domingo, 23 de julio de 2017

Frijoles en casa


Hace unos días leía un estudio donde decía que los mexicanos ya NO comemos frijoles. El consumo de frijoles en nuestro país ha bajado más de cinco veces en la última década.

Lo primero que se me ocurre es que es por culpa de la olla express. En los hogares modernos (es decir, de los veinteañeros, treintones o hasta cuarentones) difícilmente hay una olla express en la cocina. Ninguno de mis cuates tiene una: ese aparato del diablo que explota a la menor provocación y que nuestra mamá manejaba como quien tiene una barra de plutonio en las manos, ha salido de nuestras cocinas.

Sin olla express no se pueden hacer frijoles. Bueno, sí se puede, como antes: los dejas en una cazuela a fuego bajito durante 6 o 7 horas. Pero aceptémoslo ¿quién se va a quedar 6 horas en una casa esperando a que se hagan los frijoles? Ni loco ¿Dejarlos en la noche? Capaz de que se apaga el piloto y todos mueren de intoxicación. Es por eso -creo yo- que los mexicanos ya no comemos frijoles.

Aunque se me ocurre otra razón: durante años y años nos metieron en la cabeza que comer frijoles es de pobre y que es mejor comer carne. Tantos y tantos chistes sobre los pobres frijolitos hicieron que ya dejemos de comerlos (¡y tan ricos que son!). Porque eso sí: la única manera que tenemos de comer frijoles son refritos y en paquete (los Isadora salen muy buenos, debo decir). Pero frijoles caldosos, nah. Eso no.

Ave y yo comemos muchos frijoles. Así que les voy a contar cómo cambiamos nuestra manera de cocinar.

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Slow food

Lo primero que hemos hecho es aceptar que la comida de casa es mejor y que hubo un cambio generacional con las mamás y las abuelitas: antes se hacía todo en casa y en ocasiones especiales se comía afuera. Hoy es al revés: los mexicanos comemos fuera entre semana y pocas veces en casa. Esto se debe a que nos convertimos en unos godínez que preferimos unos taquitos de la calle a hacer mole con pollo.

Hay varias razones de este cambio: la situación económica y la falta de tiempo. Hacer un guiso te lleva un buen rato, que podrías estar invirtiendo en ver una película o adelantando trabajo para mañana. No tenemos tiempo para cocinar, así que lo más fácil es echar un bistec al sartén o hacerte una ensaladita con atún. Dicen que nos hemos convertido en la generación que gusta ver programas de cocina frente a la compu, mientras nos comemos una sopa Maruchan. Es cierto. Entre más programas de cocina vemos, menos cocinamos ¿les ha pasado?.

Ave y yo destinamos un tiempo del día a cocinar. Si no podemos hacerlo diario, hacemos provisiones para uno o dos días. El otro secreto es que las recetas las vamos inventando, y si no quedan bien, nos las comemos de todas maneras. Así, hemos hecho caldos, guisados con chile, arroces con todos los ingredientes, curry. Ave hace pan en la mañana, ayer yo hice un strudel de manzana. Le cocinamos a nuestros amigos, vamos a la Merced a comprar ingredientes baratos. Lo curioso es que de tanto que lo hacemos, creo que ahora podríamos cocinar casi a ciegas, cualquier cosa que se nos antoje.

Para los frijoles compramos una "olla boba" (que no es otra cosa más que una olla de cocción lenta), que no explota y que puedes dejar toda la noche sin que pase nada. Ahora, ofrecemos platos calientes de frijoles con pico de gallo a los que llegan a la casa. Invariablemente nuestros amigos dicen "ay, qué ricos frijolitos, hace mucho que no comía así".

Pero hay más.

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Slow life

¿Por qué nos gusta comprar muchas cosas? ¿Qué hay de malo en arreglar lo viejito? Lo he pensado mucho: en algún momento de los 80-90's nos dijeron que arreglar las cosas es de gente pobre. Vamos deshechando lo que está a medio funcionar. No nos gusta ver las cosas parchadas: es mejor lo nuevo. No nos gusta ver la ropa remendada, ni que a la cafetera se le salga el cable.

En esto también tienen que ver las empresas: muchas veces es más fácil comprar una plancha nueva, que conseguir la refacción. Elektra y sus abonos chiquitos le metieron la idea a la gente que se puede renovar con poco dinero (el peor engaño del mundo). Mi papá podía arreglar su vocho él solo: yo no podría ni cambiar una bujía.

Les cuento eso porque hace unos meses nos dimos cuenta que nuestro comedor estaba muy pequeño. Fuimos a ver algunos modelos y había unos carísimos: desde 5 mil hasta 16 mil pesos. Ave me dijo:

- Creo que yo puedo hacer la mesa ¿no te importa?
- No, cómo crees

Y así fue: nuestra mesa no tendrá el mejor diseño del mundo, pero es cómoda y todos caben perfectamente (y con menos de 1000 pesos). Nuestro banco no será de Zara Home, pero la tela para forrarlo nos costó 90 pesos. Hemos puesto lámparas y pintado fierros viejos. A veces Ave compra tela y se hace una falda. Yo le puse una canastilla a mi bicicleta para ir al mandado y vendí mi coche. En vez de llamar al electricista, yo pongo las lámparas.

Poco a poco la casa va quedando a nuestro gusto y nos encanta. Y nos dimos cuenta que entre más tiempo le invertimos a este tipo de cosas, nos alcanza más para trabajar. Si antes gastábamos 3 horas en ir a un restaurante y regresar, hoy en menos de una hora cocinamos algo delicioso del refrigerador.

Creo que nos hemos vuelto hippies U__U


14 comentarios:

  1. Esta súper bonito!!!!

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  2. ¡Invítame a comer Memo, se me antojaron los frijoles! En casa compramos La Costeña caldosos y no están nada mal. Un abrazo.

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    1. ¡Sí claro! Todos están invitados a comer en casa :)

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  3. Hola Memo,

    ¡Me recordaste que olvide dejar remojando los frijoles! Cuando me fui a vivir con el ahora esposo, mi mamá me regaló una olla express (la cual estuvo arrumbada unos años), fue hasta que deje de consumir carne y me comencé a frustrar con los restaurantes y sus ensaladas por $150 pesos que le pedí a la santísima que me enseñará a usarla y ¡Oh, gran maravilla de invento! Frijoles en 30 min, arroz, quinoa en 5… vamos hasta el arroz para el sushi queda perfecto.

    En cuanto a consumo, prefiero ir a la central cada dos semanas (sin engañarte con 300 armo mi despensa de la quincena) que ir al supermercado, más barato, mejor calidad y sobre todo apoyo a la economía local.

    Y al igual que ustedes poco a poco me he convertido en una loca del DIY arrastrando conmigo al marido, a la fecha hemos ampliado la alacena, construido un escritorio, hacerle una casa a nuestra perrita y hacer nuestro comedor.

    Creo que somos los hippies del nuevo milenio.

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    1. Jajajaja. Yo no le entro a la olla express, me da un chingo de miedo : /

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  4. Yo necesito una mesa de esas!!

    Joako

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  5. El tipo de cosas que comentas haces con Ave, es mi goals relationship con mi actual compañero que le encanta tener cosos (como él les dice) en la habitación para reparar o reciclar, que adora cocinar y comer en casa en vez de salir siempre a un restaurante.

    Aún no llegamos a la etapa de DIY todo el tiempo pero sí buscamos darle el máximo uso a lo que tenemos antes de comprar algo nuevo.

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  6. Yo reciclo cosas de los tianguis y mercados, a veces estan buenas solo necesitan una limpiada o pintada y listo como nuevos. Con cosas asi he amueblado mi casa y me ha salida en menos de una tercera parte de lo que me hubiera costado comprando todo nuevo.

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  7. Yo ya entré en esa etapa de: 5mil pesos? Con 800 la hago y mejor.

    Es bien bonito ocupar cosas hechas por ti mismo y, sobre todo, mucho más baratas. :D

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  8. En mi casa nunca tuvimos olla exprés porque a mi abuela no le gustaba cómo quedaba la comida. Su método para los frijoles, que es el que yo sigo, era dejarlos remojando toda la mañana o toda la tarde y así se cuecen en máximo dos horas, de preferencia en olla de barro.

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  9. Es como dicen en el documental Cooked que está en Netflix, si tienes tiempo velo, son cuatro capítulos de 1 hora u hablan del ritual que es cocinar y cómo se ha perdido (o no). Saludos Memo.

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  10. Yo sigo haciendo frijoles tardando 3 horas :c pero es que lunes sin frijol con puerco NO es lunes! (solo que ya no le pongo puerco, jeje)

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