lunes, 8 de abril de 2019

Diseño Gráfico "old school"


El otro día que iba por la Algarín, contaba la historia de cual fue mi primer trabajo a los 13 años. Corría el año 1988 y yo era un chamaco imberbe, cuya familia era pobre, muy pobre... *suenan arpas*

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En ese año, la devaluación estaba muy ruda. Todo subía de precio de un día para otro y mi mamá no tuvo otro remedio que decirme "pues vete a trabajar con tu papá". Cruzaba media ciudad para ir con mi papacito, que trabajaba en un negocio que se llamaba "Fotolito Román". Ahí, el aparato principal era una cámara fotográfica como la que se ve en la foto de arriba.

Sí señores: esas cámaras se usaban hasta los ochenta. Era Diseño Gráfico a la antigüita.

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Supongamos que llegaba un cliente que quería una tarjeta de presentación. Digamos esta:


Uno sacaba una hojita donde apuntabas todos los datos a mano:

- ¿Qué nombre va a querer?
- Jean Van Heijenoort
- ¿En qué tipografía? -ahí sacábamos un catálogo de diferentes tipografías
- Esta... o esta mejor
- ¿Centrado o a la izquierda?
- Centrado
- Listo, regrese dentro de 4 días

Juntábamos cuatro o cinco clientes y escribíamos en una hojita todos los datos a renglón seguido:

Jean Van Heijenoort (Helvética 11 puntos) Secretario de Leon Trotsky  (Helvética 10 puntos) Avenida Londres 127 Coyoacán, D.F. 9-52-21 P-18-76 (Helvética 9 puntos)

Cuando ya teníamos varios pedidos me decían:

- Órale Memo, vete a la "tipográfica"

Yo salía en friega con la hojita de papel a un negocio que quedaba a tres cuadras del fotolito. En la "tipográfica" había muchas chicas que recibían todas las órdenes. Lo que sucedía ahí es todavía un misterio para mí, pero a las 5 horas te entregaban una hoja con todas las palabras que habías pedido, a renglón seguido, en una hoja gruesa que se sentía húmeda. Debió tener una emulsión.

Cuando regresaba al fotolito le pasaban esa hojita al "paste up" y empezaba la friega.

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El "paste up" era una persona que cortaba minuciosamente cada renglón y los pegaba en un cartoncito con cemento escolar. Era la persona más importante porque, si no quedaban bien derechitos, el cliente iba a reclamar. Con el tiempo me hice "paste up" (muy hábil, debo decir).

Cuando todo quedaba bien pegado me decían:

- Órale Memo, sácate el negativo

Yo maniobraba la camarota fotográfica que está en la foto de arriba para poner el cartoncito de un lado y en seguida me metía a otro cuarto con luz roja para poner la película. Tenía que quedar bien enfocada y con unas reglas transparentes me cercioraba que el tamaño era correcto. Ponía la película, le daba tiempo de exposición con cronómetro y la revelaba en tinajas con químicos.

Revelar los negativos era mi actividad favorita: echaba todos los pedazos de película de diferentes tamaños hasta que quedaran nítidos. Pasé horas ahí, platicando con los otros trabajadores. Ya que quedaba el negativo me decían:

- Órale Memo, a retocar

Retocar era secar el negativo con una pistola de aire y después pintarle todas las basuritas que quedaron impresas con un líquido color tierra que se llamaba "opaco". El olor del opaco está grabado en mi memoria. Podía retocar hasta 20 o 30 negativos en una tarde con un pincel (para afilar el pincel te lo metías a la boca, así que sé muy bien a qué sabe el "opaco").

Si la tarjeta se iba a hacer en serigrafía, repetía el proceso para sacar el positivo. Si se iba a imprenta, dejaba el negativo. Cientos de tarjetas pasaron por mis manos, ¿dónde habrá quedado esa camarota?

Luego, el cliente regresaba a los 4 días y le entregábamos sus 100 tarjetas. Hoy resulta tan fácil como mandar un archivo a la impresora.

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Puede parecer una cosa súper difícil, pero yo hacía decenas de negativos a la semana. Decenas. Cuando tenía tiempos muertos tomaba pedazos de película y hacía experimentos con pantallas de puntos solo "para ver cómo quedaban". También metía revistas viejas y usaba película especial a color que se agarraba en oscuridad total y que reconocías porque tenía muescas en la orilla.

Como éramos muy pobres, mi mamá me quitaba todo el sueldo ¡jajajaja! Mi papá, para compensarlo me llevaba al puesto de revistas y me decía:

- Agarra el cómic que quieras, para que te vayas leyendo de regreso a la casa

Siempre agarraba "El Pantera" o "Clásicos ilustrados". Y ahí me hice aficionado al cómic y a la literatura, pero esa es otra historia :'P

2 comentarios:

  1. En ocasiones damos por sentado la realización de ciertas actividades actuales, hasta que las comparas con la forma como se realizaban en tiempos ahora pasados, a veces eran muy elaboradas, quizá muy pesadas; ya sea por tecnologías, ahora obsoletas o simple tradición, nuestra evolución como personas estará impresa en esas 100 tarjetas que se debían a un cliente. Gracias.

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  2. Súper interesante, gracias Memo por contarnos, saludos!

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