sábado, 22 de julio de 2017

¿Y usted qué leía de niño?



Hace unos días estaba revisando la lista de útiles escolares de una chica que va a la secundaria. Sus libros incluyen Las Montañas de la Locura de Lovecraft, algunas obras de Cormac McCarthy y El guardián entre el centeno, de Salinger ¿QUÉEE?

Me dió envidia y se lo dije al papá de la niña:

- No mames, qué buena onda que le dejen leer eso
- Sí, caray. ¿Te acuerdas qué leíamos antes?

Pues sí. Antes nos dejaban leer clásicos de Porrúa en unas ediciones que eran muy baratas y que tenían la letra diminuta en páginas a dos columnas. No es extraño que haya tantos miopes en nuestra generación porque teníamos que leer esos libros con un foco de 60 watts, porque antes no había focos ahorradores y los papás compraban los que gastaran menos luz.

Así, en mi niñez, leía obras que ya están en desuso, como El periquillo sarniento, Marianela y Platero y yo, que eran -al parecer- lecturas apropiadas para niños de la época priista. Ya cuando eras grande te dejaban leer a Horacio Quiroga con sus Historias extraordinarias y te sentías como un adulto, leyendo cosas terroríficas.

Pero a los maestros les encantaba ponernos libros que fueran de verdad difíciles y que mataron el gusto por la lectura de muchos chamacos. Así, durante mi secundaria me sentaba a comer tacos de frijoles mientras leía La Madre, de Máximo Gorky, un dramón ruso en el que no pasa nada, más que desolación y tristeza. Eso contribuyó a que yo me hiciera la idea de que Rusia debería de ser un país en el que todo el tiempo vive gente infeliz y en el que no para de caer nieve. Gracias a YouTube me di cuenta de que esto no solo no es cierto, sino que los rusos están locos.

Otra imagen que viene a mi mente es estar tomando agua de limón en mi cantimplora y, en vez de jugar Atari como los otros demás niños, me tenía que aprender los 3733 versos del Poema del Mío Cid, porque no sabíamos qué carambas iba a venir en el examen. Fue un alivio llegar a la preparatoria y poder leer lo que a mí me gustara (que eran libros como Estas ruinas que ves, en donde los protagonistas tienen sexo con singular alegría).

Pero esos eran mis tiempos, es decir, cuando gobernaba Miguel de la Madrid. ¿Qué les dejaban leer a ustedes?

7 comentarios:

  1. Jajaja en mi primaria como tenían convenio con scholastic, nos vendían libros de esa editora, entre los que recuerdo eran Escalofríos, El autobús mágico, obvio Harry Potter jaja y alguno que otro cuento no popular. También me ponian a leer a Carlos Cuauhtémoc Sanchez xD en la secu en el rincón de los libros tenia muchos del Fondo de Cultura Economica ❤

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    1. Carlos Cuauhtemoc argggh y pensar que hubo una epoca en que me llegaron a gustar.

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  2. En la primaria no recuerdo que nos "mandaran" a leer algún libro en específico... podríamos leer algo en la biblioteca sí queriamos y ya.

    En la secundaria sí me mandaron a leer cosas como "Juventud en éxtasis" (que nunca leí, por cierto), "¿Quién se ha llevado mi queso?" y "Los cuatro acuerdos". Ya en el último año, una chica que hacía sus prácticas profesionales nos hacía pequeños examenes de lectura con libros como "El perfume" o "Como agua para chocolate".

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  3. En la primaria solo leíamos el libro de lecturas (valga la redundancia) y en la secundaria, me acuerdo que la maestra que nos hizo leer libro fue la de primero, como Canasta de Cuentos Mexicanos de B. Traven, El Corsario Negro y Sandokan de Emilio Salgari y otros dos que no me acuerdo, pero bastante interesantes todos.
    A los 11 años me daba mis escapadas a la biblioteca que está cerca de la Alberca Olímpica y ahí aproveche la colección Sepan Cuantos de Porrua que mencionas, porque leí bastantes libros hasta los 15 años, lo malo si eran algunas traducciones bastante malitas pero que me hicieron un lector frecuente a partir de varios clásicos de la literatura universal.

    Saludos

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  4. En la secundaria también me dejaron leer Platero y yo, Periquillo sarniento y el Quijote, lo bueno es que a mis papás siempre les ha gustado leer y en m casa había de todo, desde los de Cuauhtémoc Sánchez hasta el principito, el diario de Ana Frank, Mujercitas y otros clásicos que me hicieron la lectora que soy ahora.
    En la prepa tengo que agradecerle a la bibliotecaria por dejarme llevar muchos libros interesantes como Dracula, la Divina Comedia y Orgullo y prejuicio para entretenerme en vacaciones.

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