jueves, 21 de septiembre de 2017

19-S: Día dos.


Regresé muy temprano, a la mañana siguiente. Todo se veía muy diferente a como lo había dejado unas horas antes.

El movimiento de la noche anterior se cambió por soldados, gente de Protección Civil, Topos, y otras organizaciones que tomaron el asunto en sus manos. Estaban arriba de las lozas decidiendo la mejor forma para actuar. Mientras todos los voluntarios estábamos viendo cómo discutían. Un soldado salió a gritar:

- ¡Eh! ¡Necesito 10 personas que traigan casco para abrir un boquete!

Le señalé mi casco de bicicleta y me dijo que sí servía. Me pasé atrás de un muro con una cuadrilla de 20 personas.

**

Quienes conformábamos la cuadrilla no podíamos ser más dispares. Había un tipo que era albañil (y que manejaba la pala con maestría), dos chavos de no más de 20 años y otros más. Nos pidieron abrir un boquete en uno de los huecos que apuntalaron O_o



Es decir, aquí donde se ve en la foto. "Sí Chucha, cómo no", pensé. Pero si eso mandaban, eso haríamos, ellos sabrán.

Ya nos estaban formando cuando un tipo de Protección Civil dijo "¡Ehhh! ¿Qué haces?", "¡Abrir un boqueteee!", "¡No seas pendejo, si lo abres se va a colapsar la estructuraaa!.

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CAOS total. Unos decían una cosa, otros otra. Yo organicé a mi grupo y comenzamos a sacar cascajo de las orillas: mi pensamiento lógico era "de todos modos se va a tener que sacar". Hicimos fila india y sacamos rocas por más de cuatro horas. Uno, dos. Uno, dos. De repente nos paraban para escuchar si había sobrevivientes, pero al no escuchar nada, seguíamos en la labor.

Bueno, tengo que contar esto:

- Uno de los soldados con los que trabajé se llamaba Felipe. Venía de Tabasco. Cargaba como pocos.
- Un chico alto, gordo, moreno y que no hablaba, era bueno para cortar varilla. Mis respetos.
- Otro de los chavos jóvenes se llamaba Luis. No sabía muy bien qué hacer, pero su mamá le dijo que tenía que ayudar, así que ahí estaba.

También había decenas de chicas y chicos voluntarios que llevaban sándwiches y fruta. Café caliente y pan. Nos hidrataban mientras nosotros picábamos piedra. Gracias a todos.



Y sí: nadie se ponía de acuerdo. Era una guerra de egos para tomar decisiones. Y los que nomás íbamos a sacar cascajo, quedábamos en medio. Uno de los compañeros me dijo:

- Que chinguen a su madre, vamos a amotinarnos, anoche sacábamos más piedra
- Sí es cierto -dije
- A la verga, vamos a sacar por nuestra cuenta.

Comenzábamos a palear de nuevo cuando uno de los chicos rescatistas pidió silencio absoluto. Gritó:

- ¿Me escuchaaa?
- ...
- ...
- ...
- ...
- ...
- ...
- a y u d aa a a a a a -se oyó

Todos gritamos y lloramos rudísimo. Y seguimos trabajando.



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