altera el orden —por ejemplo, si se pone primero el chipotle y después el queso— o si la calidad de alguno de los elementos falla —que el aguacate sea pagua— lo que se come uno, en vez de ser es torta compuesta, es un desastre."

Armando fue el primer tortero de México y el que le dio nombre, en 1892, a lo que hoy conocemos como torta. Comenzó muy jovencito, afuera de su zaguán en el número 52 de la calle 16 de Septiembre, al lado de la casa de herramientas Boker. Compraba pan francés (conocido como telera) y le quitaba el migajón con gran habilidad. Hay crónicas que narran su precisión con el cuchillo y cómo todos guardaban silencio mientras él iba preparando sus pedidos: tortas de jamón, de queso de puerco, de pierna de cerdo. Las acompañaba de un vaso con agua de chía (otra cosa que él inventó) y que lleva limón y naranja.

Armando pronto se hizo famoso. Todos querían probar sus tortas. Fue entonces cuando se cambió de lugar y nació la primera tortería de México, en el número 38 de la calle Motolinia (antes Espíritu Santo).

Una torta de Armando
Dice Ibargüengoitia que un día Armando fue enviado a una misión diplomática a Francia y que viajó allá con un canasto de aguacates. No sé si eso sea cierto. Lo que es cierto es que la calidad de la torta nunca bajó: Armando preparaba sus chiles en vinagre y hasta los chipotles, que ponía a placer en las mesas. De la calle Motolinia el negocio se cambió a su ubicación actual: la calle de Humboldt, esquina con Reforma. Está escondidita, atrás del hotel Real Cinema, junto a un estacionamiento. Para más señas, está a una calle del Caballote de Reforma.



Hoy, la nieta de Armando lleva el negocio que ya no es solo de tortas. En la acera de enfrente se encuentra un pequeño desayunador y a unos metros un restaurante que lleva el mismo nombre y en donde venden comida corrida. Pero las tortas siguen en su lugar, no son nada caras y tienen los mismos ingredientes desde hace más de 100 años. Una tortita de jamón cuesta 25 pesos, una especial (de Bacalao, Pavo o Pierna) cuesta 40.

Vayan: es un negocio muy pequeño y en las paredes hay muchos recortes de periódico que cuentan la historia del lugar. Y podrán ver más fotos de ese jovencito que, armado con un cuchillo, cambió la gastronomía de nuestro país para siempre.


1 comentario:

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