sábado, 27 de julio de 2019

Los Pinos, Complejo Cultural



Los Pinos, para mí, era ese lugar inexpugnable que servía de residencia a los presidentes. Ni siquiera te animabas a voltear allí: siempre custodiado por el Estado Mayor Presidencial, había leyendas de que había un búnker, una estación del metro secreta y que tenía pasillos escondidos para que escapara el Presidente en caso de guerra. Es más, hace apenas dos años invitaron a unos amigos a comer ahí, cuando estaba Peña Nieto, y tuvieron que ir súper elegantes:

- ¿Cómo son Los Pinos? -les pregunté esa vez
- Es muy bonito
- Yo he estado ahí dos veces -me dijo uno de mis amigos
- Está todo muy lujoso

A partir del primero de diciembre del año pasado, abrieron este lugar y lo convirtieron en Centro Cultural. Es irreal, nunca pensé verlo. Así que aproveché hoy para visitarlo.

La Calzada de los Presidentes, donde están las estatuas de todos los mandatarios. Fox aparece con una niñita y haciendo la señal de la victoria.

Haré un poco de contexto:

Los Pinos, en el siglo XIX, era un rancho denominado "La Hormiga", porque era la propiedad más pequeña de un hombre ricachón que tenía varias haciendas. Lázaro Cárdenas pensó que sería buena idea vivir ahí, y no en el Castillo de Chapultepec, así que construyó una pequeña casita en medio. Como "La Hormiga" sonaba medio feo, la rebautizó como "Los Pinos", porque a su esposa la conoció en un lugar que se llamaba así (no porque hubiera pinos).

Hay que saber que todo el complejo es un graaan terreno con muuuuuchos jardines y varias casas adentro, como un fraccionamiento. La de Lázaro Cárdenas, la de Miguel de la Madrid, la de Miguel Alemán. Hay oficinas, salones, fuentes y estanques.

Hoy puedes recorrer todo: entras por los jardines y te metes a las casas. Hay mucha gente que va a visitar Chapultepec y se pasa a ver cómo vivían antes los presidentes. Eso es lo interesante.


Un niño que estaba enfrente de mí iba asombrado. No entendía muy bien qué estaba viendo. Le dijo a su mamá "¿Y esto ya existía antes?", y la mamá le explicaba que era donde vivían los presidentes. Dos venezolanas se iban tomando fotos y selfies en cada pasillo. Decían "¡Estoy en Los Pinos!". Yo les hice plática:

- Es raro ¿no?
- Es muy raro estar aquí
- ¡Todo es tan lujoso!

El sentimiento común es este: imaginen esas películas donde hay un golpe de Estado y que los ricos que vivían ahí hubieran tenido que salir corriendo. Imaginen que el pueblo común y corriente (como yo) está entrando a este lugar para ver cómo vivían. Imaginen la sorpresa de saber que las habitaciones son más grandes que una casa de interés social. Esa sensación entre asombro, desprecio y curiosidad.

Bueno, pues así va la mayoría de la gente. Una señora me dijo:

- Es increíble cómo vivían
- Ajá
- ¡Y con nuestro dinero!
- Ajá, señora
- ¡Y aparte se llevaron todo lo que había adentro de las casas!

Porque, en efecto, muchas áreas están vacías. No sé si porque hicieron limpieza o porque de plano se lo llevaron.

Las habitaciones que ocupaba Peña Nieto. Afuera hay un letrero que dice "Así las recibimos"

La Casa Miguel Alemán tiene una sala de cine para 35 personas con sillones reposet (que hoy pasa cine nacional, dos veces al día), una lavandería enorme y un búnker, donde supongo, había reuniones altamente secretas. No creo que funcionara como búnker nuclear porque las paredes son como de 10 centímetros de ancho y se abren con una puerta de metal.



La gente va de aquí para allá. Hay muchos policías y soldados que vigilan las instalaciones, pero que son muy amables. Se ve que no están capacitados para eso y tratan de hacerlo lo más amable posible:

- Para allá es el recorrido, señor
- No se tome fotos en las escaleras, es peligroso
- No se recargue mucho allí, hágase para atrás
- Allá están los baños
- Para allá no se puede pasar

Cuarto donde veían los partidos de la selección nacional #TrueStory

Hay cuartos y cuartos, muchos cerrados. Y hay muchas salitas (¿para qué querrían tantas salas y sillones?). Los libreros están casi vacíos, lo único que abundan son enciclopedias de historia de México y arte universal. Las áreas están cerradas con esos listones que ponen en los bancos y no hay mucha información, casi te tienes que imaginar lo que ocurría ahí. Supongo que eso es por la premura de abrir al público. Espero que le hagan algún arreglo tipo museográfico al lugar, porque se ve muy improvisado.

Para entrar, tienes que pasar tu mochila por una banda de seguridad, pero es muy rápido, no haces fila. Te puedes sentar en los jardines donde seguramente la Gaviota se paseaba imaginándose que había una rubia que sonsacaba a su marido. Hay un pequeño estanque de peces japoneses con un letrero que dice "No aviente monedas al agua porque hace daño a los peces". Ja ja ja, ya me imagino que los primeros visitantes lo hicieron.

Lo más bonito son los jardines.

En fin. Creo que ya es visita obligada en la Ciudad de México ir a Los Pinos, por lo menos para pasearse por los bonitos jardines y andar de curioso. Como es centro cultural hay actividades con los niños, funciones de cine y hacen algunas visitas guiadas. No es accesible (no hay rampas para sillas de ruedas en todas las áreas) y tienes que llevar tu agua porque adentro no hay ni una tiendita, aunque hay bebederos. Puedes pasear tranquilamente una hora para visitar todo.

Y para acabar: lo que más me impresionó es esta sala en donde seguramente se reunían todos los gobernadores y jefes de gabinete. Conté 48 asientos, cada uno con un pequeño centro de comando ¿para qué? No sé. A lo mejor votaban para ver quién compraba la barbacoa del domingo ¡ja ja ja!

¡Qué elegancia la de Francia!

1 comentario:

  1. Yo tengo ganas de ir, me da muchísima curiosidad, yo creo que la mayoría de las personas van por el puro morbo, porque la neta a todos nos gana alguna vez, ja ja. Por cierto, me encanta tu manera de narrar las cosas. ¡Saludos, Memo!

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