jueves, 21 de septiembre de 2017

19-S: Día uno, preludio.



A la 1:14 pm del 19 de septiembre de 2017 estaba yo tomando un café en el área de Milenio que llamamos "La Zona Cero", que es una miniterraza con mesitas. Junto estaba un compañero que se llama Pedro cuando comenzó la sacudida. Ambos nos vimos y nos levantamos justo cuando comenzó a sonar la alerta sísmica. La alerta sonó pocos segundos después de que sentimos el terremoto.

No alcancé a salir y me paré debajo de uno de los pilares. Vi cómo muchos de mis compañeros trataban de salir por las escaleras de emergencia, pero no pudieron. Después me enteré, por medio de mi amigo Carlos "que se hicieron como Montaña Rusa".

El video que puse arriba fue de cómo se sintió. Yo salgo al final.

En seguida me comuniqué con mi familia y casi al momento entró un mensaje de Ave. "¿Bien?", "Bien". Mandé dos o tres mensajes más cuando me enteré que se habían caído edificios. Ese es el parámetro chilango para saber qué tan fuerte estuvo el sismo: si hubo derrumbes es que estuvo cabrón.

Bajé con Tacho a la banqueta. En la calle todo era un caos. Fue en ese momento cuando pensé "¡mi casa!". Corrí para acá, que es donde estoy escribiendo ahorita y encontré esto:


Cuco estaba abajo de la mesa, asustadísimo y Gato no aparecía. Pensé que le habían caído los libros encima. Quité todo en friega, pateando muebles y libros, pero no vi nada.

Gato apareció detrás de mí, yo descansé y regresé al periódico.

Tarde
En la redacción todo era un caos. No sabíamos muy bien qué pasaba. Llegaron reportes de todos lados, de la escuela Rébsamen, los edificios caídos en la Condesa, en el sur y la fábrica de ropa. El terremoto agarró a Ave por el sur, cerca del Parque Hundido así que tuvo que caminar por más de dos horas para llegar al centro. Iba mandando algunas fotos de lo que veía y era desolador: toda la gente caminaba por la calle, como en película de zombies porque por un rato se pararon los servicios de Metrobús y Metro.

Ave llegó directo a Milenio y nos abrazamos mucho. Ironía de la vida: ella y yo nos conocimos el mismo día, pero 7 años antes. Qué cosa.

Por la tarde regresamos a casa y nos tomamos un mezcal. Acá estaba nuestro amigo Luis, que vivía en Tlatelolco y que vamos a hospedar unos días porque su departamento quedó inservible. Decidimos que si nosotros estábamos bien, lo que teníamos que hacer era ayudar a los que no. Nomás así. Nos fuimos al súper a ver qué encontrábamos, pero todo estaba cerrado. Sacamos cosas de la despensa, hicimos una mochila, nos montamos en nuestras bicis y decidimos ir a la colonia Obrera, a la fábrica de textiles donde -decían- había mujeres atrapadas.

Llegamos allá y vimos el edificio caído. Había muchas personas ayudando.

Ave y yo nos miramos, nos abrazamos y me metí a la construcción.

2 comentarios:

  1. Memo, veo que aplicas muy seguido la máxima de "para todo mal, mezcal". Tú muy bien.

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