jueves, 21 de septiembre de 2017

19-S: El edificio de Chimalpopoca


Si algo caracterizó a la primera noche del terremoto es que la gente se volcó a las calles. Había muchísima gente por todos lados, caminando o en bicicletas. Nadie nos dijo cómo organizarnos, pero todos estábamos ahí. Si encontrabas una bicicleta en la calle, te juntabas con ella e ibas al mismo punto. Así nos pasó con unos chicos de Peralvillo que no sabían dónde ir y nos siguieron a Ave, Luis y yo.

Cuando Ave y yo nos despedimos, crucé la calle para ver en qué podía ayudar. Porque eso sí: no sabré usar una caladora, pero puedo cargar mucho peso. No sé porqué, pero siempre he podido echarme harto peso en la espalda.

Me integré a una cuadrilla de gente que sacaba cascajo con botes. Todos entendimos en seguida la dinámica: haces una cadena humana, pasas botes y los echas a un camión de volteo. Repites ese movimiento doscientas o trescientas veces, hasta que ya no puedas. Cuando ya no puedes, repites.

Me enteré después que Ave se puso a organizar medicamento. Los voluntarios se acercaban a darnos agua a los "boteros". En ese momento yo no traía guantes, así que me hice un arañazo gacho. Cuando fui a buscar unos guantes vi a una señora que estaba llorando:

- ¡Es que vine a buscar a mi tía!
- ¿Dónde estaba?
- ¡Acá trabajaba!

La escena de gente llorando, la vi muchas veces. Ya mejor me regresé.

***

Trabajar como hormiga da buenos resultados. Puedes quitar un montón de escombro en muy poco tiempo: cien o doscientas personas pueden acabar con una montaña de cascajo en un dos por tres. Lo malo es que acá era como acabarse un gran pastel de migaja en migaja: por mucho que quieres parece que no avanzas.

Algunas personas estaban de líderes, dirigiendo la acción para avanzar más rápido. Ese día se sacaron siete personas con vida. Pero había unas lozas pesadísimas que eran imposible de tirar y había poca luz. Luis, Ave y yo decidimos ir con las bicicletas a dejar cosas a la Condesa y regresar temprano a Chimalpopoca, descansados.



Hay que reconocer: me pongo de pie ante los jóvenes alrededor de los 20 años. Chingadamadre, es para abrazarlos. Vi a muchos que agarraban una pala y sacaban botes en segundos. Vi a otros que cargaban carretillas como si fueran juguetes. Uno de ellos me dijo:

- ¿Sabes qué era acá?
- Una fábrica de ropa
- Órale. ¿Hay gente atrapada? -preguntó
- O____O

O sea que sin saber a qué iban, se pusieron a trabajar. No mamen, son chingones, chavos. Chingones, de verdad.

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