lunes, 16 de octubre de 2017

Vine a Huamantla porque me dijeron que acá vivía mi abuelo...



Vine a Huamantla porque me dijeron que acá vivía mi abuelo, un tal Eutimio Arenas. Mi madre me lo dijo. Yo le prometí que vendría a conseguir su acta de nacimiento. Mi abuelo nació en 1919 y para encontrar el acta solo contaba con una vieja copia fotostática.

Conocí bien a mi abuelo. Cuando él vivía me contaba cosas de Huamantla, el lugar donde nació. Me dijo que hacían unos tapetes con aserrín de colores frente a la fachada de la iglesia. Me contaba el proceso como si estuviera allí mismo. Me platicaba su pasión por los toros y de la fiesta conocida como huamantlada. Muchas veces imaginé aquellas calles tlaxcaltecas.

Hoy visité Huamantla por primera vez.

El pueblo es más bonito de lo que yo pensaba. Es un pueblo mágico, así que sus calles y pequeños andadores están muy bien cuidados. En la pequeña Plaza de Armas venden nieves de sabores y elotes. También corazones de nopal (una cosa que yo no había visto jamás) y quesadillas de pescado. Hay pan de colores y tacos de canasta. Para el que no lo sepa Tlaxcala es la capital mundial del taco de canasta.

Al final no pude sacar el acta de nacimiento de mi abuelo, pero me enteré de una cosa que me hizo sentir orgulloso de mi familia:

Mi bisabuela tuvo a mi abuelo a los 14 años. Era la época de la Revolución. Mi bisabuelo Maurilio era un revolucionario de 35 años que cuando pasó por Huamantla dejó embarazada a mi bisabuela Nachita.

Nachita trabajaba en una hacienda. Cuando nació mi abuelo Eutimio, Maurilio llevó a mi pequeño abuelo al registro civil y en un libro escribieron:

"Eutimio Arenas es hijo de Maurilio e Ignacia. Nació en 1919"

Cuando mi abuelo creció, este hecho le dio vergüenza. Le daba vergüenza que su papá hubiera embarazado a su mamá a los 14 años. También le daba vergüenza que lo hubieran registrado solo con el apellido paterno porque él quería mucho a su mamá. Así que hizo una cosa de la que me enteré hoy.

En algún momento de su vida, mi abuelo sobornó al juez del Registro Civil para que cambiara su acta. Esto no me da orgullo, pero el haya agregado el apellido de su mamá, sí. Mi abuelo siempre nos enseñó el amor y respeto por las mujeres (a su manera, claro). Así que a partir de ese momento él fue "Eutimio Arenas Lara" aunque no aparece así en las actas.

El giro inesperado de esto es que ahora yo tengo que demostrar que mi abuelo era oficialmente un "Lara". Tengo que llevar todas las credenciales, papeles, actas y todo lo que encuentre para demostrar que mi abuelo quiso, por sus pistolas, usar el apellido de su mamá.

Y tendré que regresar a Huamantla para hacerlo. Ay abuelo, en qué problemas me metiste ;D

1 comentario:

  1. No manches Memo, ojala nos cuentes mas historias de tu abuelito! Me quede en trance nadamas de imaginarme en la cabeza tu anécdota ❤

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