lunes, 7 de agosto de 2017

El Cártel de las Botargas


Hace algunos años la calle Madero, en el centro histórico de la CdMx, estaba abierta a la circulación de autos. Luego la cerraron y la volvieron un paseo peatonal que va de Palacio de Bellas Artes al Zócalo. Eso ya tiene mucho tiempo.

En aquellos años, los chilangos nos asomábamos a Madero con asombro y escepticismo. ¿Una calle tan importante cerrada a la circulación de autos? Descubrimos que eso estaba bonito. Con ese paseo los negocios comenzaron a florecer: un restaurante por acá, una cafetería por allá. Me acuerdo que mis primeras cervezas en el centro me las tomé en el Bertico Café, porque tenía asientos cómodos y buen aire acondicionado. Me puse una borrachera loca con unos amigos en el Café Gante, porque servían comida a buen precio. Estaba muy bien.

Un día fatídico, una persona con botarga se acomodó en la esquina de la Casa de los Azulejos. Si no me equivoco era Woody, de Toy Story. Luego hubo otro y otro más. Y otro, y otro, y otro...

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Hoy el circuito de la calle Madero (que comprende la calle Gante, Motolinía y parte de Palma y 16 de Septiembre) es una mezcla de los siguientes individuos:

1) Botargas de personajes que les gustan a los niños: superhéroes, minions, princesas.
2) Personas disfrazadas de personajes exóticos, turísticos o "mexicanos": estatuas de mármol que se mueven cuando les avientas una moneda, revolucionarios mexicanos, fakires de la India.
3) Bailarines, magos y merolicos.
4) Vendedores de lentes y armazones (ellos mismos se llaman volanteros)
5) Vendedores de tatuajes
6) Promotores de los diferentes restaurantes que hay sobre la calle: se te acercan y te ofrecen lugares para comer o bailar
7) Masajistas "quiroprácticos" que se ponen con sus sillones a tronarle los huesos a las personas.
8) Policías turísticos <--- es decir, que ofrecen orientación a los que visitan la ciudad
9) Cantantes, que lo hacen a nivel de piso o desde los balcones
10) Organilleros

Hace unos días estaba comprando lentes por ahí cuando llegó un tipo malencarado: traía una de esas bolsitas que se amarran a la cintura. Los tipos de la óptica lo saludaron, le dieron dinero y le informaron cuántos volanteros tenían sobre Madero: les estaba cobrando derecho de piso.


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Pocos asaltos ocurren en la calle de Madero: yo que paso muchas veces por ahí, jamás he escuchado que la gente diga "¡detengan a ese ladrón!". Sin embargo para la delincuencia organizada optó por un negocio más lucrativo: cobrar derecho de piso.

Un artículo de El Universal de hace dos semanas (de Héctor de Mauleón, que pueden leer aquí), informaba que son algunas familias, vinculadas a partidos políticos, las que controlan estas calles. Más de medio millón de pesos al día significa cobrar a las decenas de personas que hay en esta zona y que se amplía a Balderas, Juárez y San Cosme. Los turistas no lo notan: para ellos es una zona turística llena de cosas alegres. Y sí, lo es. Lo malo es que somos los que vivimos en el Centro que notamos que esto va en aumento y las zonas donde se colocan estos personajes, va en aumento.

Y es que pasa un fenómeno extraño: si una persona quiere hacer un acto artístico genuino en el Centro, tiene que pagar. Si paga, se siente con el derecho de invadir la zona. Y entonces uno como peatón, tiene que sortear ambulantes, jardineras, pequeños locales, y volanteros. Y los que durante los últimos días haya pasado por esta zona, sabrán de lo que hablo.

La insufrible Madero :(

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