miércoles, 21 de agosto de 2019

Dos recuerdos para Celso


En 2001 estaba comiendo en un tianguis cercano al metro Universidad. Como tenía algo de tiempo, pasé a ver los puestos que había por ahí. Uno de ellos tenía varios ejemplares de Barrio Bravo, el cd de Celso Piña que lo lanzó a la fama internacional.

- ¿Quién es ese? -dije yo
- Es Celso Piña, es un éxito -me dijo el del puesto
- ¿Es cumbia? Se oye bueno
- Es con el Control Machete
- A ver, dame uno

En ese tiempo pasaba los días con un amigo que trabajaba en Mantenimiento del Museo Universum. Teníamos una covachita en la que oíamos discos.

- Quita eso -dijo Alfredo
- Está chingón
- Pinche macuarro -y ponía discos de heavy metal

Pero era diferente. Hip hop, mezclado con ritmos vallenatos. No todas las canciones de ese disco me gustaban, pero Cumbia Poder, con El Gran Silencio, me voló la cabeza. En esos años también entraba a muchos foros de internet y cambiaba constantemente mi nickname, precisamente, a Cumbia Poder. Muchos de mis amigos en esos años me conocían por mi gusto cumbianchero.

Luego Celso sacó su disco Mundo Colombia, que compré en seguida. Ahí su sonido había cambiado, un poco más melancólico. Su acordeón rememoraba los ríos, las selvas y las piraguas. Las notas se arrastraban cadenciosamente, pero sin el golpeteo de Barrio Bravo.

Pasaron los años y un día que estaba en Milenio me tocó preparar una portada sobre Celso. Ahí mismo lo conocí, tocó algunas canciones y bailé gustoso a su lado.

Luego lo vi ocasionalmente en otras entrevistas. Siempre de buen humor y platicando con todos. Daba la impresión que nunca salió de su natal Monterrey y que era un turista de su propia vida.

***

Hace un rato estaba aquí en mi casa cuando me enteré de su muerte. Celso nunca salió del soundtrack de mi vida: con la llegada de Spotify, pude escuchar completos todos sus discos y recopilaciones. También me di cuenta que si bien su técnica no es la más refinada (hay otros virtuosos del acordeón) su gran mérito en los últimos 18 años fue de nutrirse de los ritmos y cantantes actuales que le pedían colaboraciones. Seguía vigente porque supo reinventarse, sin tenerle miedo a la fusión de estilos.

Una vez, Jaime Almeida me platicó que la llegada del acordeón a Monterrey fue un accidente del destino: un tren con un cargamento de acordeones se dirigía de Alemania a Nueva Orleans y quedó varado. Para no perder dinero, prefirieron cruzar la frontera y vender los instrumentos que pudieran en México. Enamoramiento instantáneo: por eso el acordeón es tan popular en el norte.

Celso contó que el Barrio Bravo surgió por casualidad. Una vez en el Barrio Antiguo de Monterrey (a finales de los noventa) se le acercó un integrante de El Gran Silencio para ver si armaban algo. Él estaba dudoso, pero aceptó. Muchos le dijeron que eso no iba con él, pero su frase que quedó inmortalizada en Cumbia sobre el río, resume todo: música es música.

La última ocasión que lo vi fue en la Ciudad de México. Se veía cansado y dejaba que el verdadero show se lo llevaran los miembros más jóvenes de la Ronda Bogotá. Pero ahí estaba Celso. Un accidente afortunado de la vida.

El rebelde del acordeón. Que descanse en paz.



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