Pequeños relatos de la pandemia (II)


1
Durante algunos fines de semana estuve llevando tortas a la gente en situación de calle en el Centro Histórico. La verdad es que no siento que sea nada extraordinario, todos hemos estado ayudando de diferente manera, pero por instrucciones de mi mamá (que me gritó por teléfono "¡hijo, ve a ayudarles!") me lancé con mi cargamento de comida.

Lo interesante de eso fue lo siguiente: al principio de la cuarentena la mayoría de ellos no entendía lo que estaba sucediendo. Para muchos, la gente desapareció de las calles sin mayor explicación. Platicando con ellos me decían:

- Oiga, está fea la enfermedad ¿verdad?
- Sí, señor, cuídese
- Lo bueno que ya va a pasar ¿verdad?
- Ya mero. Oiga, si se siente mal, acérquese a una patrulla.
- Acá todos nos sentimos mal siempre

Se juntaban en grupos: algunos alrededor del metro Bellas Artes y otros más, en el Caballito. Por la calle de 16 de Septiembre había otros más. Uno que otro me preguntaba si era cierto que había un virus y muchos más, me pedían que pasara más seguido:

- Es que no hay gente, no sabemos qué pasó. ¿No me da otra tortita para mi hermana?

Un día platicaba con uno de ellos cuando pasó la patrulla con la grabación de "Quédate en casa". Me partió el corazón.



2
Esta foto fue del Viernes Santo. Nunca he visto la ciudad más sola como ese día. Pasé por el Centro porque tuve que hacer un pago para mis papás en un cajero y caminé por la calle de Gante, rumbo a la Alameda.

Ese día, adentro del cajero estaba acostado un señor con su ¿hija? ¿esposa?. Yo llevaba una mascarilla NW95 y sanitizante. Ellos, encima de cartones. Sentí un poco de vergüenza de mí. El señor me dijo:

- Espéreme, me quito
- No no, ahí está bien, nomás vengo a pagar
- ¿No tiene algo de comida?

Les dejé dinero. Recuerdo que pensé "Ese cajero estaba muy sucio, no debí venir" y "Me voy a echar un montón de gel". Lo lamento, sí me da un poco de pena :(



3
Una vez cambié mi ruta para regresar a la casa y pasé por la Zona Rosa, que es donde tomé la foto de arriba. La Zona Rosa se negó a morir: si bien todos los antros, sex shops y tiendas de antigüedades permanecieron cerradas, los restaurantes de comida rápida como McDonalds, Burger King o sushi, trabajaron a todo lo que daban. Se podía ver a cinco o seis chicos de delivery afuera de ellos esperando sus pedidos (ni siquiera amarraban su bicicleta, algunas entregas eran rapidísimas).

La chica de arriba se veía sumamente cansada y su paso era lento. Además de ellos, también estaban abiertos los puestos de revistas y vendedores de cigarros. 



4
Mientras Hugo López Gatell se debatía entre recomendar el uso de tapabocas, las brigadas de chicos voluntarios en el Metro reparten gel y le piden a la gente que se ponga su mascarilla. Todos aceptan el desinfectante de buena gana. Me siento afortunado de nunca haber tomado el metro a reventar: todo es cosa de calcular a qué hora hay menos gente y salir con suficiente tiempo para escoger el vagón más vacío.

Sé que no todos pueden, sin duda. Esta foto es en el metro Pino Suárez.



5
No estoy muy acostumbrado a subir fotos de mí, pero esta debió ser como la primera semana de mayo. Ese era mi viaje habitual: yo solo en todo el vagón. A veces había una o dos personas, pero no más. Poco a poco comienza a subirse más gente.

A veces me preguntan que si no me da miedo subirme al metro. Pues no: aprendí a viajar sin tocar absolutamente nada, ni un tubo, ni una puerta. Me echo mucho gel, le rocío sanitizante a mi asiento y voy sorteando a la gente para mantener la sana distancia. Si veo que alguno trae mal su tapabocas, me quito de ahí y me voy a otro lado. Si de plano hay mucha gente, espero en una orilla hasta que pasen todos. Toda la ropa que uso se va al bote, apenas llego a mi casa.

Sé que es exagerado, pero caray, ha funcionado.


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