sábado, 24 de febrero de 2018

Carrera



Hace 15 días, como parte de mi regalo de cumpleaños, Ave me regaló la inscripción a una carrera de 5 kilómetros sobre Paseo de la Reforma. Uno pensaría que más que regalo fue un castigo, pero lo cierto es que uno no se imagina qué pasa en esas carreras hasta que estás ahí.

Por principio de cuentas, la semana previa a la carrera estuve entrenando duro y llevando una dieta rigurosa: según mis cálculos, podría acabar los 5 kilómetros en 24 minutos. Comía plátanos como chango para que no me dieran calambres y tomaba agua como camello. Mi entrenador me alentaba. Pero cuando fui a recoger mi playera y mi chip, un día antes de la carrera, todo se me vino abajo: el lugar estaba lleno de gente que tenía músculos sobre músculos. Mujeres que estaban en mejor forma que una modelo de pasarela y gente que se veía más saludable que Chaya Michan. Yo, con mi panzota y mis pants de 100 pesos, me sentí intimidado. Regresé a la casa:

- ¿Ya recogiste la playera? -Me dijo Ave
- Ya, pero creo que esto va a ser un desastre, hay gente que se ve muy profesional -dije yo

Para mi mala suerte, Ave se puso un poco enferma y no me pudo acompañar a la carrera, así que al otro día tomé mi bicicleta y me fui a, según yo, hacer el ridículo.

***
La carrera fue a las 7 de la mañana y yo ya estaba muy puntual desde las 6. A esa hora había mucha gente haciendo estiramientos y dando pequeños saltitos. El animador dijo que ese día iban a correr cerca de 10 mil personas y nos indicó cómo nos fuéramos acomodando. Quince minutos antes de la hora de salida, me dieron ganas de hacer pipí, así que corrí a los sanitarios portálites: mi sorpresa es que cuando salí de ahí, la gente ya estaba acomodada y lista para correr. Yo me quedé atrás, pensando que esto no pintaba nada bien.

Llegó la hora esperada y entonces comenzó el maratón... de selfies. Toda la gente a mi alrededor se tomaba fotos, hacía transmisiones en Facebook Live y mandaba twitts. Eso no me lo esperaba: éramos tantos que el arranque de la carrera era como tratar de avanzar en el metro Tacubaya. Nos íbamos empujando como si fuera slam: una señora por allá trataba de correr con una carriola, otro señor vestido del Chapulín Colorado iba gritando, dos niñas iban platicando chismes, un señor traía su Go Pro en la cabeza.

Yo me saqué de onda. Según yo iba a correr durísimo y trataba de rebasarlos como podía. Me hacía a un lado, subía a la banqueta, corría pa' allá, corría pa' acá. Cuando me di cuenta ya estaba a la mitad del trayecto y me la había pasado esquivando celulares y señoras que iban trotando. A media carrera, cuando vi espacio,  dije "ora sí voy a acelerarle" y me fui como alma que lleva el diablo hasta la meta.

Llegué entero. No tan cansado como yo pensaba. Me dieron mis electrolitos, una manzana, un jugo y una medalla que trae a la Virgencita cuídame plis. Es en serio. Cuando llegué a casa, Ave me preguntó:

- ¿Cómo te fue?
- Muy bien, pero muy raro.
- ¿Volverías a entrar?
- No sé.

En la tarde, pensaba que estas carreras son una motivación para ir a correr con otras personas y no hay que tomárselas tan en serio. Cuando en la tarde revisé mi puntuación, vi que hice mucho más tiempo del que pensaba, lo cual fue decepcionante. Aún así llegué en el lugar 73, de 10 mil.

Y yo que hasta dejé de tomar cerveza durante varios días para no sentirme abotagado. A la otra corro con una caguama en la mano ¡ja ja!

2 comentarios:

  1. Pants de 100 pesos jajaja ay Memo! jajaja

    Asi pasa con el ColorMeRad... terminas odiando la carrera y sintiéndote con mas pena que cuando empezaste.

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  2. Es lo malo cuando la convocatoria es tan amplia y los kilómetros pocos, ánimo Memo no te desanimes hay muchas carreras que valen la pena. Podrías intentar correr en otras carreras representativas de otras ciudades.

    Saludos

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