lunes, 1 de abril de 2019

#MeTooMx (2)



Cuando compartí en Twitter mi texto anterior sobre el movimiento #MeTooMx, recibí casi en seguida un mensaje directo de un amigo escritor:

 - Leí tu texto. Está bueno.
- Gracias, carnalito
- El wey que corrieron es Alejandro ¿no?
- No, no sabía que lo habían corrido
- Ah

A la media hora me escribió otro amigo y me dijo "ya sé de quién hablas, es de Fulano". "No, no es él, es otro".

Luego de eso, me contaron que en una agencia estaban haciendo juntas con su personal. Básicamente lo que les pedían a las chicas es que no denunciaran en redes, que si tenían un problema de acoso laboral lo platicaran directamente con Recursos Humanos. La escena se repitió (hasta donde sé) en tres agencias conocidas. El problema es que muchos de los acusados eran los jefes mismos.

Una amiga me dijo que un ex-compañero "se curó en salud", mandándole un mensaje a ella (y a otras compañeras) diciendo que si en algún momento sus actitudes eran acosadoras, lo disculparan. Ese mismo tipo alguna vez se refirió a ella, en una junta con los clientes, como "buena carne".

Dios.

****
En el trabajo me dijeron que las denuncias anónimas no tienen validez. Yo dije que no son anónimas del todo, pues los mensajes llegan de una persona bien identificada. Por ejemplo, yo les platico esto de personas que conozco y con las que me llevo bien, pero respeto la privacidad de sus mensajes. Espero que no se dude de esto.

Platicaba con una amiga que es médica:

- En el hospital hay mil casos de acoso. Eso se da en todos los niveles.
- Ya sé
- Lo malo es que parece que es la única manera en caerle bien al jefe y que te den la residencia
- Ya sé. Salió un conocido mío. No sé qué pensar.

El "no sé qué pensar", es decir, dar el beneficio de la duda, me pone a pensar sobre lo normalizadas que están las actitudes machistas, de acoso o inapropiadas.

***

Lo que pasó hoy, primero de abril, fue un cubetazo de agua fría para todos. Trataré de contarlo como pasó.

En la mañana que estaba revisando Twitter me enteré de la carta que dejó Armando Vega Gil. A Armando lo conocí poco, coincidí con él en algunas fiestas, pero era buen amigo de mis mejores amigos. Una amiga (que seguramente está leyendo esto), me dijo que si ya estaba enterado de la amenaza de suicidio:

- ¡Qué se va a suicidar! -dije yo. Y pensé que Armando era un locote, en el buen sentido de la palabra

Media hora después esta amiga me confirmó que ya habían encontrado el cuerpo. Sentí, lo juro, un golpazo en el pecho. Hablé con Jairo:

- Oye... lo de Armando
- Sí, ya sé que dejó un tuit, qué loco
- No no... ya encontraron el cuerpo
- ¿QUÉ?

Después de eso, mil mensajes. Hablé con algunos de sus conocidos más cercanos, que ya estaban enterados, y no daban crédito. Yo guardé los tuits de denuncia (tengo guardados cientos de pantallazos) en donde una chica lo acusaba de conductas inapropiadas de índole sexual cuando ella tenía 13 años. Traté de localizar a la chica, que es amiga de una amiga, y me dijeron que estaba en asesoría legal.

- Verga –le dije a una amiga editora– está rudísimo
- Sí, sabíamos que era estrafalario, pero no lo creo. Si la chica que lo demandó tiene pruebas, debería de sacarlas.

Escuché y leí mil versiones:
Que Armando era depresivo (lo cual es cierto) y que se sintió orillado.
Que le avisaron que tenían fotos incriminatorias y que no supo qué hacer.
Que ya estaba viendo a un abogado, "pero no veía salida".
Que se despidió de sus amigos músicos.
Que prefirió suicidarse a enfrentarlo legalmente.
Que se comunicó con su hijo de 8 años.

Todo, hasta el momento es bien confuso. En algunas editoriales es radio pasillo, todos lo comentan, pero no hay postura oficial. Y hasta este momento, 11 de la noche, todos seguimos platicando lo mismo.

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