jueves, 22 de marzo de 2018

Puerto Progreso


Tomas una camioneta que pasa por la avenida y en menos de 30 minutos ya estás en la playa. Así de fácil. Puerto Progreso está muy cerca de Mérida y llegar allá solo te cuesta 19 pesos.

La camioneta en la que viajamos era cómoda y traía canciones de José Luis Perales. Al poco rato se subieron unas señoras que traían cuatro niñitas que me iban jalando el sombrero y a las que "espantaba" sacándoles la lengua. La señora se dio cuenta que yo andaba de buen humor y le decía a sus hijas que me las iba a robar. Las niñas siguieron jalándome el sombrero.

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La dinámica en Progreso es la misma que en cualquier otra playa del país. Llega uno, se quita las chanclas y por arte de magia se aparecen unos tipos ofreciéndote camastros y mesas con sombrita: 200 pesos por todo el día. Ellos te dicen que la mesa es libre: no tienes que consumir nada si no quieres, pero si quieres cervezas, ellos te consiguen. Ave y yo optamos por la opción chilanga: es decir, comprar cervezas en el oxxo y tomarlas bajo una palapa.

El viento corría fuerte. Estar en la playa siempre es delicioso: uno puede quedarse viendo al mar todo el tiempo y nadie te va a cuestionar porqué tienes la cara de ido. Le di baje rápidamente a dos latones de Indio, mientras Ave se metía a nadar. Luego, fue mi turno. Debo decir que sentíamos la paranoia de que, mientras los dos estuviéramos en el mar, iba a llegar un ladrón y se iba a llevar nuestras cosas. Nunca pasó. De hecho nunca nadie se acercó a donde estábamos.

Cuando iba por el sexto latón de cerveza, decidimos ir a comer. Un señor en el mercado local vendía lonchas de un pescado que no se come en la Ciudad de México por 70 pesos. Mucho repollo a un lado, salsa de habanero infaltable y devoramos el pedazo de pescado frito. Una maravilla.




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Un maestro de antropología que tuve nos recomendaba que siempre que visitáramos algún lugar, teníamos que ir al mercado, a la iglesia y al museo local para enterarnos de cómo está la cosa. A esa lista yo agregué la cantina.

El Mercado San Benito en el centro de Mérida es bonito y tradicional. Llegas a él entre negocios que venden carne, cremerías y muchas señoras que venden sus productos en la banqueta. Bolsas de achiote, relleno negro y polvo de calabaza le dan color a la entrada. Te ofrecen queso de bola a 280 pesos: este queso llegó a Mérida por un accidente, al parecer porque un barco holandés naufragó y tuvo que dejar su carga de queso edam en la costa yucateca. A todos les gustó el sabor y convirtió a Yucatán en el único lugar en todo México donde se come con regularidad (en el resto del país es un manjar casi desconocido). No confundir con el queso bola de Chiapas.

En San Benito hay puestos de señoras que venden tacos de cochinita pibil a 12 pesos: toman una tortilla y arrancan una porción al trozo de carne que tienen enfrente. Esta cochinita no es de color rojo intenso, sino del color de la barbacoa, lo cual me hace pensar que lo que mi mamá hace por "cochinita pibil" no es más que un invento.

Afuera del mercado venden sombreros tipo Panamá y hay restaurantes familiares para tomar cerveza y refrescos. No son cantinas: entran mamás, papás e hijos para quitarse el calor.

Me encanta esta ciudad :D


2 comentarios:

  1. Soy de la ciudad de Chetumal, Quintana Roo a unas 5.5 horas de la Ciudad de Merida aproximadamente, me encanta esa ciudad, voy cada vez que puedo. Te recomiendo visitar los restaurantes donde se presentan los comediantes yucatecos, como los Tuchos o el Tinglado de Nani Namu, te vas a divertir. Saludos Memo!!!!!

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    1. Muchas gracias por la recomendación. Un abrazo!!

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