miércoles, 5 de febrero de 2020

Historias de taxis y Ubers


Don Héctor trabaja conmigo por las tardes y en la mañana maneja su auto en Didi. Me enseña su teléfono:

- Mira, ahorita sería buena hora para trabajar, la tarifa dinámica está buena

En su smartphone aparece un mapa de la Ciudad de México dividido en pequeños hexágonos color naranja. Entre más oscuro es el hexágono, mayor es la tarifa, generalmente en zonas como Polanco, la Condesa o Reforma. "En la mañana no estaba tan buena", me dice "pero hay bono".

Los bonos, según me han contado varios conductores, son pequeños retos que pone la plataforma para incentivar a los conductores a trabajar más. "Completa 25 viajes y obtén un bono de 600 pesos además de lo que ganes", aparece en los mensajes. Eso significa trabajar diez o 14 horas diarias, para llegar a la meta.

Pocas veces me he encontrado un conductor que haya conseguido el bono. Si lo dividen por horas, tienen que hacer muchos viajes pequeños, que les lleven poco tiempo, pero en ciudades como la mía, eso es casi imposible por el tráfico. Aún así, se empeñan por lograrlo.

***
La primera vez que supe de Uber fue con una noticia que vino de España. Hace 6 o 7 años el gobierno de Madrid intentó parar la creciente plataforma y los primeros conductores protestaban diciendo que ellos tenían todo el derecho de compartir su auto y cobrar por ello. "Qué raro", me acuerdo que pensé "todos tendrían el derecho de compartir su auto con quien quieran". Luego llegó a México y fue un éxito inmediato.

La razón, creo yo, es que hace menos de diez años los taxistas eran muy mal vistos. Con sus taxímetros alterados, unidades viejas y poca seguridad, era un volado subirte a uno de ellos. A mí me asaltaron alguna vez en un taxi que tomé afuera de una plaza comercial: dos tipos se subieron y me llevaron a un cajero para darles lo que traía en la tarjeta.

Hace poco platiqué con un conductor de Uber que iba muy bien vestido. Le dije que era muy raro encontrar a un conductor así:

- Es que en un principio nos obligaban a vestir de camisita ¿se acuerda? Y pues me acostumbré
- Tiene razón, hasta trae agua
- Lo del agua en un principio era obligatorio. Luego fue "una sugerencia". Y como los mexicanos tomamos la sugerencia como algo que no se debe de hacer, pues ya nadie trae.

La primera vez que me di cuenta que el servicio estaba cambiando, fue cuando me subí con un chico de no más de 20 años.

- Si quieres vete por Chapultepec -le dije- están arreglando la otra calle
- ¿Me dice cual es Chapultepec?
- ¿No conoces la ciudad?
- No, yo soy de Chimalhuacán. El dueño de este carro tiene muchos ubers y nos trae a varios chavos a trabajar. Pero con el Waze, está sencillo.

Dos cosas que te dan la ilusión de seguridad: el Waze, con el que confiamos ciegamente para llegar a tu destino y "las estrellitas" que te dicen qué tan confiable es el conductor. Aunque pocas veces he encontrado conductores que tengan menos de 4.5 estrellas.

***

Mi papá trabajó un taxi en una temporada. Era un vochito amarillo y luego color verde. Fue en una época en la que no tenía trabajo y un amigo se lo dió "a cuenta". Tenía que sacar 120 pesos diarios (me acuerdo) y lo demás era ganancia para mi papá. Pero el vehículo estaba en tan mal estado que se la pasaba en el mecánico.

Una vez cuando yo era muy chico, me llevó de copiloto. Ni me acuerdo cuántos años tenía yo. La gente le hacía la parada y él les avisaba:

- Pero traigo a mi hijo de copiloto
- Ah sí, no importa

Y yo me hacía a un lado para que los pasajeros se subieran.

Hace poco me subí con don Rubén, un señor muy agradable, de unos 70 años, que traía un taxi de cuatro puertas. Lo tomé en la colonia Doctores y le pedí que me llevara a la Anzures:

- Oiga, yo a usted lo conozco, ya me había subido con usted - le dije
- ¿Ah sí? Yo no me acuerdo, perdón
- Me acuerdo por su estampita de Juan Pablo
- Los jóvenes ya no se suben a los taxis -me dijo- ya solo llevo señoras que vienen del mandado o algún despistado que lleva mucha prisa.
- Es por los Ubers
- Sí. Pero nada se compara con conocer la ciudad. Yo ya no entrego cuenta, el taxi es mío, me paro cuando me canso y me echo una pestañita abajo de un árbol. O me voy con mi señora a almorzar.

Hay una pelea encarnizada por el transporte en la Ciudad de México. Microbuses, metro, metrobús, taxis, ubers, didis, bicicletas, patines del diablo, combis, camionetas pool. Nunca antes en la historia de la ciudad había tantas opciones de transporte. Y aún así resultan insuficientes. Un arquitecto me dijo la semana pasada que la Ciudad ya no se está expandiendo, sino que está creciendo hacia arriba: cada vez hay más complejos de oficinas, lo cual se nota por todos lados.

Pero también hay más opciones de entretenimiento, así que en las noches las avenidas se convierten en una pelea por llevar a la gente a divertirse. Un conductor de Cabify me dijo que él solo trabaja en las noches porque hay más pasaje, pero que corre más riesgo:

- ¿Riesgo de qué?
- Como que todos van más rápido cada vez. Deberías de ver en la Condesa o en la Roma: van hechos la chingada, para dejar rápido a uno y volver por el otro. Está cabrón.
- Ahhh, es que casi no salgo en las noches
-  Muchos vienen de Ecatepec y aquellas zonas que está peligroso. Una vez me tocó llevar a unos hasta el Ajusco, me metieron en callecitas súper cerradas y casi me asaltan.

***
El domingo por la mañana me subí con un chico que venía muy sonriente. Me dijo que era su segundo día y que le gustaba mucho manejar su Uber:

- El carro es de mi hermano. Yo trabajaba manejando una combi por el rumbo de Tláhuac. Ida y vuelta por la misma ruta. ¡Me aventé siete años así!
- ¿Qué? ¿Pues cuántos años tienes?
- 25
- ¿Comenzaste trabajando una combi a los 18?
- Sí. Es que ya no me gustó estudiar. Lo mío es el dinero. Y ahora, con este carro, mira, yo creo que en un tiempo me puedo hacer de mi nave, y luego hasta hacer mi casita.

Le puse cinco estrellitas, solo para no desilusionarlo.

4 comentarios:

  1. Muy al principio de Uber, platicaba con un conductor y me contó que él llevaba como 3 meses en el servicio y ya se había comprado un carro. En ese momento me dijo que, de seguir así, se compraría una casa en 2 años.

    Eso fue al principio, cuando no eran muchos. Espero lo haya logrado

    ResponderEliminar
  2. Que sad. Y fascinante, que todos los empleos se conviertan en apps y seamos nuestro propio jefe ._.

    ResponderEliminar
  3. Memo, tal vez tú sí te acuerdes ya que somos casi contemporáneos y yo sí recuerdo lo que te voy a relatar.

    En la década de los ochenta había un taxi amarillo (de los llamados "libres") si mal no recuerdo, un Dodge Dart. En la parte de arriba llevaba varias banderas en miniatura de distintos países. Y un letrero en acrílico blanco con un mensaje a algún ex Presidente de los USA, creo que Nixon o Carter. Era una suerte encontrarlo (yo lo llegué a ver un par de veces en la zona de San Miguel Chapultepec, que es donde yo iba a la primaria) y la gente que había llegado a subirse contaba que a bordo llevaba una hielera con refrescos y un surtido basto de dulces, de los cuales te ofrecía al subirte. Lo mejor de todo es que no llevaba taxímetro (o por lo menos, no lo ponía), y cuando llegabas a tu destino, la tarifa era a consideración del pasajero.

    El nombre del chofer era Ricardo, un señor en aquel entonces de unos cincuenta o sesenta y tantos años.

    He buscado información sobre él en Internet y no hay nada. Pero el auto en cuestión era famoso en aquella época.

    Saludos y no dejes de escribir.

    ResponderEliminar
  4. Dejaron de ofrecer agua en los ubers, porque se empezó a rumurar que muchos aprovechados la adulteraban... El éxito de los ubers fue que la gente ya estaba hastiada de los taxista abusivos$$ y prepotentes... Y aún así muchos taxistas no cambian, siguen igual de mamones, por eso las diferentes apps llegaron a triunfar...

    ResponderEliminar

Ustedes hacen el blog :)