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Pequeños relatos de la pandemia (II)

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1 Durante algunos fines de semana estuve llevando tortas a la gente en situación de calle en el Centro Histórico. La verdad es que no siento que sea nada extraordinario, todos hemos estado ayudando de diferente manera, pero por instrucciones de mi mamá (que me gritó por teléfono "¡hijo, ve a ayudarles!") me lancé con mi cargamento de comida.
Lo interesante de eso fue lo siguiente: al principio de la cuarentena la mayoría de ellos no entendía lo que estaba sucediendo. Para muchos, la gente desapareció de las calles sin mayor explicación. Platicando con ellos me decían:
- Oiga, está fea la enfermedad ¿verdad? - Sí, señor, cuídese - Lo bueno que ya va a pasar ¿verdad? - Ya mero. Oiga, si se siente mal, acérquese a una patrulla. - Acá todos nos sentimos mal siempre
Se juntaban en grupos: algunos alrededor del metro Bellas Artes y otros más, en el Caballito. Por la calle de 16 de Septiembre había otros más. Uno que otro me preguntaba si era cierto que había un virus y muchos más, me pedí…

Pequeños relatos de la pandemia (I)

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Aunque las primeras noticias que tuvimos del virus que causa Covid19 fueron en enero de 2020, fue hasta el 18 de marzo que mis compañeros en la estación de radio se fueron. Todos agarraron sus cosas, computadoras y teléfonos, solo nos quedamos los que tenemos programa (eventualmente los otros programas también se fueron). De un día para otro mi trabajo quedó vacío y solo hemos ido unas 20 personas en diferentes horarios: siempre los mismos, siempre las mismas caras.
Los primeros días del Home Office, respeté muy bien el lugar de mis compañeros. Conforme pasaron las semanas nos dimos cuenta que esto iba para largo, así que lo hemos pasado lo mejor posible: llevamos una cafetera, galletas, a veces me duermo en alguna oficina, si necesito una pluma agarro las que dejaron abandonadas, etc.
El día de hoy cumplo 100 días así. Cubriendo a la gente que no está, trabajando al doble y durmiendo mucho los fines de semana. Pero sobre todo, yendo y viniendo en una ciudad que por momentos quedó paral…

Viajeros

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Siempre me han causado admiración las personas que viajan de un lado a otro, de mochileros, sin tener un plan específico. Solo una vez lo hice (y fresita, yendo de acá para allá de la república). Estos días de fin de año estuve con mi amiga Carolina y con una punk que se llama Marina (que son las de la foto de arriba).

Carolina se fue de acá para allá por toda Sudamérica, en bicicleta. Hoy vive en Brasil, pero me platicó que iba ganando dinero como malabarista. Así llegó hasta Chile y de regreso. Según me contó un día iba pasando por la selva de la Amazonía y decidió quedarse a ayudar a las poblaciones de indígenas. Hoy está en una ONG que promueve el comercio justo para los productos de la región. Wow.

La otra chica, la punketa, se llama Marina. Hizo un documental que se trata de, agárrense, "el punk anarquista de las mujeres en Brasil durante la década de los 90", que suena muy raro pero ya que platicas con ella tiene todo el sentido. Hace ocho meses decidió llevar este d…

Así era el Penal del Topo Chico

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Un perro hurga entre bolsas de basura. Decenas de palomas están paradas los cables de luz y a veces bajan a picotear el concreto y las migajas que algún custodio les avienta. Es la entrada del Centro Penitenciario del Topo Chico, en Monterrey, a menos de 7 kilómetros del centro de la Ciudad. Nuestra camioneta pasó un breve filtro de seguridad y nos estacionamos. Nos invitaron a transmitir Charros vs Gángsters, y según sé, es la primera vez que se hace un programa radiofónico desde un penal.

Al bajar de la camioneta me doy cuenta que hay muchos elementos de seguridad y armas largas. Uno de los perritos me sigue. Un gato café juega con una cucaracha muerta y sale huyendo cuando paso junto a él.

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Este penal está cerrado desde octubre de este año. No del todo, hay que decir: todavía hay algunos internos que tienen que cumplir su orden judicial y vienen con su abogado. De lejos, alcancé a ver a algunos. Según me cuentan, el cierre del Penal fue un plan secreto de El Bronco, para reubic…

California Dancing Club

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La pista del California Dancing Club abre a las 5 de la tarde. Las parejas llegan. Dependiendo del grupo, puede llenarse hasta atiborrarse: el domingo pueden tocar los Acosta o la Sonora Dinamita. En el lugar caben 4000 personas. Y se llena.

El palacio del baile en México está sobre la avenida Tlalpan, en la Portales. A media calle hay un hotel de paso, una calle y media más allá, varias cervecerías viejas, con cumbias o cantantes viejos y desafinados que tratan de ganarse unas monedas. Pero el California, el mero California, es un lugar donde el tiempo se detuvo.

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El guardarropa está custodiado por un viejito que te entrega una ficha por tus cosas. En la barra, venden sándwiches de jamón, chicharrones de harina, refrescos y cervezas en lata: solo Modelo especial. Nada de tragos fuertes. Cerveza caliente, según me dicen. La entrada depende del grupo que esté y no estás obligado a consumir nada, si no quieres. 70 pesos en un día normal, 100 o 120 pesos si hay un grupo famoso.

Las pa…

Zona Arqueológica de Mixcoac

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Quiero imaginar que a principios del siglo XX, algún chamaco latoso estaba jugando luchitas con su hermano, cuando uno de ellos se aventó de cabeza y se pegó con una piedra. Seguramente ese niño regresó a su casa con la choya ensangrentada:

- Es que me pegué, mamáaa
- ¿Dónde?
- En la piedraaaaa
- ¿Cuál piedra?
- Allá en la lomaaaaaa

Porque para los pobladores del viejo Mixcoac, solo había una loma cerca de Tacubaya, que era esta:



Luego, supongo, que al excavar se dieron cuenta que no era una loma natural sino los restos de una pirámide. En 1917 comenzaron a hacer estudios y algún arqueólogo dijo:

- No señores, no se pueden subir ahí, hey, niño bájate, hey, no tiren basura, hey, señores, estamos trabajando, hey, no se lleven esa figurita, hey, a ver, bájate ¡A VER, ME CIERRAN TODO Y NO PASAN HASTA QUE ACABE!

Pasaron 100 años desde que se cerró y apenas la abrieron el domingo pasado. La Zona Arqueológica de Mixcoac ya está abierta al público.

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Dice un letrero que hay cinco zonas arqueológ…

Dos recuerdos para Celso

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En 2001 estaba comiendo en un tianguis cercano al metro Universidad. Como tenía algo de tiempo, pasé a ver los puestos que había por ahí. Uno de ellos tenía varios ejemplares de Barrio Bravo, el cd de Celso Piña que lo lanzó a la fama internacional.
- ¿Quién es ese? -dije yo - Es Celso Piña, es un éxito -me dijo el del puesto - ¿Es cumbia? Se oye bueno - Es con el Control Machete - A ver, dame uno
En ese tiempo pasaba los días con un amigo que trabajaba en Mantenimiento del Museo Universum. Teníamos una covachita en la que oíamos discos.
- Quita eso -dijo Alfredo - Está chingón - Pinche macuarro -y ponía discos de heavy metal
Pero era diferente. Hip hop, mezclado con ritmos vallenatos. No todas las canciones de ese disco me gustaban, pero Cumbia Poder, con El Gran Silencio, me voló la cabeza. En esos años también entraba a muchos foros de internet y cambiaba constantemente mi nickname, precisamente, a Cumbia Poder. Muchos de mis amigos en esos años me conocían por mi gusto cumbianchero.
Lueg…