Pequeños relatos de la pandemia (VII): un apocalipsis raro


Siempre pensé que cuando la humanidad estuviera como en las películas de Contagio (2011) o Guerra Mundial Z (2013), en donde un virus perrón infecta a medio planeta, se iba a vivir un ambiente desolador y de tristeza en todos lados. Que todos íbamos a estar muy deprimidos y de luto.

Ahora sabemos que no es así.

En vez de buscar gasolina, la gente puede formarse varias horas por cerveza (y comprarla carísima). En mi colonia nunca faltó la cheve, pero una lata se vendía hasta en 42 pesos. Vi en Facebook que en Monterrey los six de chelas llegaron a costar 500 pesos ¿En serio? Y todo para hacer fiestas clandestinas.

En otras películas de enfermedades, como Epidemia (1995) nunca se ve que los protagonistas se pongan a cachondear en medio de la emergencia. En cambio, me acuerdo que la última semana de mayo iba yo en el metro, que estaba solitario y un par de chicos se aventaban tremendo faje ¡con tapabocas! Lo primero que pensé es que si estaban tan cerca el tapabocas era completamente inútil. Pero luego, con los días me acostumbré a ver las manifestaciones de amor con su mascarilla N95 y gel antibacterial.

Qué envidia. Yo llevo más de 4 meses sin tocar a nadie, ni siquiera de saludo. Ya no digamos un abrazo, nada de nada. 

Lo que sí, estoy muy asombrado cómo la pandemia nos aventó al futuro tecnológico. Ni en sueños hubiera pensado que mi papá me iba a hacer videollamadas o que mi hermana iba a dar todas sus terapias por medio de Zoom. Tampoco que muchos negocios se iban a poner las pilas para vender sus productos ¿Queso Oaxaca y Donas Americanas a domicilio? Ay ajá, ahorita. ¿Tacos de suadero por medio de una app? ¡Cuándo iba a imaginarlo!

Raro, les digo que está rarísimo. Espero que esto acabe pronto, la cantidad de historias que se van a escuchar por todos lados.

Un montón de cosas nuevas se agregaron a nuestra plática diaria: ahora me hice experto en comprar gel antibacterial porque ya sé que algunas marcas te dejan las manos pegostiosas. También puedo saber cuales son los tapabocas KN95 piratas, porque se les nota en las uniones. En mi mochila cargo sanitizante en aerosol y atomizador (uno es para mi lugar y el otro por si compro frituras), careta, toallitas, varios tapabocas de respuesto y un trapito.

¿Llegaremos en las mismas condiciones a Navidad? ¿Seguiré sin tocar a nadie y a viajar como malabarista en el metro sin agarrar los tubos? ¿Se me quitarán los nervios de ir a la peluquería o seguiré con mis greñas de Beatle? Voy a ponerle un recordatorio a este post. Ya veremos.


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