lunes, 1 de enero de 2018

Fuerza, becarios o becarios a la fuerza


En mis tiempos, yo que soy un abuelito venerable, los becarios estaban encargados de hacer tareas sencillitas: sacar fotocopias, acomodar documentos, transcribir notas. Pura cosa que requería mucho tiempo, pero que en realidad no representaba mayor peligro para la empresa. Si una empresa que hacía lápices necesitaba alguien que hiciera un inventario, pedías un becario que te ayudara. Aunque ese becario hiciera mal su trabajo, no había peligro de que una producción de lápices se echara a perder.

Los becarios eran muy apreciados según sus habilidades aprendidas en la carrera: si eras diseñador gráfico, te ponían a hacer volantes. Si eras ingeniero, te ibas a la obra. Si eras filósofo, no hacías nada porque a los filósofos nadie los quiere ¡ja ja ja! (no'cierto, amigos filósofos).

Pero llegó un momento, por ahí del año 2010, en el que muchas empresas vieron que era necesario tener presencia en redes sociales. Tal vez algunas se hayan dado cuenta después de eso, pero muy pocas antes de ese año.

(Estoy seguro de este dato, porque ese año yo estaba en Milenio e hice un texto sobre eso).

En fin: ¿Quién sabía de redes sociales? Los jóvenes ¿Quiénes eran los jóvenes? Los becarios. No importa que fueran biólogos, químicos, comunicólogos, trabajadores sociales, etc. Si eras joven, entonces te sentaban enfrente de una computadora, te hacían abrir el "feis" de la empresa y su Twitter. Y es así cómo el becario pasó de estar en el almacén, en lo más recóndito de la empresa, a ser su cara pública.

¡Qué cosas!

Digo esto porque últimamente he visto muchas publicaciones en el Twitter de algunas empresas, con errores garrafales. Sé cómo trabajan los becarios en redes sociales: les hacen cubrir una cuota de publicaciones que tienen que conseguir como sea. Tienen que inventarse la forma de hacer gifs, animaciones y videos cuadraditos. Tal vez muchas empresas puedan costearse una agencia de publicidad, pero las más pequeñas usan, invariablemente, becarios.

Ahora bien: uno va agarrando experiencia con los años. Cuando uno es joven, es medio menso (es la verdad). Tal vez haya jóvenes muy hábiles, pero la experiencia para resolver problemas solo te la dan los años.

**

Toda esta diatriba es solo para contar que el otro día vi cómo regañaron a una becaria que se equivocó con un dato sobre Tenochtitlan, y alguien se quejó en redes sociales. Su supervisor (un chico de 30 años, muy prepotente) la estaba regañando muy feo y ella estaba al borde del llanto. Le dije al tipo:

- Déjala, ella no tenía por qué saber ese dato
- Ella tiene que confirmarlo
- Si crees que se puede confirmar algo de Tenochtitlan, estás bien pendejo. Eso es no entender nada de nada -le dije

Me molesta la sobreexplotación de becarios. También me molesta que en pleno 2018 sean vistos como "mano de obra barata o gratis". Pero me molesta más la gente que los humilla, nomás por ser jóvenes : /





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ustedes hacen el blog :)